La columna de Sherlock
Cortes y quebradas en lanoche de Plaza Mateo
* La noche mostraba el advenimiento urgente de la temporada estival. Las estrellas en el cielo parecían estar colgadas como luces, sin que nada las opacara en su ordenado desorden. Sherlock caminaba por la rambla a la altura de la playa Ramírez, lentamente, como sintiendo que la tranquilidad del ámbito se transmitía a todo y ello, de alguna manera, confluía en un sentimiento de calma.
A lo lejos nuestro sabueso comenzó a escuchar una melodía propia, por nuestra, y tranquilizante. Eran sonidos de un bandoneón, luego se integraron los de otros instrumentos. Todo se daba, era especial para la nostalgia.
En un momento, al acercarse el periodista a la fuente del sonido tanguero, supo su origen.
-¡Un boliche de Plaza Mateo!
Al caminar algunos metros más comprendió que no se había equivocado. El tango reinaba en ese reducto que había logrado un baño nostalgioso. Cuando se acercó notó que una pareja danzaba al compás de la música ciudadana. Los cortes y las quebradas eran perfectos, así como también los movimientos circulares en que las piernas se entrelazaban perfectamente, sin ningún tropiezo.
-Estos son profesionales se dijo nuestro sabueso acercándose más a la espectacular exhibición.
Sin embargo al arrimarse al círculo donde bailaba la pareja, para reencontrarse con un espectáculo que siempre lo había emocionado, algo lo sorprendió. Primero le pareció reconocer a la mujer que, con concentración suprema, se movía al ritmo de la música, siendo un todo con su compañero. Luego miró la figura del hombre, que sostenía firmemente a la dama por la cintura y le tomaba la mano en lo alto, como los que saben. Sherlock miró al varón y comenzó a reconocerlo.
-¿Esa cara, esas cejas…?
De repente nuestro sabueso se dio cuenta. Quienes con tanta concentración maravillaban con sus piruetas rioplatenses no eran otros que la profesora Martha Canessa y su esposo, el ex presidente de la República, Julio María Sanguinetti.
Un «bochazo» de Lacalle para blanco independiente
* –¿Sabe lo que pasó luego de la renuncia de los ministros nacionalistas?
-Claro, hubo malestar en el gobierno con el Herrerismo y, particularmente, con Lacalle. También hubo bronca entre algunos blancos opuestos a seguir funcionando con los colorados en coalición, quienes intentaban ganar posiciones en la Convención nacionalista que se realizaba unos días después.
-Pero usted me está leyendo los diarios de esa semana… Yo le hablo de los entretelones, de lo ocurrido en los pasillos del Edificio Libertad y, fundamentalmente, de las decisiones que estaba dispuesto a adoptar Batlle para poner punto final a esa crisis.
-¿Qué quería Batlle?
-Se le ocurrió para renovar el gabinete y no sacarle el tinte rosadito claro, ofrecer cargos a alguna figura blanca, independiente, que pudiera manejarse sin comprometer al Honorable Directorio.
-¡Una jugada maestra! ¡Un enroque oportuno! ¿Verdad?
-Todo eso va por su cuenta, yo no hablo de ajedrez. Le cuento que en la residencia de Suárez comenzó a barajar nombres y encontró uno que le pareció perfecto para Industrias, Energía y Minería.
-¿Un blanco independiente?
-Sí, el del ex diputado Alem García, que tiene un largo currículum de defensa de muy buenas causas, con posiciones independientes. Quizás era una propuesta discutible, pero podría haber aparecido ante la opinión pública como una acción aperturista del gobierno.
-Pero, ¿eso Batlle se lo trasmitió a alguien?
-Para no deteriorar al máximo las relaciones con Lacalle, en una reunión que mantuvieron un domingo de mañana también en Suárez y Reyes, le mencionó su idea.
-¿Y?
-El bochazo fue como cuando el chico está al final de la cancha.
-¡Espectacular!
-Usted lo ha dicho.
¿Qué pasa con el café del Edificio Libertad?
* -¿Vio? La otra semana los senadores frenteamplistas, por primera vez, ingresaron masivamente al 7º piso, sentándose a la mesa donde se reúne el Consejo de Ministros. Fue un acercamiento importante que podría abrir una trascendente instancia de diálogo.
