"Me parece bien que no haya habido una declaración de solidaridad del FA con la IMM y que Tabaré haya recibido a los trabajadores"
RAUL LEGNANI
–Este conflicto en la IMM ha involucrado a mucha gente, yo diría que a casi a toda la población de Montevideo. ¿Usted sintió la responsabilidad de estar viviendo un momento de gran envergadura?
–Creo que fue un hecho político, porque no fue el conflicto de cualquier Intendencia. Fue un conflicto de la Intendencia del Encuentro Progresista, que aspira a ganar las elecciones en dos años, y que enfrentaba por primera vez una huelga de esta característica. Esto nos puso en el candelero político. También es cierto que fue un conflicto que le llegó a la gente porque la Intendencia brinda muchos servicios y eso a los montevideanos les importa.
–Pero además la gente tomó partido…
–Sí, es así. Hay encuestas que así lo muestran. Es que los medios de comunicación estuvieron presentes en los momentos más álgidos y eso llevó a que la gente tomara partido, incluso por encima de elementos objetivos.
–Antes de ir al fondo del asunto: ¿qué sintieron usted y sus compañeros de gabinete municipal cuando ingresaban al palacio de ladrillo bajo insultos?
–En lo personal tengo la piel bastante dura, debe ser por los muchos años de militancia política y sindical, en el propio gremio de Adeom. Pero la verdad que no fue nada agradable pasar por esas circunstancias, pero tampoco lo dramaticé. Es que estos son los gajes del oficio: tenemos una responsabilidad política, estuvimos en medio de un conflicto con aristas virulentas y hubo que asumir que las reglas del juego eran esas.
–Usted dijo que los métodos de los piqueteros no tienen nada que ver con la práctica sindical de nuestro país, pero un año antes todos vimos por televisión a Juan José Ramos, dirigente de AEBU, gritándole carnero a un funcionario bancario. Y si nos vamos a los años 50, ni le cuento…
–No, está bien. Me refiero fundamentalmente a que esos métodos no se dieron en esta etapa posterior a la dictadura. Eso era más de las viejas prácticas sindicales, pero no sé si con estas características. Esto fue medio patoteril, provocado por 150 personas que estaban paradas en el subsuelo de la Intendencia, que no creo que hayan sido representativas de los funcionarios municipales. Cuando asumió Mariano Arana por segunda vez, ocurrieron aquellos griteríos, justo cuando asumía con el mayor porcentaje de votos que en la historia había tenido un intendente de Montevideo. En esos días le mandé una carta al sindicato, no como director, sino como miembro afiliado a Adeom, cuestionando lo que para mí era una actitud cobarde y patoteril.
–¿Le contestaron?
–No me contestaron nunca. Ellos sostuvieron que no podían controlar esas actitudes, lo mismo que ahora. Si una dirección sindical no está en condiciones de controlar la agresión permanente, no está en condiciones de dirigir el sindicato. Eso lo planteé aquel momento y creo que un razonamiento similar cabe ahora. Sé que la dirección deslindó responsabilidades en estos hechos, como lo expresó en una carta el presidente de Adeom. Pero no alcanza con eso. Entiendo que por omisión hay una responsabilidad, porque si en un primer momento se le pudo escapar de las manos, con el correr de los días el sindicato pudo haber tomado medidas, como las tomó al final cuando la Justicia los conminó a que cesaran estas manifestaciones. Hubo un dejar hacer, que va en su cuenta.
–¿Cómo fueron esas horas dentro de la Intendencia? Se me dijo que hubo momentos en que incluso no hubo luz eléctrica y que los teléfonos no funcionaban…
–El sistema informático estuvo paralizado, porque no habían ingresado, por diversos motivos, los funcionarios de la Dirección de Informática. Eso fue un problema. Pero hubo en un momento la sensación de que estábamos sitiados. En ese momento planteamos al sindicato que en esas condiciones no se seguía negociando. Le dijimos que se respetaba que hubiera piquetes, pero les exigimos que no actuaran de esa forma provocativa. Esto posibilitó algún cambio de actitud que permitió reiniciar la negociación. Es bueno dejar claro que durante toda la huelga hubo permanentemente contactos con la dirección de Adeom.
–¿Se reunían en la zona del Parque Hotel?
–Exactamente. Nosotros hicimos el máximo esfuerzo para cerrar este conflicto por la vía de una negociación válida para las dos partes. Fue tan así que se llegó a una fórmula que si bien no fue aprobada por la totalidad de la directiva, fue aprobada por diez miembros en quince. En ese momento pensamos que se había alcanzado un final feliz, que implicaba un equilibrio para las dos partes. Lamentablemente no fue así. En ese período de las asambleas hubo amenazas de muerte entre los dirigentes sindicales. Algunos de ellos tuvieron que retirarse del local sindical, cuando estaba reunida la asamblea, y volver con piquetes de respaldo de las fuerzas políticas de cada uno de los sectores, porque de otra manera no podían funcionar. En esas condiciones se desarrolló la asamblea en un clima de absoluta anormalidad, que incluso no culminó. Los sectores partidarios tuvieron que rescatar a los dirigentes porque no podían salir de la situación. Ese cuadro se repitió en la asamblea del lunes, donde la fórmula de negociación que habíamos logrado no pudo plasmarse. Nunca quisimos la derrota del sindicato, tampoco del gobierno, sino un acuerdo digno y razonable para las dos partes.
–Se dijo que iban a sumariar a algunos de los que habían participado de los piquetes, después se dijo que eso no se iba a hacer, pero que algunos directores de la IMM van a proporcionar datos a la Justicia. ¿Qué va a hacer el equipo de gobierno de la IMM?
–En este momento estamos esperando que la Justicia culmine su actuación. Cuando la indagatoria judicial finalice, en función de los resultados se verá qué acciones se toman. Si efectivamente hay algunos funcionarios con conductas penalmente sancionables, tendrá su correlato en la esfera administrativa. En estos casos los sumarios serán inevitables.
–¿Usted reconoció a quiénes lo insultaban?
–Reconocí a alguno, pero la mayoría no eran del Palacio Municipal. También es cierto que no todos estaban en una actitud agresiva. Que se grite «carnero», que se impida que no ingresen los otros funcionarios, está dentro de las reglas de juego, aunque nos pueda gustar o no. El problema fue cuando se llegó a la agresión física o insultos soeces, que estuvieron más allá de lo que razonablemente puede tolerarse. Incluso algún miembro de la dirección sindical nos explicó que estaba circulando la droga. El miércoles o jueves, que no había plata de ningún lado, apareció la plata y la droga, entre aquellos sectores como el de limpieza. Eso no lo digo yo, lo dijo un dirigente sindical.
–¿Hubo injerencia de otros partidos políticos?
–Aparentemente sí, pero yo no los vi. También hubo afirmaciones de dirigentes sindicales de que hubo gente que no pertenecía al gremio, incluso algún activista conocido. Gente de la derecha colorada.
–¿En esos días sintió que no hubo una comunicación fluida de la IMM y de los dirigentes sindicales con el EP-FA?
