Millones de bacterias amenazan a una villa de 1.800 habitantes
Pero lo peor está por venir porque con las altas temperaturas del verano las colonias polimicrobianas se multiplicarán monstruosamente, advierte el director del LET.
Hace pocos días, el cadáver de un caballo imprimía una tétrica tonalidad a la zona donde está el balneario de Santa Clara. No obstante, el agua podrida y nauseabunda del área para baños sigue siendo el rostro más sombrío de este «lugar de esparcimiento» convertido, según diagnóstico de especialistas, en una feroz amenaza para las mil 800 personas que viven en la villa.
Un costoso cartel de madera lustrada alienta a los visitantes con la promesa de atractivos varios pero en el predio, pomposamente bautizado Parque Natural Municipal, hay ratas, cucarachas y grandes volúmenes de basura acumulada.
La zona de baños es en rigor una laguna densa, entre verdosa y marrón oscuro, repleta de dura espuma fétida, habitada por millones de microbios que se reproducen a velocidad vertiginosa.
El cercano cadáver del caballo ha sido tema para el ingenio popular:
«El pobre tenía sed, tomó agua de la laguna y quedó frito», bromean en esta hermosa Santa Clara del Olimar a la que le habían prometido un balneario limpio, acogedor, sin sombras de contaminación.
Pero el chiste no hace olvidar que Santa Clara está crecientemente amenazada por serias enfermedades desde esa laguna burbujeante ya transformada en espeso hervidero de bacterias.
Cómo fue todo
Esta grave situación es el resultado del proyecto que la Intendencia de Treinta y Tres puso en marcha el pasado marzo en un predio literalmente pegado al ex basurero municipal, donde durante 30 años se habían volcado todos los desechos de la villa.
Allí habían ido a parar no sólo los residuos domiciliarios sino también los generados por el cementerio, el centro de salud, las carnicerías, el matadero, la comisaría, las oficinas y, entre otras muchas fuentes de basura tóxica, un gran criadero de cerdos.
En ese predio de 15 hectáreas la Intendencia comenzó a construir una zona de camping, dos para deportes y fiestas campestres, un rincón infantil, parrilleros, playa de estacionamiento y una amplia laguna artificial que dio al complejo características de balneario público.
La laguna quedó ubicada al pie de una colina coronada por el matadero municipal. Los residuos sanguinolentos expulsados por el matadero corrían colina abajo hasta casi el centro mismo del lugar de baños. Situado en una de las zonas más bajas de Santa Clara, el terreno elegido para el balneario recibía también todo lo que arrastraba la lluvia además y las aguas servidas de numerosos pozos negros próximos.
Cuando se iniciaron las obras, algunos sectores de la población local se opusieron a la construcción del balneario en ese predio, cuyas deplorables condiciones sanitarias denunciaron en una nota que LA REPUBLICA publicó el lunes 13 de marzo.
Esa posición desató una larga polémica que se agudizó cuando el ecologista olimareño Omar Medina Soca, Premio Nacional de Medio Ambiente, alertó sobre las temibles consecuencias que podía detonar el proyecto de la Intendencia:
«Este tipo de emprendimientos en zonas que recibieron material contaminante durante lapsos prolongados exige antes que nada profundos estudios ambientales. Poner en marcha estos proyectos sin comprobar antes fehacientemente que los terrenos son aptos, como está haciendo la Intendencia de Treinta y Tres, implica poner en riesgo la salud de las personas».
Según Medina Soca, oriundo de Santa Clara, no se debía descartar que el predio conservara todavía latentes peligrosas fuentes de contaminación, sobre todo en el lugar elegido para la laguna artificial, cuyas aguas mal olientes y turbias ya autorizaban legítimas sospechas.
No obstante, la comuna, encabezada en esa época por Walter Campanella, siguió adelante con el proyecto y hacia fines de abril, poco antes de las elecciones municipales, inauguró formalmente el balneario, tras poner en ejecución varias obras para sanear el predio, entre ellas un sistema de purificación de aguas y una red de canalización subterránea que llevaría lejos de la laguna los desechos del matadero.
Campanella, al parecer empeñado en habilitar el balneario antes de finalizar su mandato, afirmó que no habría «problemas de contaminación de ningún tipo» y que la gente de Santa Clara podía estar tranquila al respecto.
El triste final
Tras las elecciones municipales de mayo, Wilson Elso Goñi, sucesor de Campanella, no ubicó entre sus prioridades al balneario, donde muchas obras quedaron sin terminar, entre ellas algunas que según se había dicho permitirían sanear el predio.
Pero aunque eso no hubiera sucedido, muy poco habría cambiado, porque la contaminación acumulada durante tres decenios y la que se sumó desde marzo de 2000 detonaron sobre los previstos efectos devastadores que ninguna de las obras previstas en el proyecto podía evitar.
El proyecto había soslayado los más importantes factores ambientales involucrados en la construcción del balneario y por esa razón el resultado no podía ser bueno, tal como en su momento previeron Medina Soca y muchas otras personas de Santa Clara.
Así lo demostró fehacientemente el propio Medina Soca, tras una larga investigación que culminó con el rotundo dictamen del LET, cuyo rigor científico está a salvo de toda duda dentro y fuera del país, así como la excelencia de sus técnicos.
Medina, quien en Montevideo dirige el Museo Ecológico Malvín, una de las organizaciones ambientalistas más prestigiosas de nuestro medio, es terminante:
«Los análisis del agua de la laguna practicados por el LET son contundentes.
El balneario de Santa Clara está terriblemente contaminado y es tremendamente peligroso para la salud humana. Nadie puede poner ni un dedo del pie en esa agua. Si lo hace, se expone a contraer infecciones muy peligrosas».
Del Bene, por su parte, subraya que el balneario contaminado de Santa Clara será aún más peligroso en verano, cuando las altas temperaturas creen condiciones favorables para la incesante reproducción de la flora polimicrobiana, y añade:
«En estos casos, quienes están más expuestos a las enfermedades son las personas con menos defensas inmunológicas, pero todas corren riesgo cierto de contraer afecciones serias si se bañan en esas aguas o la usan de una u otra manera».
La diversidad de bacterias que en enormes cantidades pululan en el balneario exige un estudio adicional sobre el tipo de enfermedades que cada una puede ocasionar, pero la indagación ya realizada permite asegurar que son muchas y complicadas:
«Estamos expuestos a un problema de salud pública que si las autoridades no intervienen se hará cada vez más dramático para la población de Santa Clara», afirma Medina Soca.
Cada día peor
Un indicio del peligro que representa el balneario lo da el hecho de que su nivel de contaminación es seis veces más alto que el máximo considerado «tolerable» en todo nuestro planeta.
En efecto, ese nivel no debe superar en ningún caso las 10 mil unidades formadoras de colonias por cada milésima parte de litro de agua y el balneario de Santa Clara desarrolla 60 mil.
Medina Soca subraya:
«Cuando denunciamos lo que podía ocurrir, la Intendencia dijo que no había problemas, que todo estaba bien. Ahora se confirma plenamente que teníamos razón y que el balneario es una agresión a la calidad de vida de la gente».
Sin embargo, la Intendencia de Treinta y Tres no ha tomado medidas para resolver la situación de alto riesgo creada por ese explosivamente envenenado «lugar de esparcimiento».
Mientras
tanto, a medida que se acerca la temporada de calor el peligro aumenta en Santa Clara.
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