Medio Luto
Sólo unas sesenta personas viven en esta antigua comunidad olvidada por las autoridades, casi escondida en una profunda hondanada a la orilla de un fangoso camino virtualmente intransitable, lleno de pozos. Antes vivía mucha gente allí, pero el desempleo y la miseria crecientes expulsaron a la mayor parte de sus habitantes, tal como sucedió en muchas localidades de esa empobrecida región rural de Cerro Largo.
Según fuentes locales, hace unos 100 años o tal vez más, un puñado de familias de raíz africana se asentó en ese lugar y de allí en delante, el grupo fue creciendo hasta conformar un pequeño pueblo.
Nunca reconocido oficialmente, ni siquiera figura en los mapas y el nombre que tiene surgió de la identidad étnica de sus habitantes, como creación popular:
«Siempre le hemos llamado Medio Luto. Sus propios habitantes asumieron esa denominación, que para nada es despectiva, al menos para la mayoría de la gente que vive por aquí, porque ya se sabe que no faltan quienes consideran inferiores a las personas de piel negra o mulatas, como las que viven en este pueblito», dicen en la zona.
Nadie sabe exactamente de dónde procedían las familias que fundaron el Medio Luto:
«Descendientes de esclavos, esclavos que se escaparon de las estancias, africanos que se fugaron de Brasil, gente pobre que se vino buscando un lugar donde vivir, todo eso puede ser. Lo que sí sabemos es que las familias que viven allí ahora están mal y necesitan que alguien les dé una mano. En el pueblito hay un montón de gurises y gurisas que precisan apoyo para salir de la situación en que se encuentran». Ya no hay casi fuente de empleo en esta parte de Cerro Largo donde el Medio Luto sobrevive casi por milagro en medio de enormes carencias que día a día se multiplican aceleradamente.
Las estancias y arroceras de la región usan cada vez menos trabajadores y eso ha generalizado la desocupación en las comunidades que como ésta les suministraron mano de obra durante muchísimo tiempo.
María del Carmen Rodríguez, madre de cinco varones y tres mujeres dice:
«Aquí ya no hay trabajo para nadie. Todo se fue terminando poco a poco y ahora ya no queda nada. Por más que se busque, no se encuentra dónde ganar un peso. Alguna changuita para los hombres, alguna limpieza para las mujeres o cosas así, es lo único que aparece de vez en cuando y cada vez menos, señor».
Sin nada
Ubicado en una zona que carece de todos los servicios básicos, el Medio Luto no tiene energía eléctrica ni agua potable ni saneamiento:
«Usted puede ver cómo vivimos aquí. Nos falta todo», dice Rodríguez. Y agrega: «Nunca tuvimos nada. Hay que arreglarse de cualquier manera porque no hay otra solución. Así estamos desde que yo era una chiquilina y nunca vi progreso. Al contrario, cada vez está peor la cosa».
Tres kilómetros separan al Medio Luto de la escuelita rural más cercana. En la escuela no sólo enseñan sino que también dan de comer, pero con frecuencia los niños y las niñas de esta comunidad no pueden asistir a clase:
«Eso pasa muchas veces –dice Delicia Araújo, madre de siete mujeres y cinco varones–. Lo que pasa es que como no hay ningún medio de transporte, pusieron un ómnibus para llevar a los chiquilines a la escuela, pero muchas veces el ómnibus se rompe y no llega o simplemente no viene, vaya a saber por qué, y entonces los gurises no pueden ir».
Araújo, quien tiene 21 nietos, agrega:
«En la escuela están de 11 de la mañana a cinco de la tarde y en ese horario le dan de comer. Eso es una gran ayuda, porque aquí se vive con lo mínimo y si van a la escuela por lo menos los alimentan. Pero si no pasa el ómnibus y no van, no comen».
En esos casos, la únca posibilidad que les queda a las familias de Medio Luto es llevar a sus hijos caminando a la escuela, llueva o truene, tres kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, bajo el sol calcinante o a pesar del frío que tritura los huesos, a través de caminos de tierra llenos de piedras y barro, para que aprendan y, sobre todo, coman. Así se vive en Medio Luto.
Muerte lenta
También muy lejos está la policlínica a la que puede acudir la gente de Medio Luto:
«En todos estos lados, los servicios médicos son muy limitados y precarios –dicen vecinos de la zona– y la gente más pobre sufre como nadie esta situación. No sólo porque la policlínica queda lejos de donde vive sino porque no hay en qué ir, salvo que uno tenga caballo o algún vehículo.
Pero la gente pobre tiene que ir a pie aunque viva lejos de la policlínica y con los caminos que hay aquí eso es terrible en casos urgentes, o cuando se enferma un niño o una persona vieja. Pero además, usted llega y no está el médico y si está lo más probable es que le recete remedios que la policlínica no tiene, y entonces hay que ir a comprarlos, si es que puede, porque muchas veces no hay ni para comer ni para nada».
Privada de servicios esenciales, con gravísimos déficit en materia de transporte, atención de salud, educación, vivienda y alimentación, dramáticamente empobrecida por falta de empleo, olvidada en una zona que cuando llueve se convierte en profunda laguna, esta comunidad se está extinguiendo lentamente: «Todo se está terminando –dice Rodríguez–, la gente se está yendo porque no hay familia que no sufra.
Eso nos duele porque el pueblito se está muriendo. Pero lo que más duele es la situación de los chiquilines. ¿Qué van a hacer en esta pobreza? ¿Qué será de ellos?
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