Tiene la palabra
Uruguay, país subadministrado
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Nací en José Batlle y Ordóñez, pueblo chico porque lo dejaron chico; es el pueblo donde nació Wilson, en Lavalleja, tierra de grandes y a veces poco recordados como Fabini, Florencio Sánchez, Santiago Chalar, Morosoli y tantos otros, orgullo de nuestra cultura departamental.
Vi cómo se llevaron las cosas de a poco, despacio vimos cómo terminaron con nuestros trabajos. AFE, por ejemplo, el liceo local no nos dejaba opciones. Pasamos de ocho mil a tres mil habitantes en 15 años. Ni siquiera nos quedamos estancados: retrocedimos años.
Vi casas cerradas, familias enteras arrojarse a la aventura de tentar fortuna en otros pagos. Vi amigos del alma quedarse sin presente. Vi clubes perder su brillo, puertas, techo, respeto. Vi políticos pasar, prometer, beber y comer y no vi cambios. Vi y participé de ocupaciones y movimientos estudiantiles representando a los estudiantes del IAVA y sus profesores, principales heridos en esa batalla sin fin por un salario digno. Vi la máquina burocrática y corrupta empezar a funcionar. Vi fantasmas aparecer, nuevos políticos, nuevas propuestas, nuevas mentiras, nuevas deudas, además de la externa. Vi mi pueblo venirse abajo y vi gente haciéndose rica en él, coincidentemente políticos, caudillitos de pueblo, compradores de votos. Vi cómo nadie intentó nada: ni fábricas ni para opciones de estudio ni nada.
Como si el interior no importara, pueblos muriendo y gritando por ayuda sin que nadie nos socorriera. Vi cómo Montevideo se llenó de personas buscando alguna oportunidad y vi qué difícil es intentar vivir en una ciudad donde el sueldo se parece tanto al alquiler.
Ahora veo cómo otros dejan una vez más todo para probar suerte lejos de lo nuestro. Cierran empresas dejando familias sin ayuda. Veo cómo cada uruguayo que está afuera piensa en volver dejando todo en ese país que lo recibió y donde todo fue hecho con el sacrificio de no ser nadie.
¿Será que este señor Atchugarry vive en Uruguay o será que este verdugo de la nueva era ni uruguayo es como para entender, respetar y ayudar a su gente, a la que le supo pedir votos? Como uruguayo me duele la situación de mi país y la impotencia de ver qué pocos se preocupan por él.
Cada vez me convenzo más de que tenemos países subadministrados y no subdesarrollados, y el nuestro es uno.
D. Pedregalli – <[email protected]>
La muerte de un viajante
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Resulta increíble cómo en este país de las cosas raras, alguien sin ser jugador de fútbol, puede «tirar la pelota al obol», aún con la muerte de un ser humano de por medio. Tal parece ser el caso del director médico del Sanatorio del Banco de Seguros, muy cuestionado en su actuación (y antes con su sorpresiva designación) el que incluso en estos días también critica AEBU al enterarse de que el Directorio, próximo a su despedida, lo ha «premiado» con un «GEPU 60″, categorización escalafonaria que le permitirá obtener, un sueldazo «de mi flor», en estos tiempos en que maestros, judiciales y un montón más de funcionarios públicos bregan por obtener aunque al menos sea, el equivalente a media «canasta familiar».
Leemos la pág. 15, Sección Sociedad, del sábado 19 de agosto de 2000 y nos asombra el titular relativo a un accidente de tránsito ocurrido en los últimos días (Avda. Italia y Luis Alberto de Herrera. Para ser más precisos) accidente que costó la vida al taxista Juan Pedro Ferreira Soca, 58 años, C.I: 1.364.523, domiciliado en Eduardo Víctor Haedo 2140, ap. 001, Montevideo, con coche matrícula 22551, de «Celeritas», asomando como patrono el señor Alberto Bonanata, todo lo cual muestra que contamos con detalles muy certeros en relación al caso.
Nuestra sorpresa del titular de LA REPUBLICA, tiene que ver con la importancia que se le da a la «Aparente negligencia que hizo perder órganos de donante», con un subtítulo donde se lee: «Sanatorio del BSE investiga el fallecimiento de un taxista».
