Cinco mil personas veneraron a la Diosa del Mar

Iemanjá gobernó las emociones en Punta

Hay una sensación de creciente espiritualidad cuando uno pisa las arenas de la Playa Mansa. Es un aire, una brisa que envuelve en forma abrasadora. Es casi inexplicable, porque, en todo caso, hay que estar en esa suerte de santuario para sentir ese despliegue de la fe, de una superficie si se quiere apaciguante y apaciguadora.

El público va creciendo en número: la idea o noción de celebrar (y venerar en su día) a Iemanjá posee en ese vasto auditorio, un comportamiento íntimo privadísimo y, al mismo tiempo, durante la ceremonia, un profundo entendimiento religioso que se colectiviza y gana a todos.

En una comunidad que quiebra la idea de clases, el universo de la fe no tiene explicación. Es como la poesía o la escritura que se apalabra desde los huesos vallejianamente hablando: va o tienta respuestas para la resolución de conflictos hondamente personales que se revelan y se rebelan.

Todos esperan serenamente al guía espiritual (babalorixá) Daniel de Ogum.

Hay algo parecido a la devoción que domina al escenario: los rostros se ven marcados por el júbilo y por una rara luminosidad que proviene de los focos (velas), que encienden el escenario playero.

Cuando llega Daniel de Ogum, como prólogo de la ceremonia, refiere en su monólogo que se levantarán firmas para que la comuna de Maldonado permita que se emplace un monumento en homenaje a Iemanjá y enfatiza que «tenemos derecho a ser respetados como todos. Nosotros no le hacemos dano a nadie. En realidad, ayudamos a los necesitados.

Somos gente de corazón limpio», dice el sacerdote, para luego solicitar luego solicitar un aplauso para el director de la comuna, Oscar Olmos, por haberles concedido la luz y el sonido para la ceremonia.

Cuando LA REPUBLICA lograr abordarlo, el líder espiritual fluidamente confiesa:

«Nuestra religión es absolutamente participativa. Participa todo el pueblo. El toda la faja costera ahay miles de personas (Montevideo, la Costa de Oro, Punta del Este), sumándose a esta celebración del día de Iemanjá, la duena y riena de las aguas».

Respecto a la campana de recolección de firmas, Daniel de Ogum afirmó que «yo creo que nuestra es todavía para muchos un tema tabú.

Cuando le solicitamos al intendente de Maldonado, Camilo Tortorella, si nos permitía la colocación de un monumento a Iemanjá, la respuesta fue negativa. Se argumentó que somos paganos, pero habría que senalar que somos una religión más vieja que el cristianismo».

Según el sacerdote, «este es un país con libertad de cultos. Así que tenemos derecho a tener nuestro monumento a Iemanjá, porque esta es una religión que apoya a la gente, a esa gente que busca respuestas a sus problemas de carácter afectivo y financiero.

La gente está pasando mal, lo que es un fenómeno local y mundial».

Consideró que «esto es un infierno, si no pensamos en las guerras y en la pobreza.

Nosotros buscamos que la gente salga de sus malestares y que se sienta bien y en paz consigo mismo».

Aseguró que «esta es una religión seria, que hace el bien y ayuda a los más necesitados. Nosotros buscamos confirmar a la gente».-

Daniel calificó a Iemanjá como «el máximo orixá», anadiendo que este ano se celebra el ano de Ogum, «que viene a ser el de la abundancia. Esperamos el bienestar y la felicidad de nuestros creyentes y no creyentes.

Queremos vivir mejor y esperamos que la clase política sea sensible a ello».

Daniel de Ogum recordó que su religión proviene de los esclavos africanos, «que llegaron a estas costas cedidos por el Papa a Fray Bartolomé de las Casas.

En ese momento, el negro sólo tenía derecho a ser bautizado. Esa mano de obra barata que fueron los esclavos, nos pasaron nuestra religión de generación en generación».

Afirmó que los umbandistas respetan mucho a la religión católica y a sus creyentes.

Manifestó con convicción que «creemos en lo que hacemos, aunque no nos creemos duenos de la verdad».

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