Obispos de la región denunciaron alto costo social de la deuda externa

Pobreza y degradación

En el marco del XVI Encuentro de las Diócesis de Frontera, representantes de la Iglesia analizaron durante dos días los efectos negativos para la población del pago de esos créditos internacionales, suma que representa el 40% de las exportaciones de Argentina y Brasil y el 15% de Uruguay.

En el año Jubilar, medio centenar de católicos de la región se reunió entre el 30 y 31 de mayo en el litoral uruguayo, para intercambiar experiencias en torno a los problemas comunes de la región.

En el encuentro, participaron los obispos de Concordia, monseñor Héctor Cardelli; Uruguayana, monseñor Angelo Domingo Salvador; Melo, monseñor Luis del Castillo; Tacuarembó, monseñor Julio Bonino; y Salto, monseñor Daniel Gil.

El Encuentro de las Diócesis de Frontera fue proyectado a mediados de la década de los 90, con la finalidad de buscar caminos comunes a los desafíos del Mercosur.

Ayer, la preocupación de los religiosos estuvo centrada en los países pobres que destina gran parte de sus recursos al pago de la deuda externa, aporte que –según manifestaron– tiene una incidencia negativa en el crecimiento y la calidad de vida de los habitantes del cono sur.

El obispo de Uruguayana, monseñor Angelo Salvador, manifestó a LA REPUBLICA, que los habitantes de su diócesis soportan el crecimiento del éxodo rural, añadiendo que los agricultores deben sobrevivir ante la constante caída del precio de sus productos. El prelado puso el ejemplo de la producción del arroz, que el pasado año se cotizaba a 21 reales por bolsa de 60 kilos, mientras que ahora se comercializa a mitad de precio.

En Concordia, Argentina, la Iglesia percibió graves signos de violencia, inseguridad y desempleo, al tiempo que en Salto, Melo y Rivera hay graves dificultades en la adjudicación de viviendas y una permanente caída en la calidad de la educación y la salud.

Las iglesias argentinas, brasileñas y uruguayas concluyeron en Salto que el esfuerzo que implica el pago de los intereses bancarios genera pobreza, un atraso considerable en varios indicadores sociales y «la degradación de una parte importante de nuestros pueblos».

Los participantes del encuentro solicitaron la condonación de la deuda a los países poderosos y organismos financieros internacionales, alineándose a la propuesta de Juan Pablo II.

Advirtieron que, desde el punto de vista ético, las deudas deben ser pagadas. «Sin embargo, para el caso del tercer mundo, hay razones políticas, sociales, económicas y éticas, que nos llevan a calificar de injusta la mayor parte del endeudamiento externo de nuestros países».

Manifestaron su preocupación por la denominada «cultura consumista generadora de endeudamiento», que, a entender de los católicos, «se expresa no sólo en nuestros gobiernos sino además en el comportamiento cotidiano de muchas familias».

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