La nuera de Gelman estuvo en el Batallón 13
María Claudia García de Gelman, la nuera del poeta argentino Juan Gelman, fue trasladada al Batallón de Infantería No. 13 y pudo ser enterrada allí por el ex soldado Ariel López Silva, quien en los años 1985 y 1997 afirmó que en esa unidad le fue ordenado inhumar cuerpos, entre ellos el de una mujer. Las indagatorias en torno a la denuncia judicial que por el caso Gelman se realizarán en el juzgado penal de 2o. Turno a cargo del juez Gustavo Mirabal, permitirían poner luz sobre el destino de esta ciudadana argentina, que no tenía militancia política alguna en Uruguay, pero fue desaparecida luego de dar a luz una hija.
Mirabal decidió en los últimos días no archivar el caso Gelman, como pretendía el fiscal Enrique Moller, porque a diferencia de otros casos de desaparecidos, la denuncia sobre María Claudia García nunca llegó a instruirse, ni se pidió al Poder Ejecutivo un pronunciamiento para ampararla en la Ley de Caducidad.
En ese contexto, LA REPUBLICA divulga hoy información de distintas investigaciones realizadas por su cuerpo de periodistas con el objetivo de dar al magistrado y a la opinión pública elementos sobre los que basarse para esclarecer lo ocurrido con la nuera de Juan Gelman.
La investigación del Caso Gelman
A fines de 1999, LA REPUBLICA publicó los resultados de una investigación periodística que, en forma paralela a la realizada por el poeta argentino Juan Gelman, permitió recuperar la identidad de la hija de María Claudia García de Gelman e identificar a los militares responsables de su destino final.
María Claudia había sido secuestrada junto a su esposo, Marcelo Gelman, en Buenos Aires el 28 de agosto de 1976. Permaneció detenida en el centro clandestino de reclusión «Automotores Orletti» hasta mediados de octubre de ese año cuando fue trasladada, embarazada, a Uruguay.
En Montevideo, permaneció recluida en la sede del Servicio de Información y Defensa (SID) con sede en Bulevar Artigas y Palmar. De allí, a principios de noviembre habría sido llevada al Hospital Militar, donde dio a luz una niña. Luego volvieron a llevarla al SID donde permaneció hasta el 22 o 23 de diciembre de 1976.
En esa fecha, en la que se liberó a otros uruguayos que también habían sido detenidos en Argentina, fue retirada de la sede de inteligencia militar por el entonces mayor Ricardo Arab y el coronel Rodríguez Buratti, quienes le comentaron a un soldado de guardia: «A veces hay que hacer cosas jodidas…»
La información obtenida por el equipo de investigación de LA REPUBLICA permite afirmar que de allí fue trasladada a una base clandestina de detención denominada «Valparaíso» en el barrio Villa Dolores, y posteriormente, según indicaron varias fuentes militares, fue ejecutada por el capitán de coraceros Ricardo Medina, alias «El Conejo».
Esta versión fue ratificada por el propio Presidente de la República, Jorge Batlle, quien tiempo después le dijo al senador Rafael Michelini que conocía el nombre del asesino de María Claudia: el mismo Ricardo «Conejo» Medina, que había sido secretario del senador Pablo Millor en el Parlamento. De acuerdo con las versiones de fuentes militares y policiales a las que accedió LA REPUBLICA, el cuerpo de María Claudia fue sepultado en el Batallón 13º de Infantería en una tumba individual, que no habría sido removida tiempo después cuando se realizó la llamada «Operación Zanahoria».
Según las fuentes, el cuerpo de Maria Claudia fue enterrado con un procedimiento muy especial: adentro de un tambor (tanque de metal) rellenado con cal.
Las fuentes, las mismas cuyos datos como culminación de una investigación de nueve meses permitieron ubicar a la nieta de Gelman, aseguran que el cuerpo de María Claudia estuvo enterrado en el predio del Batallón 13 de Infantería. En el Batallón 13 de Infantería, que está ubicado en la calle Instrucciones, funcionó el centro más grande de tortura del Uruguay. Se le conoció con la elocuente denominación de «Infierno Grande» y se trataba de un inmenso galpón donde eran torturados cientos de detenidos a la vez.
El «Infierno Grande» dependía directamente del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) en el que tenían mando directo el coronel Regino Burgueño y el coronel José Nino Gavazzo.
El testimonio del soldado López
Durante años, Ariel López Silva, conocido como «el caminante» –porque llegó al cuartel de Avenida de las Instrucciones a pie desde su natal Tranqueras– ha reiterado la versión de que mientras cumplía servicios en esa unidad militar le mandaron enterrar al menos cinco cuerpos de detenidos políticos.
El 22 de mayo de 1985, López Silva realizó su primer testimonio ante el Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (Ielsur).
Allí indicó que prestó servicios en el S2 (inteligencia) en el Batallón 13 de Infantería donde le ordenaron abrir tumbas y sepultar cadáveres a los que echaba cal viva.
Su testimonio fue presentado ante la Justicia penal e integrado a la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados que entonces indagaba sobre la situación de los desaparecidos.
En abril de 1997 la revista Posdata volvió a entrevistar a López Silva, quien reiteró sus declaraciones.
Las órdenes, según indicó, les fueron dadas por el teniente García y por el sargento primero González.
A cargo de la unidad se encontraba el entonces mayor Lami, encargado del S2 del Batallón de Infantería 13. López Silva y otros soldados fueron dados de baja en 1979 por «sacar correo» de un preso.
En este tiempo, la confesión de López Silva siempre se relacionó al caso de la maestra Elena Quinteros, secuestrada de los jardines de la embajada de Venezuela el 28 de junio de 1976, quien luego fue vista en el centro de represión «300 Carlos» ubicado en el 13 de Infantería.
Nilka Regio y Cristina Marquet Navarro, detenidas en el lugar aseguran haber visto a Quinteros. El testimonio coincide con el del ex soldado Sergio Pintado Otero, quien declaró en 1999 ante el doctor Jorge Marabotto de la Suprema Corte de Justicia que la maestra fue enterrada «en la plaza central» de ese Batallón. Sin embargo, las fechas que menciona López Silva –fines de 1976 y principios de 1977— y el lugar en el que dice haber excavado las tumbas –«detrás de la cancha de fútbol, junto a unos árboles» y «a la derecha de la cancha, donde había una cabaña»– sugiere la posibilidad de que el cuerpo que enterró no fuera el de Elena Quinteros, sino el de María Claudia. *
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