Sacerdote gremialista Ismael Cabaña denunció presiones

"Batlle no cumple y le toma el pelo al sector agropecuario"

El sacerdote Cabaña definió las expresiones del presidente Batlle y del ministro de Ganadería, Gonzalo González, pronunciadas en el Prado, «como un discurso conocido y sabido, donde no se dice nada nuevo, ni se vislumbran respuestas». Opinó que al gobierno lo único que le interesa es informar que están tratando de hacer algo, mientras que «los productores están cansados de ser informados, y ya no se soporta más». Agregó que «si antes se veía con rabia la situación, ahora la miramos con dolor, porque vemos que la insensibilidad es mayor».

El gremialista católico catalogó como crítica la situación actual del agro, donde –a su juicio– «ni siquiera queda plata para salir a manifestar, ya que el productor está obligado a gastar el escaso combustible que pueden comprar en la siembra».

Todos los días se levanta a las 6 de la mañana. Se viste con las cómodas bombachas gauchas y toma las botas de lluvia, porque al amanecer parte rumbo al campo. Lejos de lucir cotidianamente la indumentaria sacerdotal, el padre Ismael Cabaña pasa sus días dedicado a su vocación religiosa sin recluirse en los templos, defendiendo los derechos de los más necesitados, como lo postula Jesús, relacionándose con los peones, participando de las tareas del tambo y los cultivos.

Es el único sacerdote-gremialista-rural del país. Más allá de que existen otros casos de presbíteros católicos que manifiestan una posición de apoyo a determinadas causas sociales, como en el caso de los trabajadores de Cristalerías del Uruguay, el padre Cabaña es uno de los abanderados de la Intergremial de Productores de Carne y Lana, desempeñando en determinados momentos la presidencia de este movimiento agropecuario. El católico salteño ingresó hace 22 años a la congregación salesiana y durante 15 años ejerció activamente el sacerdocio. Desde su ordenación, siempre estuvo vinculado con las tareas del campo: primero en Sarandí del Yi, donde funciona un hogar rural para 50 muchachos.

Durante 12 años permaneció en dicho establecimiento donde nació su vinculación con el gremialismo agropecuario, defendiendo los intereses de los productores independientes, y posteriormente vinculado a la Intergremial de productores de carne y lana.

En estos momentos, Cabaña reside en Tarariras, Colonia, en la obra salesiana, dictando cursos a jóvenes del campo. Además, se desempeña como tesorero y suplente del presidente de la Intergremial, que fue gestora del multitudinario movimiento agropecuario que «sitió» el Edificio Libertad, el 13 de abril de 1999. El religioso demandó una mayor rentabilidad de los productos agropecuarios, la traspolación de fondos del campo que fueron llevados a la industria y la potenciación de los cabildos abiertos.

Cuestionó al Estado por la fuerte carga tributaria que soporta el sector, reclamando medidas de incentivo al desarrollo.

«El presidente Batlle tomó el pelo a los productores, al sugerir que fueran ellos mismos al exterior a buscar mercados», dijo Ismael Cabaña, acusando al gobierno de «hacer la vista gorda, creando las condiciones para que el mercado prefiera los productos extranjeros».

Comentó que los departamentos más golpeados por la crisis son Durazno, Treinta y Tres, Rivera, Salto y Tacuarembó.

El sacerdote Cabañas, para realizar su tarea en defensa de los campesinos, tuvo el aval de monseñor Carlos Collazzi, obispo de Colonia, y monseñor Luis del Castillo, quienes entendían que hasta el momento, la Iglesia estaba ausente en este sector y le dijeron que trabajara por los productores agropecuarios y no por un partido político.

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