Figari: pintor, doctor y batllista heterodoxo
Sanguinetti sintetizó la vida de Figari señalando que «irrumpe en la vida nacional como un gran penalista, luego es político, luego es ateneísta, luego es filósofo, más tarde reformador escolar: transforma la escuela de artes y oficios en una escuela industrial, plantea una reforma de la educación y ya en la madurez empieza a pintar y a los 60 años se dedica realmente a pintar. Es en ese momento cuando el Dr. Figari le hace daño a ese pintor que nace casi en la vejez porque nadie podía entender que el abogado del Banco de la República pintara esos gauchitos y esos negritos. Luego en la posteridad pasó lo contrario: el pintor Figari pasó a ser tan importante y trascendente que hemos ido olvidando al Dr. Figari, ese gran personaje que hizo la campaña para la abolición de la pena de muerte, que estuvo en la primer candidatura de Don Pepe Batlle, que quiso transformar toda nuestra educación para ponerla en servicio de lo que llamaba una conciencia productora».
El autor destacó que «intenté mostrar ese hombre de progreso que imaginaba un porvenir dominado por la industria y el progreso técnico».
Para Sanguinetti, el concepto de la educación que tenía Figari «nos desafía».
Batlle versus Figari
Tanto Sanguinetti como Gerardo Caetano -que participó de la presentación del libro que tuvo lugar en el Museo de Artes Visuales del Parque Rodó- marcaron las diferencias filosóficas existentes entre Batlle y Ordóñez y Figari respecto al tema de la educación. Sanguinetti señaló que «Don Pepe veía en el liceo el modo como se aproximaban las clases populares a la Universidad. Y Don Pedro decía que los liceos generarían un proletariado intelectual sin destino que golpearía las puertas de la burocracia del Estado».
El ex presidente recordó que Figari «también choca con los industriales porque querían que la enseñanza técnica formara obreros. Allí cae de la dirección de la escuela industrial».
En tanto, Caetano definió a Figari como un batllista «crítico y heterodoxo» que tuvo «una visión anticipatoria fantástica del rol de la educación como motor del desarrollo, esto que tanto tiene que ver hoy con nosotros. Su obsesión era enseñar para producir». Tenía una propuesta «revolucionaria: la simbiosis entre el arte y la industria, no los obreros fabriles solamente sino también los obreros artistas, que Don Pepe no supo aceptar».
Sanguinetti relató que la génesis del libro puede ubicarse en 1976 «cuando el Museo Histórico compra el archivo de Figari a su hijo y Don Juan Pivel me dijo: Ud. tiene que dedicarse a esto. En la salida democrática tenía un montón de libretas con apuntes pero el libro nunca nació. Hasta que Caetano que dirige la colección de biografías de la editorial me impulsó» a escribirlo. Por su parte, Caetano señaló que «Sanguinetti era quien mejor podía escribir esta biografía no porque fuera quien pudiera hacerlo mejor desde el punto de vista plástico pero sí era quien mejor podía registrar la multiplicidad de facetas que Figari tenía».
En la presentación del libro también participó el historiador argentino Natalio Botana, autor del prólogo. *
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