"El desafío es lograr que quienes no acompañen a la nueva mayoría, concluyan de que llegó la hora de un gobierno de izquierda"

 

–Para que tenga éxito la construcción de esta nueva mayoría entre el NE y el EP-FA, ¿cómo se debe trabajar?

–Para trabajar en la perspectiva de que tenga éxito hay que hacerlo con ganas de que salga adelante, que ofrezca la esperanza y colme las expectativas de la gente. Por eso esto lo estamos encarando con un gran entusiasmo y con el máximo de responsabilidad y de humildad, para que no sea una frustración.

–Un posibilidad es «intercambiar figuritas», comparando programas y realizando ajustes sobre los mismos, y la otra es pararse mirando, en primer lugar al Uruguay. ¿Primero mirar al país?

–Nuestro trabajo se está inspirando en tres ejes. En primer lugar estamos diseñando un conjunto de lineamientos generales de lo que debería contener, tanto del punto de vista de la propuesta política como en términos de propuesta programática. Es muy difícil iniciar un proceso de elaboración técnica, en el cual participa innumerable cantidad de gente especializada en temas diversos con sensibilidades diferentes, si no hay un conjunto de lineamientos que orienten ese trabajo y le den perspectivas. En este momento estamos trabajando en la elaboración de lo que serían esos grandes lineamientos y sobre la naturaleza de los compromisos políticos y programáticos que sería necesario que esta nueva mayoría aporte. Esta etapa esperamos que dé frutos en pocas semanas.

–¿Puede ser antes de fin de año?

–Sí, estamos muy comprometidos los compañeros del NE y del EP-FA, en que este proceso efectivamente tenga un jalón importante antes de fin de año. La idea es que un conjunto de compromisos de las dos fuerzas políticas, cristalice en un documento público.

En segundo lugar está todo el proceso de elaboración del programa. En este sentido hemos coincidido que es muy importante construir un diagnóstico y un lenguaje común. No se trata de que cada uno caiga con su librito para ver qué cosas hay en común, que cosas son discrepantes para ver si las podemos arreglar. Ese no es el estilo de trabajo que nos hemos propuesto darle a este proceso. El abordaje es que construyamos un diagnóstico común, que identifique las prioridades sobre las que tenemos que actuar en común acuerdo y que establezca un lenguaje común.

–¿Por qué insisten ustedes sobre el lenguaje común?

–Porque hay cantidad de veces que las discrepancias se manifiestan genuinamente. Cuando eso ocurra las aclararemos y las pondremos por delante, pero hay otra cantidad de veces en que las discrepancias tienen más que ver con la forma que con el fondo de las cuestiones. La intención es que las palabras no se transformen en discrepancias y para ello apelamos a sensibilidades comunes que tenemos las fuerzas de izquierda y progresistas del país, más allá de que existan discrepancias sobre temas de fondo. Pero esto forma parte de esa elaboración del diagnóstico, que será un buen punto de partida para darnos cuenta de qué cosas son verdaderamente parte de una sensibilidad y una forma de ver las cosas en común y qué cosas plantean algún tipo de discrepancias.

Después de elaborar este diagnóstico, ingresaremos en la elaboración de las propuestas. En esta tercera etapa esperamos una amplia participación de ciudadanos y ciudadanas que verdaderamente estén comprometidos con esta idea. Sabiendo que el país está necesitando un conjunto de propuestas articuladas para orientar la acción de gobierno en el período que sea electa esa nueva mayoría, pero no queremos que el programa y el conjunto de propuestas que se elabore, se limiten estrictamente a lo que se pueda hacer en un período de gobierno. Estamos, con la elaboración programática, ante una muy buena oportunidad para establecer lineamientos que desborden a un período de gobierno y que establezcan en qué consiste el sueño común, el sueño compartido.

–¿Qué quiere decir con eso del «sueño compartido»?

–Saber en qué consiste esa aspiración colectiva de cómo tiene que ser nuestra sociedad hacia el futuro: un compromiso con la libertad, con la equidad, con la lucha por defender a los más débiles y por atender la necesidad de aquellos que no están representados. Es el conjunto de opciones que orientan un modo de pensar y que hacen a que delineemos como debe ser ese Uruguay en el que hayamos recuperado la esperanza, en que se haya recuperado la credibilidad de los jóvenes para que puedan realizar sus sueños y concretar sus aspiraciones, en que las generaciones que se retiren de la vida activa encuentren una sociedad que los acoge con solidaridad, con el respeto debido. Todo esto forma parte no de lo que se hace en un período de gobierno, sino que se integra al sueño que las fuerzas de izquierda tienen para un Uruguay más justo, más eficiente, pero fundamentalmente más solidario.

–Esos sueños, en 1971, cuando la primera gran unidad del pueblo, eran el socialismo, la democracia avanzada, el antiimperialismo. Hoy, con los cambios en el mundo y en el país ¿hay que empezar de nuevo?

