"La represión contra la interrupción del embarazo aparece a partir de la dictadura; antes era un hecho natural"
–Vivimos en un mundo bastante complejo. Estamos enfrentados al problema del Sida, estamos discutiendo el tema del aborto, allá en Tucumán los niños se mueren de hambre, aquí comen pasto, hubo ollas populares en la zona del Palacio Legislativo… Como que el desafío de la vida se está planteando de forma dramática, ¿no?
–Uno tiene la sensación de que el mundo se percibe de tal manera, que las cosas y los dramas siempre le suceden a los otros. Estamos en una sociedad fracturada, donde la enorme mayoría no se siente integrada con toda esta problemática. El Sida le sucede «a otros», los contaminados es «cosa de otros», el tema de la despenalización del aborto o de incriminar a la mujer que toma esa resolución dramática, eso le sucede a ella porque «hizo tal cosa». De manera que no asumimos que todos estamos inmersos en el mismo mundo y que en un momento en que las instituciones aparecen como omisas, la sociedad en su conjunto tiene que asumir el enfrentar los problemas. Ninguna institución, por sí misma, sin auxilio de la comunidad, puede enfrentar la solución de los problemas. De ahí la importancia de que se cambie esta situación.
Cuando tratamos en Cámara, por primera vez, el tema del aborto decíamos que hay que entrar a quitar velos, porque algunos lo miran desde el ángulo de la política, otros desde el ángulo de la religión, otros desde las conveniencias o de ver todo lo atinente al área sexual, como algo sucio, donde aquellos que se internan en el área sexual reciben el castigo por sus pecados. Nosotros creemos que ninguna de estas posiciones responden a la realidad del tema, porque hay que encararlo desde la epidemiología. Y la epidemiología nos dice que tenemos el récord mundial de mujeres muertas por abortos practicados en situaciones de clandestinidad. La principal causa de mortalidad de las mujeres en Uruguay, en relación a la maternidad, está relacionada con ese aborto practicado en malas condiciones, en un ambiente totalmente inadecuado por personas sin capacitación técnica, donde la resolución de la mujer nos está indicando que ha adoptado una actitud sumamente dramática, porque sabe que corre muchísimo más riesgo que si tuviera capacidad de pago para contratar otro servicio.
–¿Cuándo se enfrentó por primera vez al tema del aborto?
–Yo nací en casa de un médico en que se hablaban de esos temas. A nivel social, a nivel de la comunidad, se tomaba como un hecho natural. Nadie visualizaba la interrupción del embarazo por actividad del médico, como un hecho criminal, a pesar de que ya estaba vigente la ley que la incriminaba. Esa era la visión que yo tenía como escolar.
–¿Era un hecho natural?
–Sin duda. Mi impresión es que ha habido, progresivamente, un agravamiento de la incriminación hacia la mujer. Recuerdo, en mi vida de médico, a una mujer que me consulta por una determinada erupción, que terminó siendo una rubéola. Se le hacen los análisis correspondientes, se confirma que es rubéola, pero se detecta también un retraso menstrual. Se confirma luego que está embarazada y se le explican todas las consecuencias que puede generarle esa enfermedad en el primer trimestre de embarazo. Esto ocurrió en plena dictadura, que estaba reprimiendo a todos los que tradicionalmente realizaban interrupciones de embarazo. Recuerdo las lágrimas de la mujer porque no sabía qué hacer. Pero hay que recordar que en los años previos a la dictadura ese problema no existía. Venía la señora y uno la orientaba, para que fuera a gente capacitada para interrumpir su embarazo.
–Como con la ley seca ¿vino la represión y con ella el gran negocio clandestino de la venta de alcoholes?
–Claro, claro… La represión contra la interrupción del embarazo aparece a partir de la dictadura. Y una demostración de que esto es una secuela de la dictadura, es que no lo debatimos hasta ahora. Por eso, salga como salga la próxima votación en el Parlamento, ya dimos un paso hacia delante enorme al colocarla en la atención pública.
Yo insisto que este es un tema de salud pública y que hay una epidemiología que nos indica una alta tasa de mortalidad. Respetamos todas las posiciones desde el ángulo religioso, desde el ángulo político, pero tenemos que desarrollar una acción para que disminuya la tasa de mortalidad.
