Hace 22 años los uruguayos decían NO

El 30 de noviembre de 1980 amaneció con el cielo cubierto, un alto porcentaje de humedad y viento fuerte; un día propio del otoño más que del final de la primavera que marcaba el almanaque.

El domingo 30 de noviembre de 1980 no fue una jornada común y corriente para los uruguayos que volvían a las urnas después de 9 años de obligado silencio.

El 30 de noviembre de 1980 hubo 1.652.294 uruguayos que concurrieron a las urnas a votar en el plebiscito constitucional que había convocado la dictadura cívico-militar que presidía, formalmente, Aparicio Méndez. El objetivo de la convocatoria era reformar la Constitución vigente desde 1967 para legalizar el régimen que había quebrado las instituciones democráticas en 1973, cuando, bajo la presidencia de Juan María Bordaberry, los militares irrumpieron en el poder.

La dictadura confiaba en que el pueblo masivamente iba a apoyar su propuesta representada por la papeleta celeste del SI. Para ello contaba no sólo con el apoyo de la mayoría de los principales medios de comunicación que el país tenía en aquel momento, sino que también desarrolló una masiva campaña propagandística sobre las bondades de la reforma, la que llegó a niveles de saturación.

La abundante publicidad por el SI, que pretendió atemorizar a la población con imágenes que mostraban un regreso al pasado de enfrentamientos, con vehículos incendiados, con muertos en las calles, se estrelló contra el NO, identificado por la papeleta amarilla, y que apoyaban varios de los principales líderes de los partidos tradicionales y toda la izquierda. De un lado estaba el poder militar, arrogante, el que se sentía vencedor y al que no se le ponían condiciones, y que contaba con el apoyo de algunos civiles que se cobijaron bajo su ala y del otro lado había ciudadanos comunes, que sólo contaban con un arma que a la postre resultó ser fundamental: la razón.

El domingo 30 de noviembre la Comedia Nacional tenía en cartel la obra de Ira Levín «Trampa mortal». En el teatro del Notariado, en tanto, se estaba exhibiendo «El enemigo del pueblo» de Henrik Ibsen.

Si los militares hubieran sido cabalistas y le hubieran prestado atención a las señales que emitían esos dos títulos teatrales no habrían convocado al plebiscito. No se habrían creído, en suma, su propio cuento, habrían dudado del pronóstico de la Gallup, en exceso optimista, que otorgaba un 60% de apoyo popular al SI. La realidad fue diferente, diametralmente distinta: el 57% apoyó el No y 42% el SI. *

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