¡Todo lo antes mencionado resulta paradojal! El tema principal del accidente, no es la pérdida de órganos de un donante universal tras mantenerlo, después de fallecido, alrededor de 7 horas en dicho nosocomio. El tema principal es la muerte del obrero. Más aún: el fallecimiento no es lo que se investiga. Justamente es al revés: el investigado es el mismísimo Banco de Seguros del Estado, en cuyo block quirúrgico el aparato de reanimación no funcionó, por lo que con un pérdida de tiempo preciosa en un paciente grave, se debió apelar –y bajar dos pisos para ir a buscarlo– al del Servicio de Emergencia. Según nuestros informes al estar desenchufado el citado aparato no genera descarga, de ahí lo ocurrido, todo lo cual quedó asentado, según uno que otro testigo, en la tradicionalmente usada «libreta de novedades» que, vaya a saber con qué destino, fue sacada de circulación entre viernes y sábado siguiente. En ella la nurse encargada del block debió asentar la novedad del no funcionamiento del equipo y sus ulteriores consecuencias. Es lo que siempre se hace.
En resumen, la lamentable pérdida de los órganos de un donante universal, tema sobre el cual consultamos telefónicamente a una especialista como es la Dra. Betty Bono, aunque en los hechos es un tema secundario, sin duda pudo perjudicar a alguien que los estaba necesitando. Lo primerísimo, en este caso, es la falta de asistencia médica al herido por el no funcionamiento del aparato de reanimación. ¡Y punto!
La afirmación del director del Sanatorio, Dr. Suárez Marañón: «No tengo conocimiento de que el equipo de reanimación no haya funcionado», nos recuerda jocosamente (con todo el respeto que siempre tuvimos por el inolvidable Dr. Chiarino) y dentro de la trágica muerte de un obrero del volante y el dolor inmenso de sus familiares y amigos, aquel tipo de expresión que tanto dio que hablar en su momento, en tren de efectuar declaraciones públicas en años que no queremos a veces ni siquiera recordar.
¡Vamos Dr. Suárez Marañón! ¿Es que aún Ud. no está enterado de este desgraciado episodio? ¿Es que no tuvo tiempo de leer la desaparecida «libreta de novedades»? ¿Es que no consultó con el médico de guardia, Dr. César Armand Ugón y su equipo de anestesistas, instrumentistas, nurses, auxiliares de enfermería, transfusionistas, etc., que constituian el equipo médico-técnico que en la trágica noche del accidente observó con impotencia cómo el aparato de reanimación no respondía y el paciente grave se les moría? ¡Los órganos a donar se perdieron, sí! ¡Pero antes se perdió la vida del paciente¡ ¡Qué lamentable!
Lorenzo Pelfort
Estamos descuidando nuestra educación cívica y nuestros valores
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
La educación cívica es esencial para la buena marcha de la democracia, principalmente entre nosotros los uruguayos; así como también para los demás países de nuestra América Latina, ahora a las puertas de un nuevo milenio. Todos los ciudadanos debemos estar comprometidos en saber para no volver a retroceder y luego caer.
Cuando las dictaduras empezaron a desmoronarse en todo el mundo, los ciudadanos de las democracias desarrolladas reconocieron su obligación de ayudar a las sociedades emergentes en la construcción de los mecanismos de la democracia. Nosotros sabemos algo sobre cómo funcionan los parlamentos, cómo hacer ele
cciones, cómo trabajan los tribunales y cómo operan otros mecanismos del gobierno democrático. Y llegamos con un cúmulo de programas de asistencia que ayudaron a las nuevas democracias a aprender cómo funciona la maquinaria de la democracia.
Pero pronto descubrimos que la democracia es algo más que un mecanismo; en realidad es una cultura. Para fomentar y estabilizar la libertad, no sólo es preciso cambiar el aparato externo de la sociedad y el gobierno, sino también la visión subjetiva de mucha gente. Las personas deben dejar de ser sujetos pasivos del Estado –del cual reciben instrucciones– para convertirse en ciudadanos responsables que ejerzan sus derechos y obligaciones.
