Tres Arboles busca mejor futuro para sus jóvenes
Tres Arboles está ubicado en una zona de inmensas estancias, grandes arroceras, lujosos complejos turísticos y campos dedicados exclusivamente a la cría de espléndidos caballos árabes que se venden a muy buen precio en el mercado internacional.
Sin embargo, toda esa riqueza nunca le ha dejado mucho y debe sobrevivir como puede, con serias carencias y pocas fuentes estables de ocupación para sus casi 500 habitantes.
Sucede que tanto los establecimientos ganaderos como las otras actividades económicas que se desarrollan en la región, generan muy pocos empleos permanentes para la gente de Tres Arboles, pese a que manejan enormes capitales.
Muchas personas de este pueblo temen que allí se desate un proceso de inmigración masiva, tal como ha sucedido y sigue ocurriendo en otras comunidades rurales afectadas por el mismo problema:
«Cuando la gente ve que no tiene perspectivas donde vive, se va a buscar soluciones en Montevideo o cualquier otro lugar. Por eso es que muchos pueblitos se están quedando vacíos y algunos ya parecen condenados a desaparecer», dicen en Tres Arboles.
Beatriz Acuña, encargada de la policlínica local, subraya que «esa inmigración inducida por la necesidad, desarraiga a la gente y rompe en pedazos a las familias. Además, los pueblos que se van vaciando entran en un círculo perverso, ya que a medida que la gente se va yendo se hacen más vulnerables, más pobres, y eso a su vez hace que más gente se vaya hasta que al final, los pueblos se mueren».
Acuña, quien se define como «promotora social voluntaria», sostiene que las soluciones para afincar a la gente en Tres Arboles pueden surgir de emprendimientos productivos comunitarios autogestionados:
«Aquí podemos poner en marcha muchas cosas que reditúen buenos ingresos para la gente. Por ejemplo, pequeños y medianos talleres familiares que aprovechen la lana y el cuero que abunda en esta zona. Aquí hay personas muy capacitadas para trabajar en eso, que pueden tejer prendas de lana de todo tipo, venderlas en la región y también exportarlas. Para Tres Arboles, ubicado en una zona ovejera, esto es realmente posible. Está al alcance de las manos y, sin duda, traerá las fuentes de trabajo que tanto necesitan las familias del pueblo».
Acuña agrega otras posibilidades como ser «la cría de peces y las huertas familiares, sin perjuicio de todas las que se agreguen, porque estas iniciativas se van enriqueciendo a medida que la gente ve que funcionan y propone cosas nuevas».
«Con esto podemos afirmar a las familias en el pueblo y abrirles un futuro mejor» señaló.
Hacia el futuro
Los proyectos que se están manejando en Tres Arboles con el propósito de crear nuevas fuentes de producción y empleo, incluyen también un centro de capacitación para jóvenes que desean dedicarse a la actividad agraria.
Según Gustavo Cerizola y Acuña, ese centro contribuirá en gran medida a resolver uno de los más graves problemas que sufre la población de Tres Arboles:
«Aquí hay mucha gente joven que desea quedarse y trabajar en el pueblo, que tiene excepcionales condiciones para la actividad agraria. Pero sucede que cuando terminan la escuela y el ciclo básico, aquí no tienen dónde estudiar para dedicarse a esa actividad. Para hacerlo deben dejar el pueblo y capacitarse en otro lado y eso desgaja a las familias y saca a la juventud de su propio entorno, la desarraiga. Eso se evitaría si Tres Arboles tuviera su propio centro de capacitación, que podría adquirir la condición de un bachillerato agrario. Esa sería una muy buena solución para quienes desean perfeccionarse en este rubro sin dejar a sus familias. Ahora mismo, muchos jóvenes que quieren hacerlo ven que sus ilusiones se están frustrando porque no disponen aquí mismo de un instituto que les brinde los conocimientos necesarios».
El centro proyectado puede abarcar también materias de capacitación general útiles para otras áreas laborales, tanto para jóvenes como para personas adultas, de acuerdo con lo previsto en el proyecto.
Acuña y Cerizola subrayan que esta idea persigue básicamente el objetivo de ofrecer buenas perspectivas de futuro a la juventud de Tres Arboles:
«Hoy, tal como están las cosas, la juventud no encuentra aquí muchas oportunidades de desarrollo personal. Eso puede cambiar sustancialmente con el centro de capacitación en el que ciframos tantas esperanzas», afirman.
Para la región
Este programa mínimo de mejoras no sólo permitirá cambiar radicalmente la situación de Tres Arboles, sino que irradiará beneficios importantes hacia muchos otros pueblos cercanos, donde también trabajar, obtener ingresos dignos y estudiar suelen convertirse en quimeras virtualmente inalcanzables.
En efecto, tanto las fuentes de producción comunitarias que la gente de Tres Arboles está en condiciones de impulsar como el centro de capacitación, alcanzarán, sin duda, dimensión regional en poco tiempo, tal como ha sucedido en otros puntos del país.
Gente de varios pueblos, por ejemplo, puede coordinar proyectos productivos comunes que fortalecerán las economías locales, promoviendo así un proceso capaz de multiplicar las oportunidades de trabajo en buena parte de la región.
Una función similar cumplirá el centro de capacitación, que puede aglutinar, en muy corto plazo, a jóvenes de localidades vecinas:
«Hay muchos muchachos que viven cerca y tendrían la oportunidad de asistir a las clases que se dicten en nuestro centro. Eso les evitaría abandonar a sus familias para poder estudiar, como sucede ahora», dicen en Tres Arboles.
Lo que falta
Tres Arboles ya cuenta desde hace mucho tiempo con el asesoramiento técnico, el plantel docente y hasta el local necesario para poner en marcha no sólo los proyectos de trabajo, sino también su propio instituto agrario.
Varios profesionales de la zona están dispuestos a colaborar con todas esas iniciativas y se han ofrecido en varias oportunidades para encargarse de los cursos que abarque el instituto, indican Acuña y Cerizola.
El local disponible es una vieja, sólida y amplísima escuela hoy sin uso, ubicada en un lugar de fácil acceso y que reúne todas las condiciones para ser sede de numerosas actividades. Pero lo que no tiene Tres Arboles es apoyo, dicen Acuña y Cerizola:
«Para que los proyectos de trabajo se pongan en marcha, necesitamos respaldos mínimos que pueden provenir de muchos lados. Pensamos que si aquí se invierte tanto en caballos árabes y en represas artificiales para las arroceras, algo puede haber para impulsar nuestras iniciativas. Por supuesto que todo se puede resolver con apoyo oficial y tampoco descartamos que las organizaciones no gubernamentales nos den una mano. En cuanto al local para el instituto o centro de capacitación, pasa algo bastante parecido. Pertenece a la UTU y nosotros lo rescatamos para darle una función útil pero no pudimos hacer más hasta el momento. Fuimos a hablar con la dirección de UTU y allí nos dijeron que todo estaba muy bien, que la idea era muy buena, pero no nos dieron ninguna solución concreta. Seguimos esperando, pero mientras esperamos todo se hace más difícil. Tres Arboles sigue con sus carencias y –día a día– se aleja un poco más del futuro mejor que se merece. Hay mucha gente que nos puede ayudar en cantidad de cosas y necesitamos que lo haga, sobre todo para darle un porvenir digno a la juventud del pueblo. Esa es nuestra esperanza, nuestra ilusión».
Tal vez el Ministerio de Educación y Cultura, el Codicen, las intendencias de Río Negro y Paysandú, la propia UTU o cualquier grupo de gente dispuesta a ayudar haga algo algún día por Tres Arboles, que aún cree y espera.
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