El Uruguay solidario
«La nota me llegó al corazón y pensé que lo menos que podía hacer era ayudar todo lo que pudiera a esa escuela que precisa tantas cosas», dijo ayer el donante, Marcelo Villamil, conocido comerciante de Paysandú.
Villamil, quien es propietario de un autoservice en la capital departamental, ya ha encabezado otras campañas de ayuda humanitaria a modestas localidades de zonas afectadas desde hace varios años por serias necesidades de todo tipo. El mismo día en que salió la nota, Villamil se contactó telefónicamente a través de LA REPUBLICA con el único maestro de la escuela, Martín Sosa, para concretar la entrega de los útiles, que llegarán a Tiatucura entre el sábado y el domingo próximo.
La escuela, cuyo alumnado está compuesto por l4 niñas y l2 varones, estaba sufriendo un grave déficit de material educativo que el gesto de Villamil permitirá paliar, al menos por un tiempo, según informaron en la víspera habitantes de Tiatucura, donde viven poco más de 100 personas.
«El maestro está loco de alegría y también toda la gente de aquí por esta donación que vino como consecuencia de la nota que ustedes publicaron», dijo Susana Raquel Manzini, encargada de la estación de Antel del pueblo.
Del olvido a la solidaridad
La triste realidad que padece Tiatucura, una pequeña comunidad rural ubicada en el sureste de Paysandú, que denunció LA REPUBLICA en su edición del pasado lunes, motivó que varios sanduceros se comunicaran con la redacción de nuestro diario.
La corriente solidaria se concretó en ofrecimientos de materiales y conocimientos, para ayudar a los habitantes de esta localidad, integrada por unas 100 personas, a emerger del olvido que la indiferencia les ha impuesto.
La oscura noche en la que está inmersa Tiatucura, ubicada a unos 170 kilómetros al este de la capital sanducera, linda más con un film bizarro de Ed Wood que con la realidad. De hecho, el cementerio del pueblo se encuentra completamente abandonado, con cráneos y huesos expuestos en la superficie, tumbas olvidadas y restos de niños amontonados en latas de galletitas.
La escuela no ha tenido mejor suerte. Una treintena de alumnos concurren diariamente. Allí Martín Sosa, el único docente con que cuenta el centro de estudios, dicta todas las clases que abarcan los seis grados, enseña música y Educación Física. En reiteradas oportunidades, los habitantes de Tiatucura han solicitado otro docente más, pero, hasta el momento, sin suerte.
Cuando para muchos la solidaridad parece ser una vocación en vías de extinción, el artículo publicado por LA REPUBLICA motivó que varios sanduceros respondieran de inmediato al clamor de auxilio de los habitantes de la pequeña comunidad.
En efecto, en las últimas horas, a la donación que efectuó este fin de semana el comerciante Villamil, se le suman varios llamados desde la histórica Paysandú, ofreciendo materiales y conocimientos para ayudar a sus pobladores.
Una de las llamadas fue realizada por una médica y profesora de Secundaria, que se ofreció para concurrir todos los fines de semana para ayudar a Sosa a dar clases extra.
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