-¿Le parece? Espero que usted tenga razón.
-Es obvio, cuando la gente habla las cosas comienzan a arreglarse. Además quedaron de acuerdo en convocar a la Asamblea General para tratar la integración de la Corte Electoral y del Tribunal de Cuentas.
-Pero, sabe, hubo algo que desentonó. Una pequeñez que produjo comentarios.
-¿Qué?
-El café que se sirvió. Hasta Hierro, que oficiaba de anfitrión, puso cara fea cuando probó la infusión.
-No es para nada trascendente lo que me dice…
-No crea, porque ese hecho motivó una posterior conversación entre el Presidente en ejercicio y el secretario general de la presidencia. Más alto nivel imposible.
-¿Hierro y Lago?
-Claro, ¡que otros podrían ser! Hierro preguntó: ¿Qué pasa con el café?
-¿El del Parlamento es mejor? fue la pregunta-respuesta del secretario, a lo que Hierro asintió con la cabeza. Fue allí cuando Lago informó al Presidente de la República (en ejercicio) que el café del 7º piso se compra a pocas cuadras del Edificio Libertad, en el supermercado que Tienda Inglesa tiene sobre el bulevar Batlle y Ordóñez.
El 222 y un enigma para policías
* -¿Sabe qué es el servicio 222 que presta la Policía?
-Claro, es la custodia privada que realizan policías en sus horas libres.
-Tarea reglamentada y que sirve para acrecentar en algo los magros sueldos que se pagan. Si no existiera el 222, muchos comerían salteado.
-¿Y? ¿A qué viene su pregunta?
-Es por un enigma que usted debe develar.
-¿Cuál?
-Que si usted contrata un servicio 222 debe pagar en Jefatura 32 pesos por cada hora de trabajo.
-¡Bien poco!
-A los policías que cumplen la tarea, por su parte, le pagan 25 pesos la hora. El enigma que le planteo es el siguiente: ¿A dónde van los 7 pesos de la diferencia entre un pago y otro?
-No lo sé…
-A Rentas Generales.
-Ahhh.
Pita-Penadés, y una lógica recomposición
* -Usted sabe que los diputados Carlos Pita y Gustavo Penadés rompieron relaciones cuando el primero se fue del Partido Nacional, creo que en el año 89, durante el plebiscito por la Ley de Caducidad.
-¡Hace trece años que no se hablaban!
-Más o menos… Ahora cambió la relación. Resolvieron, antes de emprender viaje a EEUU, sellar la paz para lo cual Pita invitó a cenar al otro legislador a su casa.
-¿Y?
-Que Penadés fue con su hermana y llevó como regalo una caja de bombones y un cenicero artesanal muy lindo. Fue realmente una jornada muy linda, un reencuentro de amigos.
-¿Y qué más? ¿Habrán conocido nuevos aspectos referentes al gran desarrollo del país del norte? En fin, es bueno restablecer una amistad luego de tanto tiempo. ¿No le parece?
-Bueno, todo eso los vamos a saber cuando el próximo domingo regresen de su gira por los Estados Unidos.
La «sala de situación» que cambió Batlle
* – ¿Luis Alberto Lacalle se llevó el lunes una sorpresa?
–¿Dónde?
-Cuando entró a «Suárez Chico», al escritorio que allí ahora tiene Batlle.
-¿Cuál sorpresa?
-Es que Cuqui, cuando fue presidente, instaló un pizarrón que se utilizaba en las reuniones clave, con ministros y otros colabo
radores, para diseñar estrategias, fijar ideas, hacer proyecciones, etc. En definitiva, para trabajar.
-¿Y?
-Cuando ingresó el otro día, alzó los brazos y en voz alta dijo sorprendido: ¿Y esto? Fue un gesto más que expresivo.
-¿Por qué?
-Es que ahora, en la pared que ocupaba el pizarrón hay un gran mural fotográfico con la figura de José Batlle y Ordóñez dirigiéndose a un grupo de personas.
-¡Entonces desapareció la sala de situación! Es que Batlle, seguramente, prefiere las enseñanzas que le dejaron sus ancestros al trabajo con sus colaboradores.
-¿A usted le parece?
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