Acta fundacional de la Nueva Mayoría
LA REPUBLICA accedió al documento que, el lunes, discutirá la Mesa Política del FA, en un paso más en la institucionalización del compromiso que los dos sectores comenzaron a transitar a comienzos de este año. El texto fue acordado por una comisión conjunta de ambas fuerzas. Los dos partidos harán la declaración pública en los primeros días de diciembre. a continuación en forma textual el contenido del documento:
DOCUMENTO MARCO
«Ha llegado la hora del cambio.
Late en el seno de nuestro pueblo la convicción de que la sustitución de los partidos tradicionales en el gobierno es ahora no sólo posible, sino necesario y además un imperativo de la consolidación democrática. Ha llegado el momento de que una nueva mayoría política, con otra orientación, otras propuestas, otros responsables y otras energías, se haga cargo de la tarea de reconstrucción, imprescindible para superar la honda crisis y para conducir a nuestro país y a nuestro pueblo a un destino mejor.
Las fuerzas políticas que suscriben, sin ocultar las diferencias que las han separado en el pasado, pero conscientes de sus tradiciones políticas convergentes, de los cambios en la visión del país y de la gravedad de la hora que se vive, han acordado iniciar el trabajo de elaboración de una propuesta programática común, considerado el primer paso de un proceso dirigido a culminar en la alternancia democrática en las elecciones del último domingo del mes de octubre de 2004.
Nos anima la convicción que este proceso es posible porque no está basado en estados de ánimo transitorios, o en tendencias coyunturales y volátiles de la opinión pública. Los uruguayos saben hoy, diecisiete años después de recuperar las instituciones democráticas, que cuatro sucesivas administraciones de los partidos tradicionales, unidos siempre para compartir el gobierno y la administración del Estado, se han mostrado incapaces de orientar al país por la senda de un desarrollo sostenido, necesario para mejorar la calidad de vida y el bienestar de los uruguayos.
Durante ese largo período, se han aplicado sistemáticamente opciones de política económica y social que han supuesto la destrucción de gran parte de nuestro aparato productivo y han generado un dramático deterioro del tejido social. Desaparecida la favorable relación de precios respecto a los socios del Mercosur, la crisis incubada durante la década de los 90 se transformó en recesión a fines de 1998 y explotó este año en depresión económica y crisis financiera, acelerando la quiebra masiva de productores y empresas, elevando los índices de desempleo, de pobreza y de endeudamiento del Estado a niveles inéditos en nuestra historia.
Sin desconocer que varios acontecimientos externos impactaron desfavorablemente sobre nuestro país, no puede perderse de vista que la incompetencia y el dogmatismo del gobierno no han hecho más que agravar la situación. Asistimos a una gestión gubernamental ineficiente al extremo, sorda y ciega a toda propuesta que se aparte de los esquemas dictados por el pensamiento único, que ha terminado por sumir al país en un proceso de decadencia que parece no tener fin. La crisis que estamos padeciendo desborda ahora ampliamente a lo económico para afectar gravemente al sistema de valores en que se asienta la propia comunidad nacional. Toda una ética del trabajo, el respeto por la verdad y por la ley, la honestidad y la solidaridad, que fueron guías de la conducta colectiva y características distintivas de nuestra sociedad, están hoy más que nunca en riesgo. La tolerancia, la integridad y la responsabilidad como referencias básicas del comportamiento social deben ser recuperadas y reafirmadas. Es necesario asegurar la continuidad histórica de estos valores, que conformaron nuestra propia identidad nacional, porque ello es imprescindible si el objetivo es alcanzar, colectivamente, como pueblo, un destino mejor.
Por ello, a lo largo de los últimos meses, las fuerzas políticas que suscriben, procediendo con lealtad institucional y responsabilidad política, conscientes de la gravedad de la situación, han formulado al gobierno reiterados llamados a abrir un diálogo nacional tendiente a buscar salidas apoyadas por todos los actores políticos, sociales y económicos, de la producción y del trabajo. Han propuesto una y otra vez soluciones en el plano legislativo y, en diversas ocasiones, han presentado propuestas para atender la emergencia productiva y social, que garantizan la equidad en la distribución del esfuerzo. El gobierno, encerrado en una actitud dogmática, se ha negado a considerar estas propuestas y ha seguido en todos los casos una política de hechos consumados. Hoy nuevamente ratificamos nuestra voluntad de continuar analizando y proponiendo soluciones para atender la delicada situación por la que está atravesando nuestra sociedad. Reiteramos el llamado a un diálogo sin exclusiones y manifestamos nuestra voluntad de acompañar todas las medidas que conduzcan efectivamente a la reactivación de la economía y la defensa del trabajo nacional.
