El actor cómico dice que "las cosas más profundas a veces se dicen a través del humor"

Luis Orpi: Todos tendrían que estudiar teatro como terapia

Se ganó la vida durante ocho años en la fábrica textil de su padre. A partir de entonces comenzó el oficio del tapiz artesanal con un ingreso irregular pero con la satisfacción de que esas obras recorrieran el mundo en pedidos del exterior a través de catálogos. «En ese momento me encantaba lo que hacía. El trabajo en tapiz es una tarea preciosa en la que hay que tener buen gusto, saber diseñar y tener manualidad».

El teatro surgió en 1983 de la mano de Bebe Cherminara, quien lo marcó para toda su vida y le dio la mayor oportunidad con » La Cantante Calva» en el 84.

Alcanzó la popularidad a través de un aviso interpretando a un mecánico chanta y fue ese personaje el que lo llevó a integrar el elenco estable de Decalegrón desde hace cuatro años y a ganarse el reconocimiento de la gente a nivel masivo.

Además de su trabajo en televisión Luis Orpi encabeza un espectáculo en Subterráneo Magallanes desde hace seis años. Se trata de un unipersonal encarnando a «Solange» una mujer que presenta a seis stripers y en un monólogo pícaro y divertido cuenta las peripecias de una mujer y sus relaciones amorosas.

«El espectáculo de Café Concert para mí es muy importante por el vínculo directo con el público. Se crea una retroalimentación con la gente y para mí como actor es importantísimo mantener esa conexión».

–¿Hay que ser gracioso para trabajar con el humor?

–No necesariamente, porque existe el humor de ajedrez que se parece más a la comedia que a la comicidad donde se apunta fundamentalmente al texto y a la buena actuación.

Hay muchos tipos de humor. A mí hay muchas cosas que me hacen reír y que disfruto. Lo que no me parece bueno es cuando se le toma el pelo a la gente. Para hacer reír hay que aprender primero a reírse de uno mismo y tratar de ver la vida a través del humor. No hay que ser tan rígido sino saber parodiar. Ahí está la clave.

–¿Cree que el sentido del humor se relaciona con la inteligencia?

–¡Sí! Sin duda. La gente que tiene humor sabe ver la vida de otra forma y es más sana y creo que más inteligente. Las cosas más profundas a veces se dicen a través del humor que es la mejor manera de que lleguen a destino, porque tienen la doble condición de hacerte reír y hacerte pensar.

–¿Utiliza su sentido del humor como defensa de ciertos aspectos de su vida personal para encarar la vida?

–Sí. También lo utilizo para esconder aspectos como la timidez y no sólo es mi caso sino que es algo que pasa muy frecuentemente. En general se asocia al cómico con la melancolía porque muchos artistas han muerto o han tenido una vida lúgubre, pero esa no es la regla.

Todos en algún momento de la vida tendrían que estudiar teatro como terapia y como regocijo. Habría que jugar a hacer teatro para sacarnos lo acartonado y rígido que llevamos en la vida diaria.

–¿Cree que podría desenvolverse tan cómodamente en el escenario con el drama como con el humor?

–No lo sé, siempre me quedó esa duda. Con Cherminara siempre hicimos obras importantes pero con la tonalidad humorística de lo ácido y de lo profundo.

Yo considero que todavía me falta el desafío de saber si yo puedo llevar a cabo otro tipo de actuación. Para mí sería un desafío muy grande pensar en interpretar un género dramático…..

–¿Siente que marca un perfil diferente dentro del esquema de Decalegrón?

–No, yo no puedo decir eso. Creo que a partir del comercial del mecánico llegué a la televisión y empecé a tener el reconocimiento de la gente a nivel masivo. Yo no puedo decir que mis personajes tengan un ángel especial, creo que aunque sé que hacer humor es difícil a mí me resulta fácil trabajarlo porque la gracia me brota espontáneamente.

–¿Cuáles son los mecanismos para hacer reír a los uruguayos?

–Hay muchos parámetros para hacer humor. Creo que la comicidad no se enseña sino que se trae. Todo depende de la gracia en la interpretación, los libretos y la creatividad. Para mí uno de los mejores cómicos fue Alberto Olmedo pero también reconozco al buen comediante como Tom Hanks o Demy Moore. Creo que el cómico es el que le aporta más al personaje porque tiene más posibilidad de recurso.

–¿No cree que la dinámica de los programas de humor nacional se ha quedado en el tiempo sin renovarse?

–Tal vez les falte un poco más de dinámica pero también creo que si los comparamos con los programas argentinos siempre van a ser diferentes porque nosotros no somos tan ácidos. Yo me río muchísimo con algunos personajes de Video Match pero también considero que Espalter es un maestro. A medida que pasa el tiempo las necesidades del público van cambiando y los espectáculos deben acompañar esos cambios. Creo que Decalegrón apunta a la renovación, agilidad y dinámica.

–¿Por qué si hay diferencias en el estilo de hacer humor con respecto a los enlatados que vienen de Argentina, éstos se consumen a veces más que los nacionales?

–Lo atribuyo a que ellos tienen muchas opciones que ofrecer y siempre va a haber una que nos guste o nos identifique un poco. No me canso de decir la necesidad que tiene nuestro país de incrementar los programas nacionales. No sé si el humor que viene de afuera es más o menos chabacano o grosero. Lo que creo es que al actor uruguayo no se le permite tanto. El público nuestro no quiere ver al actor que diga malas palabras.

Telecataplum marcó una época sin chabacanería y con grandes maestros. La televisión tiene que hablar nuestro propio idioma. Hoy el teatro y el café concert es para una elite, el artista es realmente popular a partir de la televisión.

–¿Le cuesta al uruguayo reírse de sí mismo, somos grises como nos pintan popularmente?

–El uruguayo no es gris. Todo depende del momento. Yo hago muchas fiestas privadas y veo el comportamiento de la gente. El Subterráneo Magallanes es un ejemplo claro de que la gente quiere reírse. Basta con ir al Estadio y se ven las salidas de la gente en sus dichos más populares…

–¿No somos reprimidos?

–Sí, claro. Los uruguayos somos reprimidos, tenemos que aprender a ser espontáneos. Yo creo que no nos animanos a más por la influencia de la presión de los papeles impuestos por la sociedad. El humor y la forma de ver la vida es un estilo con el que se nace, eso no se enseña sino que se trae.

Tal vez tampoco nos ayude el clima y eso se nota en el humor de los caribeños. La condición económica y los conflictos interpersonales son determinantes e influyen en el estado de ánimo, pero creo que también el uruguayo es contra y quejoso. Creo que hay que utilizar más el humor como defensa para alivianar los problemas de la vida diaria y para sentirse mejor. Tienen que animarse más.

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