En otras palabras, se debe dar poder a la gente. Sólo cuando se lleve a cabo esta transformación subjetiva de la sociedad podrán funcionar como es debido los mecanismos de la democracia. Esos mecanismos serán rechazados, como un órgano transplantado indeseable, a menos que el organismo los reciba voluntariamente como todos deberíamos de recibir a la propia libertad.
Todo un cúmulo de conocimientos va aparejado a la democracia; pequeños detalles que los ciudadanos no pueden comprender, a menos que tengan el espíritu y los conocimientos apropiados –que hablando en criollo, nadie los tiene, es decir el pueblo en toda su gran mayoría no los tiene– y carecen de conocimientos, de derechos, de deberes y de obligaciones, pues nadie se toma el trabajo de dárselos, mencionárselos y hacer que lo tengan por aprendidos ¿Cómo presentar una demanda judicial cuando hemos sido agraviados en una disputa civil? ¿Qué hacer frente a un problema de abuso policial? ¿Cómo lidiar con un conflicto social en el barrio?, etc.
En las democracias desarrolladas tenemos esos problemas todo el tiempo. Pero a la postre nuestras culturas aprendieron a manejar los mecanismos de la democracia para contender con los problemas.
A pesar de todo, por ejemplo el propio Estados Unidos, es muy consciente de que demasiado a menudo no sabe manejar con eficacia los problemas de la democracia. En realidad, una de las cosas que indujeron al Servicio Cultural e Informativo de los Estados Unidos a involucrarse en la educación cívica fue el creciente reconocimiento de que muchos estadounidenses se están esforzando por renovar el espíritu ciudadano en su país. Dicen tener problemas de apatía, delincuencia y fragmentación de una cultura común que raya en la balcanización. Dicen que les cuesta trabajo lograr que sus instituciones funcionen. Y sabido es que tienen corrupción en el propio gobierno; cosa que aquí en nuestro país la tenemos con más razón.
Desde hace largo tiempo, nosotros estamos descuidando la educación cívica y, con demasiada frecuencia. Los cursos de civismo que impartían las escuelas preparatorias de nuestro país, antes de los años 60, eran áridas lecciones de historia o repaso técnico de las funciones escuetas del gobierno. Las grandes controversias de la última generación fueron intensas a menudo y las autoridades de la educación tendieron a evadirlas en las aulas: La guerra y la paz, la raza, la justicia, la pobreza, el conflicto de clases o la religión.
Pero, hoy por hoy, toda la nación comienza a comprender que habíamos descuidado algo muy importante: que compartimos un buen conjunto de personas y de instituciones una práctica cívica en común y un conjunto de valores que es necesario transmitir de una a otra generación si queremos que nuestra democracia sobreviva.
Lic. Pedro Wavell Rodríguez – Master en Pararapsicología Superior
Miembro Voluntario de Naciones Unidas para los Derechos Humanos – C.I. 1.139.909-2
La Dra. Marta Vieira Mérola formula precisiones
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
De mi mayor consideración: Desconozco las razones por las cuales se efectuaron las publicaciones los días 2 y 5 del corriente y tituladas «Secretaria destituida del Codicen nombrada en la Corte Electoral» y «La Corte vetó a Vieira» así como quienes fueron las «fuentes» de las mismas aunque descarto que habrá sido algún «operador político», lo que me lleva a efectuar las siguientes puntualizaciones.
Con asombro tomé conocimiento de la primera de las publicaciones aludidas dado que fue por ese medio de prensa que me enteré del «nombramiento» que se me había efectuado como Secretaria Letrada de la Corte Electoral.
En consecuencia y dado que no había sido notificada de ninguna designación, realicé las consultas del caso, habiéndoseme indicado que efectivamente, mi nombre había sido propuesto para integrar tan prestigioso Organismo.
Sin embargo, y atento a que por razones de índole particular me era imposible acceder al mismo, agradecí a las autoridades partidarias tal demostración de confianza, y solicité se pusiera en conocimiento de los Ministros de la Corte Electoral cual era mi decisión.
Quiere decir entonces que no es veraz la noticia publicada el día 5 del corriente en el sentido que «… los ministros blancos retiraron la postulación para el cargo…» sino que, por el contrario, fue la suscripta quien por las razones antes aludidas no aceptó dicha nominación.
Quiero además, por intermedio de la presente expresar públicamente mi molestia por el manoseo que una vez y otra también se ha hecho de mi apellido y del de mi familia así como los ataques que por mi intermedio se realizan al Partido Nacional.
No he sido como se ha dicho, ni:
a) una operadora política que utilizó su cargo para «legalizar trastiendas y trastadas» (El País» – 18.2.2000)
b) no he utilizado mi lealtad al Partido Nacional para difamar y mentir sobre la conducta de mis adversarios convirtiendo la misma en una actitud de mafiosos (La Juventud – 18-2-2000).
c) no pertenezco a una partidocracia tradicional con mentalidad arrogante y sectaria que siento que todo me está permitido en función de mis lealtades políticas (LA REPUBLICA 18-2-2000)
d) tampoco transmití datos «muy internos» a mi grupo político ni he creído que quien me pagaba el sueldo era mi partido sino yo misma desde que integro la población de este país, razón por la cual no desperdicié mi energía en espionajes, juegos conspirativos ni deschaves (Búsqueda 9-3-2000), sino en cumplir cabalmente mis funciones y dedicando mis mayores esfuerzos cada vez que fue necesario, mi experiencia y conocimientos a efectos de lograr una eficaz gestión.
Agradeciendo desde ya la publicación de la presente y esperando no volver a ser objeto de noticias parciales e inconsultas, saludo a usted muy atentamente.
Dra. Marta Vieira Mérola – C.I.: 1.170.933-8
No salgo de mi asombro por la nota sobre Paysandú Bella Vista
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Todavía no salgo de mi asombro ante la nota publicada en la edición del 6/9/2000, respecto a la situación del Paysandú Bella Vista. Es un ejemplo de pseudojurídica notable.
Veamos. Dato que tiene LA REPUBLICA: el trámite de cambio de nombre del club no finalizó. Conclusiones que saca de este único dato: (1) «Paysandú Bella Vista no existe». Decir que un club no existe porque no se le cambió el nombre, es de una simplicidad efectista absurda. Supongamos que, por error, al señor Fasano lo hubieran inscripto en el Registro Civil como Carlo en lugar de Carlos. Se invalidaría todo lo que hizo, porque firmó Carlos?
Absurdo Numero Uno. (2) «El Club Paysandú Bella Vista, no tiene reconocimiento del Estado como Asociación Civil, por lo que en buen romance: no existe». Mirá vos. Yo no tengo
reconocimiento del Estado como asociación civil, por lo que en buen romance: no existo. Es el mismo absurdo del punto anterior. (3) «Podría ser desafiliado por la Asamblea General». ¿Por qué, oh Dios, por qué? El club (Atlético Bella Vista) tiene personería jurídica como consta en la misma nota. ¿Lo van a desafiliar porque no inició los trámites para el cambio de nombre? Absurdo Número Dos. Y aquí quisiera hacer una pregunta sobre ética: se consultó a alguien de la AUF para afirmar «seguramente, ¿motivaría una convocatoria urgente de la Asamblea General»? O es una suposición? (4) «Bastaría que la AGE de la AUF mantuviera el mismo celo que mantuvo con Villa Española, para que el club automáticamente quedara desafiliado de la institución» ¿Es lo mismo no tener cancha que no cambiar el nombre al cuadro? ¿Automáticamente? ¿No era por 2/3? Resumiendo: creo que el artículo parte de una observación objetiva, y hace una serie de pseudos razonamientos jurídicos bastante interesantes (literariamente, por lo fantásticos).
Esto es una falta de respeto para gente que está haciendo lo posible para mantener el cuadro vivo. Gracias LA REPUBLICA, por las piedras agregadas a las que día a día le tira la AUF al equipo.