Sin perjuicio de ello, es evidente que de la crisis que padecemos sólo podrá salirse de un modo definitivo renovando la confianza en la capacidad transformadora de la política, una política saneada de clientelismos y electoralismos y entendida como lo que debe ser: la construcción colectiva de la cosa pública, dirigida a conciliar en la medida de lo posible las aspiraciones y necesidades de una comunidad nacional compuesta de diversos y múltiples actores.
No habrá soluciones de fondo si no se cambian los esquemas de política económica y social rígidamente aplicados por los partidos que han gobernado desde el retorno a la democracia. Y para que ello ocurra, es necesario que en la próxima instancia prevista constitucionalmente se produzca un relevo en la conducción política del país.
El gobierno del cambio será por definición el gobierno del diálogo, de la apertura al debate de ideas y de la sensibilidad ante los desafíos de una realidad en continua y rápida transformación. Un gobierno que, asumiendo cabalmente sus responsabilidades, buscará a través del diálogo un relacionamiento fluido y respetuoso con la oposición y las fuerzas sociales, porque no concebimos la tarea de buscar salidas a la crisis como exclusiva de una determinada fuerza política, aún mayoritaria, sino como parte del esfuerzo de todos los uruguayos. Desde nuestro punto de vista, un gobierno democrático necesita, por principio, de una oposición activa y exigente que controle con eficacia su gestión. Todos los mecanismos necesarios para el cumplimiento de esa función serán habilitados.
La tarea de preparar un programa común para un gobierno de cambios no será sencilla. Considerando la compleja situación actual y las restricciones existentes, es necesario disponer de los plazos adecuados para la culminación exitosa de una tarea que, a pesar de las dificultades, estamos seguros de realizar. La voluntad política de cambio debe apoyar sus propuestas en una fundamentación técnica solvente. El esfuerzo, la dedicación, la seriedad que se pondrán en ella hasta culminar en una propuesta dirigida al país, confirmarán nuestro compromiso y nuestra capacidad de asumir y desempeñar con responsabilidad y eficiencia el gobierno de la República.
Nuestra aspiración es que se integren a esa nueva mayoría otros sectores políticos, convencidos de la necesidad de un cambio de rumbos. Pero es claro que la izquierda tendrá la principal responsabilidad de sacar adelante un país que recibirá empobrecido. Asumiremos esa tarea histórica con humildad, conscientes de las dificultades que nos esperan, pero con la confi
anza y el coraje que surgen de raíces profundamente hundidas en nuestra historia. Nos avala más de un siglo de lucha por la democracia, los derechos humanos y la justicia social, por la solidaridad con los más débiles y necesitados. Más de un siglo de esfuerzos y sacrificios por avanzar hacia una sociedad en que se hayan superado, en libertad, las barreras de la pobreza y la exclusión social. Un pasado del que nos hacemos cargo, con todos sus aciertos y desaciertos, sabiendo que ese largo proceso es el que nos ha permitido llegar hasta hoy como fuerzas políticas que reciben la confianza mayoritaria de los uruguayos. Porque hoy comprendemos mejor que nunca a nuestra sociedad, en toda la complejidad de su realidad y sus problemas, así como la mayoría de los uruguayos comprende y recibe hoy con expectativa y entusiasmo nuestro mensaje de esperanza, progreso, solidaridad y paz.
En ningún caso el gobierno del cambio podrá defraudar al pueblo que lo haya elegido. No se trata de obtener un éxito electoral, organizando coaliciones efímeras, sólo pensadas para acceder al gobierno y repartirse cargos. Para recrear la esperanza de los uruguayos en el futuro y para obtener una amplia mayoría política y social que proporcione sustento estable al nuevo gobierno, deberá proponerse un programa de cambios viables y sostenibles en el tiempo, de tal modo que sea posible respetar el compromiso con los electores y cumplir estrictamente con lo prometido. No es posible pensar con impaciencia voluntarista, ni creer que, en las actuales condiciones del país, podrá solucionarse todo y al mismo tiempo. Las promesas irresponsables sólo conducirán a la pérdida de credibilidad y acentuarán el descrédito de la política y los políticos. El programa del gobierno del cambio no puede ser un repertorio de promesas fáciles ni una improvisación a marcha forzada para cumplir con una formalidad de la campaña electoral.
La tarea que hoy encaramos partirá de un diagnóstico responsable de la realidad y de las restricciones que la política debe asumir, no para convalidarlas y adaptarse a ellas, sino para superarlas, en la medida de lo posible. Existen por cierto muchos malos diagnósticos que apuntan a subrayar que todo sólo puede ser como es y que la inacción es la mejor de las opciones políticas. En cambio, el compromiso que necesitamos ahora, es aquel que apunte a la transformación de la realidad y sirva de guía para los cambios necesarios e imprescindibles. Será necesario señalar objetivos que estemos en condiciones de alcanzar en el ejercicio de las responsabilidades ejecutivas y, al mismo tiempo, explicitar la visión estratégica y los lineamientos centrales del proyecto de largo plazo que nos anima.
