Punta del Este ofrece placer con tarifas de hasta 1.000 dólares

Taxi boys al mejor postor

Basta recorrer con ojos más que atentos sitios cercanos a la península para reconocer las figuras de los taxis boys. No son precisamente River Phoenix y Keanu Reeves en la monumental película neoexistencialista de Gus Van Sant «Mi mundo privado», pero allí están caminando por las calles a la espera de un llamado telefónico o de algún automóvil que los «levante».

La historia o la canción es la misma: el oficio más viejo de la humanidad se expande en las calles puntaesteñas.

El contacto con Ricardo, de 25 años, un metro ochenta de estatura y figura atlética, se realizó inicialmente a través de un conocido diseñador uruguayo, quien contrató a varios taxi boys para trabajar como extras en un comercial televisivo argentino.

Dice Ricardo: «Somos un grupo de cuatro personas que estamos en la misma y cobramos nuestros servicios según el cliente. Nuestra tarifa oscila entre 150 y 1.000 dólares. Parte de ese dinero va a parar a lo que podríamos calificar como nuestros agentes o managers. Ellos son, en buena medida, quienes consiguen una clientela que es bastante variada».

Nuestro interlocutor narró que se levanta en horas del mediodía, tras lo cual concurre a un gimnasio para mantenerse en forma. «Hacemos playa, porque en verano es indispensable que luzcamos bien bronceados, lo que es un punto real de atractivo. Después, simplemente, me dispongo a esperar llamadas de mis contactos o de una clientela que ya tengo cautivada, que viene todos los veranos a Punta del Este».

Por otro lado, Ricardo admitió que concurre con frecuencia a fiestas privadas y por lo general –fundamentalmente en enero– tienen «agendas hechas de gente que es asidua cliente nuestra. Nos pagan muy bien».

Nuestro entrevistado reveló que gente muy conocida de la farándula lo ha contratado como «acompañante». «Te doy un ejemplo: las mujeres de más de 50 años te contratan concretamente como acompañante. No hay sexo allí y sí mucha cosa terapéutica».

Narró una anécdota muy concreta: «El mes pasado fui el regalo de cumpleaños de una ‘bonitísima’ chica de 25 años».

En ese contexto, Ricardo confesó que ha tenido experiencias con gente vinculada a la clase política; no obstante, como es obvio, omitió toda referencia a nombres.

También se refirió a «gente de alta alcurnia que gusta del menage a trois, lo cual hace trepar considerablemente mi tarifa. Vivo muy bien de este trabajo y no me falta nada».

Los chicos de la calle

«Yo no soy de los que hacen la calle, pero basta darse una vuelta por El Emir, para percatarse de la existencia de taxi boys. Si prestás atención, te das cuenta quién está buscando y quién está ofreciendo», afirmó Ricardo.

El joven precisó que «hay mucha gente, por la noche, que está trillando las calles. También por las tardes se trillan algunos cafés de Gorlero.

Todo es muy imperceptible, muy cuidadoso, pero ocurre a diario. Desconozco cuánto cobran los tipos, pero no la pasan mal a nivel económico».

Reveló que «hay otros tipos que van a los boliches de moda y siempre levantan a alguien». Reiteró que «todo es muy discreto y las transas se dan casi sin que la gente se dé cuenta».

Ricardo agregó que «los chicos que hacen la calle pueden llegar a correr riesgos, pero eso no impide que haya una veintena de muchachos haciendo su trabajo».

Consideró: «Es mucho más seguro tener contactos y que te llamen por un celular. Es más limpio, más seguro y es una clientela más selecta».

El año pasado, Ricardo recaudó con su trabajo unos siete mil dólares. Reveló que esta temporada la demanda fue bastante menor, «ya que hubo menos fiestas y eso diezmó el laburo». Los taxi boys son ya signos de la época. Hacen su labor sin estridencias, sin ningún tipo de problemas. Entre la soledad y el desbunde vacacional, hacen su verano y se llenan los bolsillos.

Cultura de compra y venta. Cultura del consumo y del vale todo sin comillas morales.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje