Brujos del Cerro
Se hacen llamar brujos y hechiceros; elaboran pociones para eliminar el mal y ejecutan curaciones físicas y espirituales utilizando el exorcismo, el espiritismo y la magia blanca. A pesar de asegurar que se trata de una religión con 7.000 años de antigüedad, creen en Jesucristo y en la Divina Trinidad, al mismo tiempo de considerarse contactados por los extraterrestres. Unas cien personas, muchas de ellas adolescentes y ancianos, se reúnen en secreto en templos de Montevideo ubicados bajo tierra. Sus rituales comienzan a la medianoche y terminan al amanecer y entre las ceremonias, los cánticos, la danza y la ingesta de vino dulce, los autodenominados teúrgicos crísticos sienten perder la noción del tiempo.
LA REPUBLICA se contactó con el líder de este grupo sectario, que tiene por nombre religioso «maestre teúrgo Papo Camacho», quien manifestó ser católico, aunque dijo que desconoce la infabilidad papal y la autoridad de los obispos. También aseguró estar relacionado a la comunidad del padre Julio César Elizaga –conocido por sus exorcismos– sin que el sacerdote conozca la actividad secreta paralela de este cristiano.
«El hombre practica la magia desde tiempos inmemoriales, cuando se adoraba a distintos dioses que fueron cambiando hasta llegar al reconocimiento de Cristo como El Salvador. Tenemos una vinculación muy grande con la Iglesia Católica en la fe, pero mantenemos la tradición de los brujos y aplicamos los métodos y conocimientos de la brujería», manifestó el superior de la Teúrgica Crística.
Estos «hechiceros» aseguran tener conocimiento de la magia blanca y negra, pero sólo practican la primera para destruir los efectos de la segunda. Para ingresar a su círculo, los profesos deben traspasar rigurosos filtros que garanticen la adquisición de una profunda comprensión de los dogmas y reglas de la corriente espiritual. No es hasta determinado tiempo que a los seguidores se les enseña a manejar la magia y a pisar el templo sagrado, cuyo ingreso está reservado a pocos para evitar su profanación. Bajo la argumentación de que la magia puede causar la muerte, la «logia hechicera» permitirá la consagración del fiel solamente cuando se tenga la certeza de que sólo obrará el bien, ya que estos conocimientos en caso de caer en manos de cualquiera pueden provocar mucho daño.
Aseguran la sanación corpórea y psíquica mediante la hechicería y para llegar a tal fin se sirven del exorcismo y el espiritismo. Para alcanzar la curación del paciente, se lo acuesta sobre una cama y mediante un estado similar a la hipnosis, aseguran desarrollar una regresión a una vida anterior que les permite la recuperación del enfermo. En sus sesiones, vestidos con túnicas blancas, invocan a los espíritus a través de la tabla de la huija con el propósito de eliminar a las entidades demoníacas.
El maestre Papo advirtió que esta brujería no tiene relación alguna con los rituales de umbanda, ya que en el templo se tiene presente a Dios, y a la trinidad simbolizada por tres velas y un candelabro de tres brazos.
Los seguidores de esta secta operan desde el Cerro, debido a que se lo considera un lugar privilegiado y marcado para algo que será importante según lo manifestado por los brujos. «Es un lugar energético, un perfecto triángulo incluido en otros dos que son Uruguay y América del Sur. Allí es un lugar de avistamiento de naves extraterrestres y nosotros estamos esperando un contacto cuando nuestro espíritu esté totalmente preparado», alertó el líder de los teúrgos.
El ritual de la llave «Papo»
Camacho lleva en una de sus manos un anillo cuya inscripción identifica su rango jerárquico. Habla convincentemente a pesar de su juventud. Sostuvo que fue el elegido por la bruja «maestre teúrga» Julieta, una señora de 86 años que a un año de su muerte decidió quién sería su sucesor. Pidió referencia de su persona y una vez que se le presentó lo convenció de la función espiritual que debería llevar adelante.
El joven tomó la conducción del movimiento a un mes de la muerte de la anciana maestra: el 3 de agosto de 1999. A partir de esta fecha, «Papo» decidió extender los conocimientos de brujería y ampliar el caudal de integrantes del grupo.
Sus miembros realizan las reuniones secretas los días sábados en diversas zonas del Cerro, a las que ellos llaman «dicasterios». Una de las ceremonias las efectúan en el templo consagrado para los magos o brujos y el resto es para los aprendices y los profesos, que son los que creen y que participan de los ritos sin tener obligación dentro de la religión.
El ritual comienza a la medianoche. El maestre luce para la ocasión un delantal azul y un estolón con la inscripción, una estrella de cinco puntas y una capa roja que simboliza la sangre derramada por los brujos asesinados por la Inquisición. El resto de los feligreses –la gran mayoría mujeres– viste una túnica blanca.
Realizan oraciones, utilizan dagas para cortar energía y en copas bañadas en plata se bebe vino dulce simbolizando la comunión teúrgica. Un gesto de particular significado para estos creyentes es el ritualismo de las llaves. Sobre una mesa tienen una llave blanca y otra negra. Mientras se ora y canta, el maestre procede a tirar la «pieza del mal» a través de una ventanilla en señal de repudio. Luego, se realiza una ceremonia de cinco horas, donde abunda el baile y el canto, en donde los participantes pierden la noción del tiempo y no sufren signos de cansancio ni desgaste.
El maestre Papo señaló a LA REPUBLICA que de los rituales pueden participar personas mayores de 15 años y en los mismos se rechaza la condenación eterna sustentada por la Iglesia Católica. «Dios no condena a un hijo porque es malo sino que trata de recuperarlo», sentenció el teúrgico crístico.
Anunció que el próximo 28 de octubre, fecha en que se celebra la fiesta de Halloween, los teúrgicos crísticos organizarán una manifestación pública donde presentarán una obra teatral, rememorando la época de la Inquisición en homenaje a los «brujos» que fueron perseguidos y asesinados.
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