Montevideanos reclaman mayor control del servicio de recolección de residuos
El estudio «Basura, cultura y ciudadanía» sobre el comportamiento de los montevideanos respecto a la basura, financiado por el Fondo Capital, fue llevado adelante por Tonatiu Consultores y el Instituto de Educación Popular El Abrojo, a través de un equipo de técnicos especializados en investigación social y comportamientos culturales.
La socióloga Mariela Bianco y el licenciado Miguel Carbajal mostraron una visión de los imaginarios montevideanos con respecto a la basura doméstica. En relación a los residuos sólidos urbanos, se indagó sobre la base de cinco dimensiones con respecto a la basura.
Una primera dimensión hizo referencia a la estética, estableciendo la capacidad de los individuos en aceptar la presencia de la basura como parte del paisaje ciudadano. Se observó que esta dimensión se encuentra asociada a la situación socio-económica de los habitantes de una zona geográfica, donde la percepción no es la misma para una zona de clase media, que para una de bajos recursos.
Una segunda dimensión fue la sanitaria, que indica el grado de cuántos residuos pueden convertirse, por ejemplo, en vehículos de transmisión de enfermedades. Una tercera dimensión fue la ambiental. El cuarto abordaje fue el económico, que hace referencia al valor de uso y de cambio de los materiales, que se definen de acuerdo a las necesidades de ciertos grupos de la población y una quinta dimensión fue la sociocultural, haciendo referencia a la relación que establecen los distintos grupos con los residuos.
Percepción
Se observaron tres momentos en las reflexiones sobre cómo los montevideanos perciben la basura.
Un primer momento fue la producción de los residuos domiciliarios. Se estima que Montevideo produce un promedio de 1.500 toneladas de residuos domiciliarios por día, y otras 700 toneladas aproximadamente son originadas por los servicios de podas y barrido de la ciudad. Los participantes proyectaron en los demás, la responsabilidad o las conductas que tienen que ver con ensuciar los espacios públicos. También se indagó sobre lo que significa la basura para cada individuo, y se llegó a la conclusión de que «a la basura doméstica se la trata igual que a los excrementos, es decir, cuando se la produce, hay una necesidad imperiosa de desecharla y alejarla rápidamente de la vista».
Un segundo momento fue la eliminación de los residuos, que consiste en sacarlos hacia fuera del espacio donde se habita. Se observó que existen dificultades para percibir el destino de la basura generada en el ámbito familiar. También se observó que existen diferencias entre las personas que viven en casas y las que habitan en apartamentos. Para los primeros, el espacio privado del hogar se continúa naturalmente en la porción de la vereda que se encuentra frente a su domicilio. Sin embargo, para los que viven en edificios, el espacio privado termina en la puerta de su apartamento.
Otro aspecto del seminario refirió a la reutilización de los residuos, como el vidrio o el plástico, que tienen valor de uso, pero no de cambio. Se observó que cuando la gente habla de basura, no piensa en distintos elementos que pueden tener utilidad, sino en desperdicios desagradables que hay que evacuar.
En segundo lugar, en cuanto a los aspectos económicos y ambientales de la temática de los residuos sólidos en Montevideo, Ana Luisa Arocena, secretaria ejecutiva de Cempre Uruguay (Compromiso Empresarial para el Reciclaje), destacó la necesidad de promocionar el reciclaje dentro del concepto de gestión integral de residuos tóxicos, promoviendo el reciclaje «dentro de una racionalización y optimización de recursos económicos, ambientales y humanos». El primer principio de la gestión integral es mirar al sector de los residuos como un sistema. Las prioridades que debe satisfacer un sistema de residuos para estar de acuerdo a las necesidades de las personas es recolectar todos los residuos, dar a los residuos sólidos un destino final adecuado, buscar formas para tratar los residuos, y crear programas educativos. La gestión integral de residuos es un conjunto articulado, donde todos los componentes del sistema sean manejados de manera «ambientalmente correcta, económicamente tangible, socialmente aceptables, y con tecnologías apropiadas».
Por otra parte, Jorge Solari, coordinador del Programa Pro-lata, enfatizó también, en la necesidad de crear una ley de envases que evite el daño ambiental que producen los envases descartables de cualquier material y origen, y fomentar la creación de microempresas o cooperativas recicladoras de desechos.
Pro-lata es un programa permanente de recolección y reciclaje de latas de aluminio. Todo lo que se recauda con la venta de latas va a un fondo social que se ha volcado en becas de capacitacion de trabajo, concretamente a personas del Movimiento Tacurú. La idea de este programa es tener, en un mediano plazo, un proyecto autosustentable, porque las toneladas que se pagan por el aluminio son muy importantes. Su fin último es tratar de minimizar lo que va a disposición final que hoy, con el avance de la tecnología, es cada vez más barato.
Con respecto a las representaciones sociales en torno a la cultura de la basura en Montevideo, el especialista en semiótica, Fernando Andacht, destacó principalmente el concepto de lo «liminal» de la basura, porque ésta indica, de alguna manera, el límite que existe entre lo privado y lo público, es decir, una vez que la basura traspasa las fronteras del hogar, pasa a formar parte de lo público, de toda la comunidad.
Las conclusiones del estudio señalan que «en ningún caso la basura es vista como residuo, resto o algo aprovechable», razón por la cual ha sido difícil que los montevideanos asuman una actitud distinta con los residuos. «Si éstos fueran vistos como algo útil para el re-uso o el reciclaje más que como simple basura, sería posible que pudieran implementarse estrategias de clasificacion domiciliaria», señala el informe.
La investigación, coordinada por la asistente social Arles Carusso y el sociólogo Julio Calzada, asegura que los vecinos de la ciudad demandan a la comuna un mayor control y presencia visible de la Intendencia. «La visibilidad es un punto neurálgico, parece claro que todo lo que se haga tiene ese requisito, sustituir la visibilidad de la basura por la visibilidad del control y el autocontrol». Agrega además que el problema es sentido por los montevideanos como «algo inabarcable que ha tomado una envergadura que tiende a neutralizar e invalidar cualquier propuesta».
La creciente visibilidad de la basura se explica entre otros factores, por «la falta de control municipal, las deficiencias del servicio y las actitudes de los vecinos que tiran en esquinas y plazas la basura».
El estudio también señala que los carritos son percibidos con «ambivalencia». Por un lado, se los responsabiliza del desorden, de romper las bolsas de basura, y de entorpecer el tránsito, pero también se reconoce que los montevideanos alguna vez han utilizado los servicios de los carritos para desprenderse de basura rápidamente.
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