Guillermo Moncecchi
Aclaraciones de Patrones de Pesca sobre el accidente de «El Valiente»
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
El día 5 de setiembre se publicó en la sección «Tiene la palabra» de vuestro periódico, una carta firmada por un patrón de pesca, refiriéndose al accidente del buque «Skyros» y el barreminas «Valiente», donde se alude a este Sindicato, que nuclea a los Patrones de Pesca, el que considera necesario hacer algunas puntualizaciones.
Dicha carta fue enviada a título personal por un patrón de pesca, el que tiene el derecho de expresarse como todos los ciudadanos; pero no representa la posición colectiva de los patrones de pesca ya que este Sindicato no ha tomado ninguna posición al respecto, ni es su función hacerlo en este caso. Siempre que hemos tenido una posición en lo referente a temas de seguridad o de puerto, lo hemos hecho llegar por los carriles oficiales correspondientes, donde siempre hemos tenido las puertas abiertas para nuestros planteos. También es necesario recalcar que sobre los hechos que se mencionan el Sindicato tiene información muy fragmentada y escueta. Sin perjuicio de reiterar nuestra voluntad de sumar esfuerzos para evitar este tipo de desgracias, saluda atentamente,
Alvaro Lamas
Con motivo de la muerte de la señora Amalia de la Vega
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Con profundo dolor, quien firma estas líneas, mujer nacida en Montevideo, jubilada de la salud, residente en una zona rural de Canelones y unida en razón y sentimiento a todas las manifestaciones artísticas nacionales, quiere llegar a sus conciudadanos, paisanos y paisanas:
El reciente tránsito de la señora Amalia de la Vega, sin duda hasta el momento, la mejor y mayor expresión femenina de lo que es el auténtico canto campesino, nos lleva una vez más a la reflexión sobre quiénes somos y dónde estamos.
Reconozco no ser la más indicada ni la más idónea para hacer esta afirmación, pero por razones implícitas en lo más arriba referido, siento que esta vez el silencio debe romperse.
Pertenezco a una generación que se ha criado oyendo el canto de Amalia transmitiéndonos no sólo las grandes obras de nuestros autores: Elías y Tabaré Regules, Fernán Silva Valdés, Serafín J. García, Osiris Rodríguez Castillos, entre otros, sino también la frescura de su voz y lo exquisito de su personalidad cantora. Muchos de nosotros admiramos también a otras figuras que junto a ella han prestigiado a nuestro canto nacional, algunas de las cuales, a Dios gracias, aún siguen su huella. En la generación que nos continúa existen jóvenes que recibieron esa fuerte corriente desde la raíz, para florecer en savia nueva.
Sabemos que no somos mayoría pero estamos convencidos de que somos auténticos.
Formando parte de un mundo tecnificado y globalizado que nos lleva al desconocimiento de nuestra naturaleza es imperioso que evitemos desaparezca la expresión pura y representativa del ser nacional como es el caso de la música y el canto de este pueblo, que siempre ha estado junto a las manifestaciones por las libertades políticas, sociales y económicas.
Todos debemos adentrarnos en nosotros mismos, llegar al propio centro del espíritu y del pensamiento para lograr una conciencia nacional. Con eso evitaremos que muchos «testaferros» pueda desviarnos en nuestro camino hacia lo auténtico.
Lograremos que algunos difusores que, con todo respeto, son solamente «pasadores de discos», vayan desapareciendo. Porque sería mucho pedir que reconocieran la diferencia que existe entre una auténtica expresión artística y un buen reembolso económico, única razón (y al que le queda el sayo, que se lo ponga) de este monopolio «cultural» a que estamos sometidos.
Quizá lograríamos que algunos artistas uruguayos, iguales en excelencia a los extranjeros que nos visitan (en muchísimos casos, mejores aún) nos deleitaran desde algún escenario de los tantos festivales que existen en el país y que les son vedados a pesar de las diferencias astronómicas en el cobro de los cachets, en detrimentro –como siempre– de los nuestros.
