Uruguay sin maquillaje
El documento establece que Uruguay, pese a ser uno de los países latinoamericanos que sobresale por su alto nivel de desarrollo social según el Informe 2000 de la Organización de las Naciones Unidas, igualmente padece «falta de objetivos claros» y «mala administración de sus recursos», lo que explica el fracaso de la mayoría de los planes para combatir la creciente tasa de desempleo y la pobreza.
El informe del Centro considera que la miseria puede atribuirse, en parte, a los nocivos efectos de la globalización, que es la gravitación de los procesos económicos, sociales y culturales.
En opinión de los analistas, nuestro país padece también los efectos de la denominada globalización, que es la gravitación de los procesos económicos, sociales y culturales que se registran en el mundo entero y particularmente en la región.
Celade cuestiona algunos de los procesos uruguayos, que si bien se han registrado importantes oportunidades, las estrategias de desarrollo nacional y regional representan riesgos desconocidos, nuevas fuentes de inestabilidad y de exclusión. En se contexto, sitúa a la pobreza, el desempleo y la inseguridad como tres grandes estigmas recurrentes.
El Centro valora la tradición democrática uruguaya, que permitió, a través de su historia independiente, importantes avances sociales. Sin embargo, destaca que hay actualmente 560.000 personas que sobreviven en condiciones de extrema pobreza, de las cuales 60.000 son estadísticamente indigentes.
En relación a los sectores más expuestos a riesgos sociales, Celade destaca que el 41,8% de los pobres son menores de 14 años de edad. Incluso, algo más del 11% de la población urbana vive con alguna necesidad insatisfecha.
El documento afirma que frente a la elocuencia de estas cifras, parece evidente que hasta ahora han resultado infructuosos los esfuerzos por solucionar los grandes problemas que afligen a los uruguayos.
A ello se suma, según el informe la creciente sensación de inseguridad ciudadada, que nunca es consecuencia de un mismo factor.
La investigación del Centro Latinoamericano de Desarrollo pone énfasis en el tema del temor, que no sólo se limita a temas de seguridad ciudadana, sino a la posibilidad de pérdida de empleo, la salud, la incertidumbre por no cumplir con los compromisos contraídos y la angustia generada por no cubrir las necesidades y demandas de los hijos.
Según los informes en poder del Celade, los más afectados por la inseguridad son los mismos pobres, porque sus casas y los barrios en los que viven carecen de las mínimas condiciones de seguridad.
El documento recordó que hace pocos días el Ministerio del Interior y la Jefatura de Policía de Montevideo dieron a conocer a la población, que existen zonas rojas o áreas de mayor inseguridad, entre ellas Melilla, Paso de la Arena, Cerro, Unión e incluso hasta la Ciudad Vieja.
El informe afirma que lo más grave de este fenómeno es «que sus consecuencias se extienden más allá de las percepciones y condicionan los estilos de vida».
El sentimiento de inseguridad lleva a las personas a restringir su movilización o concurrencia a espacios públicos, abstenerse de abandonar sus casas en horas de la noche o visitar ciertos barrios, rompiendo con pautas culturales tradicionalmente arraigadas en el cuerpo social.
El Celade considera que otro componente de la inseguridad social es la violencia familiar o doméstica, la que considera imposible de controlar si no existen los mecanismos adecuados para ello. Los especialistas atribuyen este fenómeno a la caída de valores morales y la falta de un pacto social familiar de convivencia.
Celade pone especial énfasis en la creciente pérdida de la cohesión social, la que atribuye al avance de la pobreza, la falta de empleo, la atomización de la familia, lo que deriva en un incremento de la inseguridad física de las personas.
El Centro destaca que «el capital social más importante que marca la diferencia entre una comunidad pobre con bajos índices de violencia y una comunidad de similares características pero con altos índices de agresividad, está dado en profundizar los aspectos culturales y lograr, con ello, una mayor calidad de vida».
La organización destaca la necesidad de la educación permanente, la resocialización y participación comunitaria, considerando muy transcendente el papel de los medios de comunicación para la prevención de la violencia y el mejoramiento de las relaciones entre la policía y la comunidad.
El Celade considera que sin perjuicio de la tarea del instituto policial y el Poder Judicial, deben promoverse políticas de Estado que apunten a combatir las causas estructurales, «una sociedad que padece fracturas». Según el Centro, el gran desafío es construir una alianza exacta entre los actores principales: el Estado, el mercado y la sociedad civil.
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