–Probablemente sean muchas las cosas sobre las que haya que empezar de nuevo, que haya que hacer mucho esfuerzo de reconstrucción, pero no se arranca desde cero y no implica definir todo de vuelta. Tenemos que hacernos cargo de las tradiciones nacionales y de las tradiciones políticas de las fuerzas que convergen en este esfuerzo. No es empezar desde cero, es empezar desde una historia común de encuentros y desencuentros, con aciertos y desaciertos. Con el compromiso de que lo que no puede ocurrir es que los ciudadanos enfrentados a esta nueva esperanza a la cual estamos convocados, salgan defraudados. El proceso que se está empezando hoy es distinto y continuador del proceso que coaguló en 1971, pero los nuevoespacistas nos sentimos convocados a aportar lo nuestro en algo que tiene que salir bien, que queremos que salga bien porque el sueño político de la izquierda para el país es mucho mejor que el sueño al cual pueden aspirar hoy los ciudadanos, si no ocurre un cambio político.

–Los veo a ustedes, desde hace un tiempo, muy preocupados por el peligro del fracaso. ¿Es eso así porque son parte de una generación que ha sufrido mucho, que no ha tenido un período de bonanza? ¿Sienten que es la última oportunidad?

–Así no lo había pensado nunca, pero puedo aceptar que sí. A nuestra generación que le tocó vivir muy joven el proceso y la salida de la dictadura, hay una sensación de que nos ha faltado vivir una etapa próspera. Esta preocupación por que nos salga bien no es la de aquel que juega una vez un juego, sino que lo quiere jugar muchas veces, porque quiere tener la responsabilidad de ayudar a construir esto y no quiere frustrarse en la primera de cambio. Sabemos que es una hiperresponsabilidad que sentimos, pero que no es limitante.

–Usted dice que esa nueva mayoría debe reafirmar los valores de la libertad, de la equidad social, de la democracia. No se apartan mucho de lo que dijo la Revolución Francesa, ¿no?

–No, es que hay algunas cosas que son fundacionales del pensamiento libertario y republicano, del cual las tradiciones de la izquierda uruguaya no son ajenas. Seguramente deben haber muchas más fuentes de inspiración, pero los principios republicanos han sido siempre una parte esencial de cómo la izquierda ha acumulado. Esos principios de la Revolución Francesa y de las revoluciones continentales en América Latina y en América del Norte, son expresiones de principios y valores que forman parte de la izquierda.

Pero hoy nos enfrentamos a un dilema que es de la sociedad, pero a varias velocidades. Nuestra sociedad está enfrentada, desde hace un buen tiempo, a observar cómo hay un conjunto de ciu
dadanos que se enganchan en el progreso, pero ese progreso de algunos coincide con el estancamiento o el retroceso de amplios segmentos de la población. Esa sociedad a dos velocidades es una realidad sobre la que la izquierda política nacional e internacional actúa y toma como referencia básica. Esa nueva sublevación con esta sociedad a dos velocidades, plantea un desafío mucho más importante. No es solamente que el Uruguay tiene que crecer, sino que el problema es que hay un conjunto de sectores que aunque ocurra ese crecimiento, no recibe los frutos, no está enganchado a ese progreso. Esta cuestión, para algunos, se resuelve, espontáneamente con el transcurrir del tiempo, pero lo que pasa es que hay generaciones que ya no pueden esperar. Si no ocurren cosas cuando deben ocurrir, como los problemas de mal nutrición infantil, los problemas de la educación que no se tuvo o de la salud que no se atiende en el momento que hay que atenderla, habrá más marginación. Los referentes del NE y del EP-FA son conscientes de que no se trata de reconstruir el pasado, hay sí una tarea de reconstrucción pero que no es un volver atrás. Es un recrear una sociedad que tenía determinados valores, determinadas metas y determinados activos, que si hay que recrear, pero haciendo cosas que no se hacían en los tiempos de Maracaná, ni antes de ellos.

–¿Cuál es su sueño personal en relación a esta idea de las nuevas mayorías?

–Yo aspiro a que podamos transmitirle al conjunto de la ciudadanía que con responsabilidad y con mucha sensibilidad, hay gente que se está preparando para hacer las cosas mejor que lo que la han hecho otros en los últimos años. También que hay un compromiso explícito de cumplir la palabra empeñada. Esta es una tarea en que los representantes políticos y quienes tengan las mayores responsabilidades en la conducción del proceso electoral y gubernamental, tienen una tarea formidable para hacerlo. No creo que la esperanza se vaya a recuperar en un solo instante, pero en esta etapa de la elaboración programática nos estamos comprometiendo a poner un primer mojón que sea firme y que sea creíble. Este es el aporte que se realiza desde la hoy oposición política, mañana desde ese nuevo estilo de gobierno. Desde el Nuevo Espacio aspiramos hacer nuestra contribución. Nosotros no venimos a pedirle al EP-FA ni a nadie, que para entenderse con nosotros deje de ser lo que es. Simplemente venimos a hacer nuestra contribución, creyendo que representamos una parte   pequeña–de la sensibilidad política de la izquierda. No venimos con el espíritu de maestritos ciruela, ni de alguien que tenga la verdad en un puño. Es que hay mucho para exigirnos a nosotros mismos en este proceso y no para exigirles a los demás.

–¿Cómo van a hacer para que este no sea sólo un acuerdo de dos fuerzas políticas? ¿Cómo van a lograr que la sociedad se involucre con la idea?

–Aunque dos fuerzas políticas estemos dando el puntapié inicial en la elaboración programática, esta es una convocatoria y un llamado al involucramiento y a la participación de ciudadanos y ciudadanas que esté o no participando en política. Queremos que el proceso de elaboración programática y su resultado, sea convocante de muchos que hoy miran con expectativa lo que estamos haciendo. Por eso el proceso de elaboración programática y de elaboración política de esta nueva mayoría, será convocante de ciudadanos hoy votantes de los partidos tradicionales o escépticos de la política, para que se sumen no sólo con sus votos, sino que se sumen con entusiasmo a una tarea de reconstrucción que estamos planteando. Creo que el desafío político que tenemos por delante, no es pretender la unanimidad y que todos los ciudadanos de este país entiendan que el mensaje político que surge de este esfuerzo tiene que ser una nueva unanimidad. A lo que aspiramos es a que los ciudadanos que no acompañen con su voto este proceso, hayan llegado a la conclusión de que llegó la hora, que vale la pena, y que no se corre ningún riesgo relevante, ante un nuevo gobierno en el país y un cambio político, como implica el gobierno de la izquierda y que los partidos tradicionales dejen el gobierno. Este es un desafío formidable.

–Ustedes se proponen ganar las elecciones, gobernar, pero a la vez que la sociedad uruguaya asuma que llegó la hora del cambio, vote o no se vote a esta nueva fuerza política. ¿Cuáles serían las claves para lograr eso?

–Esto implica reafirmar nuestros compromisos con los valores, con lo mejor de nuestras tradiciones nacionales y de la izquierda. Hay que asumir que los compromisos hacia la construcción de la nueva mayoría, son compromisos que deben llegar al conjunto de la sociedad. No es el gobierno para unos, en contra de otros, es el gobierno para toda una sociedad que quiere progresar.

Es un compromiso para ser evaluado por toda la ciudadanía con mucha exigencia. Aspiramos a que no se sea indulgente con los nuevos gobernantes, pero que se considere que el carecer de experiencia en el ejercicio del Poder Ejecutivo no implica que las cosas se hagan menos bien o peor que otros. Hay que recrear una expectativa que está muy firme en la mayoría de nuestra población, pero es muy importante que el conjunto de los sectores sociales, productivos, del mundo del trabajo, sientan que se es capaz de gobernar para toda la sociedad y que se es capaz de representar lo mejor de nuestras tradiciones. Esta nueva mayoría política tiene que tener su propia interpretación del interés colectivo y general. No es la simple superposición de los intereses de todos los sectores de nuestra sociedad. lo que va a representar nuestra lectura del interés general, que es mucho más importante y mucho más conceptual que la suma de los intereses de cada uno de los sectores de la sociedad, legítimamente expresados.

–Ahora la izquierda, históricamente ha expresado a los trabajadores y a otros sectores del mundo del trabajo. ¿Se va a diluir ese anclaje?

–Cuando la izquierda ha fijado su anclaje, ha sido siempre una opción por los más débiles y a la vez la opción por el combate contra la iniquidad y de la injusticia. Eso no puede estar en entredicho, porque estaría en tela de juicio lo mejor de las tradiciones políticas y lo mejor de las referencias ideológicas que la izquierda política tiene en nuestro país y en el mundo. La opción es siempre por los más débiles y en el mundo del trabajo, los más débiles son los trabajadores y entre ellos algunos segmentos, pero fuera del mundo del trabajo hay otro conjunto de realidades y de sectores sociales que padecen sus debilidades de manera bastante más aguda que las que se expresan en el mundo del trabajo. La izquierda está en una búsqueda incesante por encontrar quienes son los más débiles, quienes tienen menos oportunidades. La voz de la izquierda tiene que estar siempre atenta a ser la voz de aquellos que no tienen voz propia o no la pueden hacer escuchar con la fuerza necesaria. *

Segundo semestre del próximo año

– ¿Para cuándo tiene que estar concluido definitivamente este acuerdo?

– Coincidimos con los compañeros del EP-FA que durante el segundo semestre del año que viene hay que tomar decisiones políticas relevantes. Sobre como vamos a comparecer en las elecciones de 2004. Pero como ha dicho Rafael (Michelini) los temas de candidaturas y sobre cargos, no serán un obstáculo. Primero se consiguen los acuerdos programáticos, después los acuerdos sustantivos respecto a la forma en que el proyecto político comparecerá en las elecciones y después, si hay que discutir aspectos electorales se hará. Pero esto no forman parte de las preocupaciones de nadie, ni del EP-FA ni del
NE. *

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