Ni hablar de las muestras a los turistas deseosos de conocer usos, costumbre, música, canto y manifestaciones artísticas del país que nos visitan, como nos ocurriría a nosotros si viajáramos a otros lugares. Seguramente con eso lograríamos que nuestros valores nacionales no se fueran de esta dimensión con esa pobreza que es mucho más grande que la económica y que es la del desconocimiento y el olvido; caso, entre otros, de la querida Amalia. Y también lograríamos que quienes están aún en vigencia no tuvieran que renunciar (como hace quince años lo hizo ella) a esa hermosa tarea de comunicar y trasmitir nuestras más entrañables costumbres.
Con tristeza les digo que fue causa desencadenante de estas líneas el hecho que una artista de «perfil bajo» (como ahora le llaman, por su sencillez y desinterés ante la proyección altisonante) deba morir como María Martínez, siendo que en esta vida había elegido ser Amalia de la Vega.
Rita Francheschini
Santa Rosa – Canelones
Shakespeare, Baráibar, Astori y Tabaré
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Shakespeare para Baráibar. Hamlet a Ofelia. –¿Dónde está tu padre?
–En casa, señor.
–Pues que le cierren bien las puertas para que no haga en ninguna parte el bobo, si no en su propia casa.
¿Cuándo el senador Astori cambiará de portavoz?
El señor Baráibar, en plural no mayestático, dice a LA REPUBLICA del lunes 4 de setiembre: «Nosotros ya lo habíamos dicho enérgicamente (…) cometimos el error de centrar todo en la persona de Tabaré».
La envidia es pecado mortal. La imagen de Tabaré siguió creciendo. ¿No será más sano, futuro ex diputado Baráibar, preguntarse por qué perdió miles de votos Asamblea Uruguay?
M.N.R. – C.I. 1.711.644/6
Carta abierta a Luisito Rodríguez
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
¿Sabés una cosa gurí?, estuvista sólo un rato con nosotros, tu país, tu mun
do y es increíble lo que lograste. Cuando las lágrimas de tus viejos, tu hermano, tus abuelos, tus tíos, tus primos, tus que sé yo… tus tantos queridos, que sin tu saberlo fueron miles, aún seguían mojando mejillas, yo, debo reconocerlo, no lloré tu partida, ¿sabes por qué? Porque nos mostraste cosas que nadie, llámense médicos, científicos, astronautas, viajeros, ejecutivos, políticos, cuerdos y locos, ricos y pobres, de un color o del otro, de esta religión, de aquélla o de ninguna,.. mirá Luisito, nadie, nos puede enseñar…, ¿sabés qué es? Te cuento: la legítima, intransferible y satisfactoria sensación de bienestar que significa el ser solidario.
Tuviste la enorme capacidad de mover a todo un pueblo en procura del remedio salvador, aunque honestamente, Luisito, me pregunto salvador de qué, ya que me parece y lo digo muy respetuosamente, que ya estabas salvado hace rato, hasta me atrevo a decir que anduviste por aquí para salvar a muchos… en serio te lo digo, porque cuando se cataloga al ser humano de hipócrita, insensible, materialista y no sé cuántos adjetivos que lo niegan, aparecen tipos como tú, para demostarnos lo contrario. Quedate tranquilo, Luisito, la enorme mayoría de la humanidad es buena; ¿sabés qué pasa? Los malos hacen más ruido; mirá, siempre pongo como ejemplo los dedos de las manos, que por naturaleza son diez… y no andamos todo el día pensando en ellos, pero cuando nos lastimamos uno, entonces le damos a ese, un único dedo, todo el valor del mundo y no sé si por egoísmo, pero sí por una cuestión idiosincrática, nos olvidamos de los otros nueve.
Tú has sido y seguirás siendolo, los nueve dedos de los cuales debemos aferrarnos, Luisito.
Por ahora me despido de ti, no sin antes saludar fervientemente tu existencia, tan fructífera, tan enriquecedora en sentimientos como la que muy pocos podrán lograr.
Que te vaya muy bien (¡Bah!, Te va a ir fenómeno).
Sergio R. Risso
PD. Luisito, de la ciudad de Canelones, tenía 5 años y falleció luego de una irreversible enfermedad. Su familia y su pueblo (pero por sobre todo él) dieron todo de sí. No olvido a los médicos/as y enfermeras/os que lo atendieron.
Compartí tu opinión con toda la comunidad