Miles de uruguayos renovaron su devoción a la Diosa del Mar

El reino de Iemanjá

En el transcurso de la jornada de ayer, miles de uruguayos se volcaron masivamente hacia la costa, tal como sucede ano tras ano, con el propósito de celebrar el día de Iemanjá. Viajes en lanchas, procesiones, cenas especiales y la asistencia en las playas pautaron el tradicional festejo del 2 de febrero.

Cada ano, la virgen del mar tiene más seguidores y los rituales que se realizan en su honor es atracción para escépticos y visitantes extranjeros.

Lejos de considerarse un ritual realizado por «brujos y curanderos», la fiesta de Iemanjá se consolidó en el colectivo popular, tanto que el Ministerio de Turismo declaró ayer por la manana al 2 de febrero como Día de Interés Turístico. También la cartera de Cultura y la intendencia montevideana tomarían en cuenta este fenómeno masivo para fijarlo en su calendario de eventos.

Desde tempranas horas de la manana, el pai Víctor Hugo de Oxum realizó ocho viajes en lancha llevando mar adentro a los devotos de Iemanjá, quienes ofrendaron a la virgen arrojando una flor a las aguas. El último de los viajes lo hizo privadamente el pai con sus ayudantes, portando la imagen de la Diosa del Mar, varias cajas con gallinas y diversas comidas, para ser ofrendadas a la divinidad.

Desde las dos de la tarde, mae Alba de Ogum instaló una carpa en las arenas de la playa Ramírez. Vive en Las Piedras y hace 34 anos que venera a Iemanjá en las playas de Montevideo. «Estoy en contra de aquellos umbandistas que mienten y sacan dinero, pero el movimiento está mejor en doctrina, ya que ahora tenemos libros para instruirnos», senaló la rubia devota de la virgen.

Un grupo de jóvenes, a pesar de no contar con dinero, no renunciaron a asistir a la fiesta. Fernando explicó a LA REPUBLICA que se vino desde Montes «haciendo dedo» y como no tenían una imagen de Iemanjá, decidieron hacer una, utilizando la propia arena.

En los terreiros se sucedían las colas de personas que buscaban de los jefes espirituales el «santiguado» y el «destrancamiento», mientras que los «hijos de religión» entraban en trance, giraban sobre sí y algunos quedaban semiadormecidos sobre la arena.

Las ofrendas se sucedieron. Velas de todo tipo y color eran encendidas en las tibias arenas de la la playa. Miel, maíz acaramelado, sandía, sidras y otras bebidas formaban parte del cargamento de las barcas.

Vestidos con traje de bano, short, vaqueros, descalzos, los integrantes de la procesión se internaron en las aguas calzados, para recibir la bendición de Iemanjá, sumergiendo toda su humanidad en las aguas. Madres con bebés en brazos se internaron río adentro y con la mirada hacia el cielo, rogaron por una ayuda.

Mientras caía el Sol, las nubes amenazadoras dieron una extrana textura al cielo; la luz natural se iba apagando, al tiempo que las velas se encendían iluminando la esperanza de los devotos.

La leyenda del mar

Según la leyenda, Iemanjá, la orixá afroumbandista, considerada la Diosa de las Aguas, o la Virgen del Mar, está directamente relacionada con la creación terrestre a quien se le atribuye el origen de las aguas en nuestro planeta.

En lengua de los yorubas la palabra orixá se emplea para designar cualquier divinidad, excepto la del dios Olorum.

En el panteón yoruba existen 401 orixás, número que representa el infinito. Sin embargo, el número de dioses que intervienen activamente en la vida de los umbandistas y son invocados por los mismos es bastante limitado. Para los africanos, el dios supremo es Olorum, creador del universo y el mundo material. Con el propósito de evitar la recarga de tareas y repartir responsabilidades, dio origen a los orixás, con la función de relacionar el mundo material con el creador.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje