El CD con letras de menores del Iname agotó la primera edición

Música detrás de las rejas

La experiencia, que se consagró con la edición de este material discográfico, comenzó en 1997 a través de una iniciativa planteada al director del Instituto Técnico de Rehabilitación Juvenil, Sergio Migliorata, por el profesor de música Mario Villagrán. El proyecto apuntó a desarrollar una tarea dentro de un área artístico-pedagógica que fuera de utilidad para los jóvenes que se encontraban en los programas de rehabilitación del Iname, según explicó Villagrán a LA REPUBLICA. En 1998 comenzaron los talleres, y durante ese año se formó la murga «La Menor», integrada por estos jóvenes, que obtuvo el tercer premio como mejor espéctaculo y una mención especial en el rubro textos en el concurso de murgas juveniles organizado por la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM). Para 1999 los talleres continuaron con el proyecto de la composición de canciones de distintos géneros, a los que se suma el músico Nicolás Molla para trabajar en la elaboración y arreglo de temas. Allí surge la idea de grabar un disco con ese material. Entonces se unió al proyecto Luis Restuccia «entusiasmado por el potencial de las canciones», quien colaboró poniendo a disposición su estudio de grabación y gestionando la participación de los artistas invitados.

Segunda edición

El compacto editado por Ayuí Tacuabé, hace alrededor de un mes y medio, se está vendiendo en su segunda edición (la primera fue de 500 ejemplares). Se vende en todas las disquerías del país y el total de las ganancias son vertidas en el Iname.

Se trata de una recopilación de varios géneros musicales interpretados por una selección de músicos uruguayos. Participan José Carbajal, Ruben Rada, Mariana Ingold, Malena Muyala, Urbano Moraes, Murga Contrafarsa, Nicolás Molla, Mario Villagrán, Hugo Fattoruso, Patricio Petruchelli, Nicolás Ameglio y Sebastián Zinola. Los textos son de autoría de los menores que participaron del taller.

Allí los jóvenes en conflicto con la ley encontraron una oportunidad de contar sus vivencias dentro de la institución y expresar sus sentires al respecto. «En un principio el disco se había pensado para ser cantado por estos jóvenes y editado como una experiencia social, pero después surgió la posibilidad de hacerlo con músicos invitados para que tuviera además calidad musical», dijo Ruben Olivera, director del sello discográfico Ayuí-Tacuabé.

«Arrepentidos» y «marginados»

Teniendo en cuenta la importancia de esta experiencia, LA REPUBLICA solicitó a varios profesionales una opinión sobre lo que podían percibir de la personalidad y sentimientos de los jóvenes a través de las letras que escribieron.

Para el psiquiatra Andrés Flores Colombino, «el hecho de que muchachos que se encuentran en una situación tan especial como lo es la del encierro, se pongan a crear, es una tarea sumamente resaltable, y más aún cuando se obtienen resultados formidables».

Flores Colombino estimó que estos chicos aprovecharon la situación para «transformar un taller musical en una experiencia de vida, donde contaron a la sociedad lo que sienten cuando llueve, cuando duermen, comen o extrañan a su mamá o a su pareja».

Dijo que allí hay tres tipos de personalidades, están «quienes apuntan sus esperanzas, a lo que puedan hacer cuando cumplan su condena, quienes prefieren contar lo que sienten desde el encierro y los que idealizan el acto que los llevó a ese lugar». «Algunos están arrepentidos, pero se nota que intentan justificar lo que hicieron: lo hice porque no tenía más remedio», explicó.

Concluyó señalando que se trata de un CD «muy valioso, que además da ganas de hacer más cosas por estos chicos, demuestra que se puede».

Por su parte la licenciada en Psicología Daniela Ceballos manifestó que es un disco que desde su nombre «nos adelanta y nos muestra una imagen de un mundo muy particular».

«Nos hablan de una pérdida y/o ausencia de identidad o podemos hablar de una identificación por la negativa, de lo que no se es, o de lo que no se tiene. Y de una búsqueda de pertenencia, de incorporarse de manera diferente a una sociedad que sentirían como marginante.

Existiría un mecanismo a través del cual son marginados, excluidos y a su vez marginadores y autoexcluyentes. Convivirán a diario con un estigma a cuestas: los chicos del Iname, los gurises de la Colonia Berro».

Para Ceballos, los jóvenes están a la espera «pero no en la dulce espera» y señala que «sin embargo están queriendo gestar una nueva vida, un mundo con características diferentes que cobra particular sentido en los deseos de estos muchachos».

La psicóloga Ceballos insiste en que estos chicos privados de libertad, de cariño y resguardo «nos hacen reflexionar acerca de cuál es el camino, del cómo, a través de qué medios y qué esperan encontrar, así como qué significado cobra la libertad y la felicidad para ellos».

Otro psicólogo, que prefirió mantener en reserva su identidad por su vinculación con el Iname, manifestó que la privación de libertad «no es una buena medida», pero dijo que «sería irrespetuoso para la pobreza, confundirla con la marginalidad y el delito». «Hay una victimización en el discurso que olvida a la nueva víctima de la cuestión», consignó.

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