–Pero también está en juego el tema de la vida. Con el aborto se está matando a un embrión humano.
–Esta ley le está quitando el carácter de criminal a la mujer que decide interrumpir su embarazo. Con la normativa legal actual, hasta la demostración de lo contrario, tanto la paciente de la mujer embarazada como quienes a su alrededor intervengan facilitándole la realización del aborto, son cómplices. Nosotros lo que estamos proponiendo con esta ley de defensa de la salud reproductiva, es que esa mujer, hasta demostración de lo contrario, es inocente. Y que quienes la ayudaron técnicamente para resolver en forma adecuada esta problemática, hasta demostración de lo contrario, no son culpables de ningún delito. Son culpables de algún delito, de acuerdo a esta ley que estamos defendiendo, se comete la interrupción del embarazo fuera de las condiciones que establece la ley: después que han pasado 12 semanas de transcurrir el embarazo o cuando es un feto o embrión sano y se interrumpe fuera de ese plazo. Fuera de ese plazo, solamente se admite la interrupción del embarazo cuando se trata de una malformación grave. Uno de los dramas actuales es que se le hace el diagnóstico prenatal de mal formación grave del feto, pero no se puede interrumpir.
Es claro que el hecho de interrumpir el embarazo no es banal y es repugnante, es crucial en la vida de la mujer, pero nosotros nos negamos a plantear el tema exclusivamente alrededor del aborto. El tema hay que plantearlo alrededor del ser humano que es la mujer, quien tiene igualdad de derechos frente al hombre. Porque estamos librando toda una batalla dialéctica sobre los cuerpos de las mujeres. El objetivo que persigue la bioética en una sociedad pluralista y democrática, es que sean respetadas las visiones de los otros. Y que aquellos que no tienen capacidad de hacer oír su voz, sean respetados en sus derechos. Porque una mujer que vive el drama de hacer estudiar a un hijo y aparece un embarazo, su drama se el aumenta porque hace el cálculo de lo que puede costar el nuevo hijo y que el otro va a tener que dejar de estudiar. Ese es un drama que desarrolla una mujer en situación de crisis, que muchas veces lo ignora la familia. Así como hablamos de aquella mujer con lágrimas en los ojos porque quedó embarazada teniendo una rubéola, también hablamos de las lágrimas de los hijos que han perdido a la madre o que tienen una madre que ha sufrido mutilaciones por pérdida del útero, con pérdida de fertilidad. Por eso estos temas tenemos que abordarlos con mucha humildad, con mucho respeto, porque desde nuestro confort y de las posibilidades que tenemos, no podemos adoptar actitudes de perdona vida ni de juez, frente a otros que van sufriendo la vida como un calvario. Es que hay mujeres de nivele sociales muy bajos que viven la vida sexual como un verdadero drama, en donde no tienen satisfacción, donde no disfrutan el sexo. Entonces, cuando nosotros las estamos catalogando de posibles criminales por el hecho de tener que cargar con un embarazo que no han buscado, que han sido víctimas de la relación de poder del acto sexual, no podemos cargarle una pena más a esa mujer que está viviendo estas circunstancias, siempre, en forma dramática.
–¿Hay presión sobre los legisladores para que no voten la ley?
–No sé cuántos correos electrónicos estarán llegando por día, pero son muchos. Aparte
las consultas, las llamadas telefónicas, los videos, los volantes en la puerta del Palacio Legislativo, volantes de papel satinado de muy alto costo.
Ahora resurge el tema de la educación sexual y todos somos testigos de que ha habido varios intentos de que ingrese a la enseñanza institucional, tanto en los programas de Primaria como Secundaria y nunca se ha podido llevar adelante. Un modesto libro que sacó Secundaria hace unos años, armó un bruto escándalo. Si al ser humano, desde chico, le enseñaron que todo lo atinente con el área sexual era sucio, va a seguir reaccionando de adulto como si fuera un área sucia. Y, entonces, la más leve insinuación sobre el tema le resulta totalmente insoportable. Cuando dábamos cursos en las escuelas lo hacíamos en forma de asistencia libre, porque habíamos visto que había chicos que no soportaban ni hablar del tema.
Este es también un tema complejo. Por eso la bioética dice que no haya un sector que imponga sobre otro su punto de vista, sino que haya una solución de consenso para que nadie se sienta víctima de aquellos que tienen poder.
