Imperdonable
Juan Mendieta
La semana pasada llegó a la redacción un fax fechado el 1 de setiembre, proveniente de la Oficina de Prensa de la Cámara de Senadores. Es el Comunicado Nº 143 que informa de la comparecencia del ministro de Defensa. Allí podemos leer la siguiente proposición: «Luis Brezzo informará al Senado sobre las licencias en el rubro transmición de datos».
Como lo he dicho en otras oportunidades, los errores ortográficos no me parecen demasiado censurables comparados con los sintácticos y semánticos, pero hay que reconocer que leer algo así rechina un poco, casi tanto como el titular que se nos escapó el lunes pasado donde se había escrito paíces. García Márquez, en su artículo Botella al mar para el dios de las palabras, propone entre otras cosas simplificar la escritura española eliminando caprichos ortográficos que en definitiva para lo único que sirven es para que maestros y profesores se ensañen marcando con implacable lápiz rojo los pecados de los educandos. Porque en última instancia, al leer transmición y paíces ¿alguien puede entender otra cosa que no sea «acción y efecto de transmitir» y «región, reino, nación, provincia o territorio»?
Sin embargo, la sociedad rechaza las faltas de ortografía casi con el mismo rigor con que proscribe eructar o peerse en público, por considerar que aquellos que así proceden están denotando falta de educación y de cultura, al tiempo que pertenencia a un nivel socio económico de poco prestigio.
Podría pensarse seriamente en modificar para simplificarla la ortografía castellana. El gran Gabo lo pide de esta manera: «Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna». Hache, jota/ge, be/uve, tildes muchas veces inútiles, podrían perfectamente bien arrojarse por la borda. No obstante, una de las dificultades de los hispanoamericanos radica en la confusión entre ese y ce, confusión imposible en la península (salvo en Andalucía donde ambos grafemas pueden representar un mismo fonema, al igual que en el resto del mundo hispanohablante) ya que son la representación gráfica de dos sonidos diferentes, uno de los cuales (el representado por la ce antes de e o i, y por la zeta) no integra nuestro sistema fonológico.
Entonces, ¿qué hacer? Y bueno, para conformarnos, pensemos en otros idiomas prestigiosos con caprichos ortográficos mucho más flagrantes, como el inglés o el francés, sin ir más lejos. Y sigamos prestando atención a las reglas del buen escribir, ¿no le parece Pereira?
–Totalmente de acuerdo, Mendieta. Escrivir sin faltas no cuesta nada.
–¡Qué lo parió!
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