Diferentes evaluaciones en el EP sobre los contactos con miembros del gobierno
Tanto el encuentro del lunes de Tabaré Vázquez con el ministro de Economía y Finanzas, Alejandro Atchugarry, como la conversación de los senadores de la izquierda con el vicepresidente Luis Hierro López y el secretario de la Presidencia, Raúl Lago, fueron medidos con distinta vara, según la ubicación de los grupos políticos en la discusión que sobre estrategia procesa el conglomerado encuentrista.
Un debate que, sostuvo la senadora comunista, Marina Arismendi, no fue laudado por el discurso de Vázquez (luego devenido en documento del FA, por decisión abrumadoramente mayoritaria del Plenario Nacional), sino que el texto «marca la apertura de la discusión».
En los grupos mayoritarios hay una lectura bastante compartida, aunque se insinúa una postura más expectante y entusiasta en Asamblea Uruguay (AU). Fuentes de AU dijeron que fue positiva la reunión en sí, así como la presencia de Lago y el señalamiento de Hierro de que Jorge Batlle estaba en conocimiento de la misma, descartando así cualquier posibilidad de que fuera simplemente un gesto del vicepresidente. Para AU se está frente a un cambio, al menos en el discurso, de una postura que anteriormente fue refractaria a cualquier posibilidad de intercambio e indica la presencia de actores gubernamentales con otro estilo de trabajo. Para ello, agregaron, incidió fuertemente el planteo de Vázquez en el Plenario frentista, proclive a ayudar al gobierno y tender una mano para que la situación no se desbarranque. Según las fuentes, Hierro pidió y, al menos en opinión de AU, conseguiría una «actitud responsable de parte de la izquierda», para que la salida de la crisis de los bancos suspendidos sea ordenada, sin que los discursos políticos de la oposición desacomoden un cuadro donde los sectores sociales involucrados (ahorristas, deudores y empleados bancarios), han generado un consenso de resolución pacífica del conflicto.
En una dirección similar, el senador de la Vertiente Artiguista (VA), Enrique Rubio, afirmó que la intención del vicepresidente de la República es «arbitrar el disenso», admitiendo una factible oposición, por ejemplo, a la ley de formación del nuevo banco, pero sin que ella llegue a «incendiar la pradera» Rubio añadió que la izquierda debe tener conciencia de que hay puntos críticos y no puede hacerse la desentendida sobre los mismos. Por tanto deberá hacer sus planteos en base a la «lealtad institucional» y comprender la necesidad de jugar a no romper los consensos existentes entre los distintos actores de la crisis bancaria. En tanto, el Movimiento de Participación Popular (MPP) admitió que la conversación con Hierro puede ser un intento por condicionar la reacción frente a la solución gubernamental de la situación de los bancos suspendidos u otros problemas financieros del Estado, pero, también señalaron que es la primera y pequeña «rendijita» que se abrió en la abroquelada postura del Ejecutivo, permitiendo una similar cuota de esperanza de futuros pasos.
Por su parte, el senador socialista Reinaldo Gargano que señaló que la reunión con Hierro debió hacerse ya hace tiempo destacó dos razones para la misma: la situación crítica del país y la necesidad de transmitir una imagen institucional de responsabilidad. «Ni tiro manteca al techo, ni digo que aquí no ha pasado nada», resumió Gargano.
Arismendi marcó un ángulo distinto en el balance, si bien concuerda en que el gobierno pretende un proceso «civilizado» de salida de la crisis, con la idea de que «no tengamos un verano caliente», advirtió que las posibilidades de incidir no son las mejores, porque la movilización social ha caído y el FA está medio paralizado en su accionar politico. La idea de que Hierro pidió «gobernabilidad» y sectores del FA estarían dispuestos a dársela no es del agrado de la Unión Frenteamplista (UF), pues en su opinión se trata de un gesto destinado a neutralizar a la oposición, cuando en las próximas semanas se le «aplique el aceite de ricino» a la población. Para este grupo no es momento de «declaraciones jubilosas» y debe evitarse el abandono de la línea de movilización y acercamiento a las organizaciones sociales, ocurrido en los últimos tiempos.
Para la Corriente de Izquierda las cosas son claras: o se le da «gobernabilidad» a Batlle o «se está con la gente y se trabaja para derrotar políticamente al gobierno». El dirigente de la CI, Juan Fernández sostuvo que por esta línea de acción de sostener a Batlle «los sectores mayoritarios del FA dilapidarán más de 30 años de acumulación, de la izquierda en el Uruguay». *
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