Descendientes paraguayos de Artigas rescatan su ideario
A 150 años de la desaparición física de nuestro máximo prócer, la figura de Artigas se redimensiona, convirtiéndose en un referente para América Latina.
Durante la presentación de «Artigas ñemonaré», realizada ayer en un local del Ministerio de Educación y Cultura, los disertantes coincidieron en señalar la importancia y «revalorización» del pensamiento artiguista para América Latina en su conjunto.
Miró dijo a LA REPUBLICA que el objetivo de la visita es dar a conocer la versión paraguaya de Artigas. «En el caso de mi trabajo», sostuvo la entrevistada, «tiene que ver con la revalorización histórica-cultural que estamos haciendo en Curuguaty, a partir de los programas de descentralización que viene llevando a cabo el Ministerio de Cultura de Paraguay».
Artigas llegó a Villa de Curuguaty en 1821, a los 56 años de edad. La investigación realizada por Nelson Caula pone al descubierto que en ese pueblo, prácticamente olvidado, Artigas compartió su vida con Clara Gómez Alonso, con la que tuvo un hijo: Juan Simeón Gómez.
«El camino de la independencia de los pueblos, tan fuerte en el pensamiento artiguista, debería ser integrado al Mercosur. Hay que aprovechar esta nueva comunicación y potenciar eso», afirmó Miró.
En voz baja
Por su parte, Francisco Medina, uno de los descendientes de Artigas, sostuvo que, si bien los documentos investigados por Caula no dejan lugar a dudas en torno al parentesco, era un secreto que había circulado desde siempre «en voz baja» dentro de su familia, trasmitido generación a generación, especialmente por parte de las mujeres.
«Esto fue mantenido en secreto por la sencilla razón de que el padre de Juan Simeón Gómez, es decir Artigas, aún estaba casado en Uruguay y eso era muy fuerte en Paraguay. Artigas solicitó permiso para casarse con Clara Gómez, pero el petitorio fue rechazado por el presidente paraguayo de entonces, Gaspar Rodríguez de Francia, quien había hecho el derecho canónico.
De ahí que Juan Simeón adoptó los apellidos maternos de Gómez Alonso», afirmó Medina.
La versión de Medina coincide con la de Crasencio Franco, otro «ñemoñaré» de Artigas, que en lengua guaraní significa «descendientes».
«Se planteó como un secreto de familia. Ser hijo natural es algo muy fuerte. Aún hoy, es un tema tabú para la sociedad paraguaya. El dato se mantuvo vivo, trasmitido de generación en generación por las mujeres, en forma oral. Incluso, en el año 1972, una de nuestras abuelas iba a viajar al Uruguay para ser reconocida por el gobierno. Lamentablemente falleció unos meses antes y el viaje quedó trunco».
Pese a que, momentáneamente, el asunto quedó olvidado, años después y en base a documentos oficiales, se pudo reconstruir poco a poco la vida privada de Artigas en el Paraguay.
Los descendientes paraguayos crearon la fundación, denominada «Artigas ñemoñaré», con el objetivo de mantener viva la memoria y el ideario del carismático caudillo.
«La idea de la fundación es perpetuar su pensamiento, rescatar sus valores culturales y sus principios de igualdad. Artigas representa un ejemplo de emancipación e independencia, no sólo para Uruguay, sino para toda la región», expresó Estela González Franco.
Por su parte, el ex canciller Héctor Gross Espiell, catalogó a «Artigas ñemoñaré», como un libro «cautivante» , en el entendido que «humaniza» al prócer nacional.
«Siempre me pregunté por qué había ese silencio, ese telón, para ocultar la verdadera vida de Artigas que, hasta el momento, era un intocable, un mito.
Una figura marmórea que no tenía vida privada. Era nada más que una colección de frases rimbombantes y una vida marcada nada más que por la grandeza conceptual o por el aspecto heroico de su gesta. Es en este sentido que la investigación realizada por Caula arroja nueva información sobre su vida afectiva durante sus treinta años en el Paraguay», afirmó Gross Espiell.
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