–Vuelvo atrás. Los que niegan la ley dicen que se está habilitando a matar un vida humana…
–Si, si (se molesta), actualmente se está matando dos vidas humanas: la de la madre y la del que está por venir. Es que no sabemos cuántas han muerto. Un día aparece una enterrada y al tiempo aparece otra en el mismo lugar otra y huesos de un tercer cadáver. Lo que estamos diciendo es que aquella mujer que va a recorrer toda esa dramática situación, que son las que tienen menores recursos económicos, menor apoyo social y que vive todas estas instancias como víctima, vamos a hacerle una ayuda. En Francia, desde la legalización y desde que establecieron la semana de reflexión, el número de maniobras abortivas disminuyó en un 40%, porque la mujer reflexiona, se le informa y se le apoya con programas y entonces no se llega al aborto. Nuestro objetivo es disminuir la situación de riesgo de la mujer, que actualmente está muriendo. Hoy no sabemos cuantos abortos se hacen en nuestro país y eso es muy grave.
Si una misma persona me dice que no se puede hacer un aborto, que no se puede apoyar con métodos anticonceptivos y también me dice que no puede tener relaciones sexuales más que para procrear, creo que no me está hablando del mundo real en que vivimos. No sé si queda claro…(se ríe).
–¿No tiene miedo que dentro de 20 años la ciencia diga que un embrión, a las dos semanas, era una persona con sentimientos, que pensaba?
–No, yo a lo que le tengo miedo es que dentro de 20 años digan que esta sociedad, en que las mujeres pobres se le morían y las enterraban, nunca hizo nada para modificar ese problema. Eso sí que preocupa. Tenemos que resolver la mortalidad materna por aborto practicado en malas condiciones. Claro que tenemos que evaluar todo lo que puede aparecer a consecuencia de una ley. Pero en este momento lo que hay es ocultamiento, criminalización, eso está atando de manos a los médicos para que realicen una investigación y un seguimiento adecuado. Porque la mujer, cuando ve que aparece su embarazo, se desespera y se dispone a solucionarlo en soledad y según su capacidad de sus medios, ignoramos ese drama y no sabemos cuáles fueron las consecuencias. Si establecemos mecanismos de ayuda y de apoyo, esa mujer va a ir a buscar y vamos a empezar a conocer la dimensión real del problema. Y ahí, si es necesario, haremos una nueva ley.
–Usted es fundador del Frente Amplio. En 1971 se hablaba mucho de la alianza de marxistas y cristianos, de ateos y creyentes, y que las diferencias sobre el destino último del hombre, se ponían a un lado porque existían acuerdos sobre lo que había que hacer en la tierra. Ahora, en el Encuentro Progresista, marxistas y cristianos no están de acuerdo con algo muy terrenal que es el tema del aborto. Hoy hay desencuentros…
–Pienso que esos desencuentros también se expresan dentro de los marxistas y dentro de los cristianos (se ríe). Por eso este tema solo se debe discutir desde el ángulo médico-sanitario y por eso pudimos llegar a este proyecto de ley.
En la historia de la humanidad el tema del relacionamiento de algo que tenga que ver con el sexo y la reproducción, siempre ha sido muy debatido. No hemos hablado, por ejemplo, de la relación de poder del sexo masculino sobre el sexo femenino, cuando la relación sexual, en la mayoría de los casos, es una relación de poder.
–¿Con este proyecto de ley ustedes no están estableciendo una relación de poder sobre quienes piensan distinto?
–Es muy sencillo: esto no obliga a interrumpir el embarazo a nadie. Solo le decimos a la mujer que ha resuelto interrumpir el embarazo o que está complicada por haber interrumpido el embarazo, que va a poder ir con tranquilidad al médico que no va a ser denunciada porque no cometió un delito. También puede ir al médico a pedir asesoramiento para hacerse un aborto.
–¿Se puede decir que después del gran debate sobre la laicidad, este es el segundo gran debate filosófico de los uruguayos?
–Es un gran debate, si. Esto ya es muy positivo, porque las sociedades creadoras son dialécticas. Por eso es tan importante el que empuja un proyecto, como el que se opone, porque de esa relación dialéctica surge la producción jurídica y científica. *
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