Hemos acordado que la tarea de elaborar esa propuesta programática común se realizará partiendo de determinadas bases. Enunciarlas claramente es también una forma de reafirmar nuestros compromisos fundamentales.
El compromiso irrevocable con la libertad y la democracia, que resultará consolidada por la alternancia en el gobierno y el esfuerzo por desarrollarlas en toda su dimensión para lograr el pleno ejercicio de la ciudadanía. El compromiso con la estabilidad institucional, la paz social, la convivencia pacífica y el respeto de los derechos humanos. El compromiso de gobernar para el país y no para un sector determinado, respetando todos los intereses legítimos. El compromiso con los más débiles de nuestra sociedad, los que carecen de empleo, los niños que crecen en condiciones de pobreza, los que sufren el desamparo y la inseguridad de una sociedad cada vez más desintegrada y violenta. El compromiso de reactivar el aparato productivo e iniciar un proceso de desarrollo sostenido y sustentable. El compromiso con el desarrollo de empresas y otras formas asociativas que creen empleos de calidad con salarios dignos. El compromiso con el interés colectivo, que impone tomar distancia de los reclamos particulares o corporativos, que, aún siendo legítimos, no alcanzan a representar los intereses comunes a todos los integrantes de nuestra sociedad. El compromiso con una reforma del sistema tributario que asegure la equidad en la distribución de la carga impositiva. El compromiso de erradicar toda forma de corrupción, de clientelismo político o de cualquier otro desvío en perjuicio de la comunidad. El compromiso de mejorar el diseño y la ejecución de las políticas públicas, con especial atención a los programas sociales, de educación y salud. El compromiso de reformar el Estado para darle la capacidad de desempeñar un papel relevante en las transformaciones que nuestra sociedad necesita. El compromiso con la promoción de la participación ciudadana, la descentralización política y administrativa y con el fortalecimiento de las organizaciones sociales. El compromiso con un sistema de seguridad social que exprese nuestra obligación moral de no desamparar a las generaciones que nos precedieron. El compromiso de asegurar la protección de nuestro medio ambiente, como legado a las generaciones que nos sucederán. El compromiso de aprobar todas las medidas necesarias para eliminar la discriminación de la mujer y asegurar la igualdad de género. El compromiso con el fomento de la cultura, en su más amplia expresión, como forma de estimular la creatividad y la identidad de nuestro pueblo. El compromiso de trabajar por una sociedad en que los jóvenes tengan iguales oportunidades para desarrollar plenamente sus capacidades y realizar sus proyectos libremente elegidos. El compromiso de desarrollar políticas científicas, tecnológicas y de investigación que fomenten la innovación y preparen a nuestro país para incorporarse a la sociedad del conocimiento. El compromiso con el proceso de integración latinoamericana a través del Mercosur, como forma preferencial de la inserción de Uruguay en el sistema internacional. El compromiso básico con la transparencia en la gestión del Estado y la obligación expresamente asumida de rendir cuentas periódicamente ante la ciudadanía del cumplimiento de los objetivos del programa.
Nuestras fuerzas políticas asumen desde ya la tarea de preparar el programa del gobierno del cambio. Convencidos de la trascendencia del proceso que hoy se inicia y conscientes de la necesidad de repensar el futuro del país en actitud abierta a todo lo que pueda enriquecer su reflexión, formulamos un llamado a las ciudadanas y los ciudadanos que deseen integrarse con entusiasmo a esta tarea desde el mundo de la producción, el trabajo, la empresa, la educación, la ciencia y la cultura. Una propuesta programática sólida, que tome nota de las urgencias del momento y las articule con la visión del país del futuro, será un elemento esencial del cambio.
Ha llegado la hora de construir la esperanza. La esperanza de que hay otro Uruguay posible: un Uruguay de trabajo, prosperidad, progreso, solidaridad, justicia, paz y transparencia. Ha llegado la hora del cambio, de llevar al gobierno a una nueva mayoría política, capaz de implementar la agenda de las reformas tanto tiempo postergadas. En el origen mismo de nuestras tradiciones políticas estuvo el sueño de una sociedad más justa, de igualdad y libertad para todos los uruguayos. Ese sueño está hoy, para nosotros, más vivo que nunca. Creemos que ese sueño es también compartido por la inmensa mayoría de los uruguayos. Por eso los convocamos hoy a recuperar la confianza en nosotros mismos, a sacar fuerzas de flaqueza y a iniciar la tarea con coraje y esperanza. Y al iniciar ese largo camino los llamamos a integrarse a una columna que avanzará, no bajo la bandera de un partido, sino desplegando orgullosa las banderas de la patria, símbolos de la unidad nacional, de la herencia que recibimos de nuestros mayores y de nuestra voluntad de preservarla y engrandece
rla con trabajo, esfuerzo y sacrificio, para asegurar un destino mejor para nuestros hijos.*
Montevideo, Diciembre de 2002
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