–Sobre esto tengo una visión que no es exactamente la del equipo de gobierno. Creo que políticamente tenemos que desdramatizar este tipo de situaciones. Muchos asumieron esto con un gran complejo de culpa: «¿Cómo es posible que nosotros que somos una fuerza de izquierda estemos confrontando con compañeros del movimiento sindical que son de izquierda, incluso en algún caso del mismo sector político?», se preguntaban. Yo creo, en cambio, que de acá en adelante hay que asumir
el tema de los roles, porque esto puede reiterarse en el ámbito nacional si ganamos el gobierno. Los compañeros que están asumiendo la conducción sindical están en la defensa corporativa de los intereses de los trabajadores, lo que me parece muy bien, porque ese es su rol y para ello fueron elegidos. Y nosotros fuimos elegidos primero por la fuerza política, después por el pueblo, para ejercer el gobierno de la ciudad de Montevideo. Por supuesto que tenemos en cuenta los intereses de los trabajadores municipales, pero a la vez tenemos en cuenta los intereses del conjunto de la sociedad montevideana. Y no siempre y en todos los puntos hay una coincidencia de esas dos perspectivas. El trabajador defiende lo suyo hasta donde puede, nosotros los contemplamos pero tenemos la obligación de gobernar para el conjunto de la sociedad. Incluso, sobre esto, la fuerza política tiene que tener distancia con los dos sectores. Nosotros no le podemos pedir a la fuerza política que avale todos y cada uno de los actos de gobierno. Creo que hay un aval global, político, sobre un proyecto y un programa de gobierno, pero en la cotidiana, en la concreta, en los actos de gestión, la responsabilidad es nuestra, de los que gobernamos. Después la fuerza política nos dirá si actuamos bien o nos equivocamos, pero no podemos pedirle ante cada paso que damos que digan «bien», «buena nota». Hubo gente que se quejó de que no hubo declaraciones del FA lo suficientemente contundentes en solidaridad con el gobierno, pero a mí me parece bien que no lo haya habido, porque son temas de gestión. Si hubiera habido una agresión externa, del gobierno nacional o de otros sectores hacia el gobierno de Montevideo, eso podría motivar una declaración de solidaridad. Pero el conflicto era con los trabajadores municipales, parte sustantiva de la Intendencia, y nosotros teníamos que resolver el conflicto. Por ejemplo me pareció muy bien que Tabaré Vázquez haya recibido a los trabajadores… ¿cómo no los va a recibir? Vázquez dijo que los convenios son para cumplirlos, cuando se pudiera, y que la solución había que negociarla con Arana. Yo no encuentro cuestionable que el líder de una fuerza política reciba a los trabajadores, porque eso es lo suyo. Nosotros no podemos acollarar al gobierno, a los sindicatos y a la fuerza política. Ni el partido al servicio del sindicato, ni el sindicato al servicio del partido, ni el gobierno al servicio de la fuerza política y del sindicato.
–Mucha gente llamó a 1410 AM LIBRE quejándose porque los municipales le hacían una huelga al gobierno del EP-FA. Pero yo les decía que si se seguía con esa línea de pensamiento, de que los trabajadores de izquierda no le pueden hacer un paro a un gobierno de izquierda, se podía terminar como en los países del socialismo real, sin derecho a la huelga…
–Exactamente. En una sociedad democrática con contenido popular, como la que nosotros aspiramos, el conflicto es parte natural. La identidad nuestra tiene que ser como administramos el conflicto. ¿Lo vamos a resolver con los palos, con la represión, tratando de quebrar al sindicato? No. La señal de identidad nuestra es tratar de negociar, de dialogar, de articular, de buscar acuerdos, lo cual a veces, en alguna instancia, no es posible. Pero siempre hay que retomar el diálogo porque es impensable que estemos gobernando en conflicto con los trabajadores. Además este conflicto fue una circunstancia extrema, no fue normal, no fue que el sindicato pidió una mejora y usted la da, la niega o transa. Aquí ya se había firmado un convenio, donde la IMM había acordado determinadas pautas de ajuste salarial. Pero en función de lo que pasa en el país la IMM dijo, responsablemente, que no podía cumplir. Capaz que nos faltó a todos la ductibilidad para decir hay un punto intermedio. Presentamos tres fórmulas distintas, el PIT-CNT intervino, pero bueno, me queda ese sabor amargo de no haber encontrado una salida negociada, a pesar de los esfuerzos que se hicieron y del acuerdo que hubo con la mayoría de la directiva. Pero todo terminó levantándose el paro, sin solucionarse el conflicto.
–¿Les faltó estatura sindical a los dirigentes de Adeom y no hubo excesos de parte de la IMM que llevaron al choque de las partes?
–Todos tenemos que hacer una autocrítica: cuando los ánimos estén más calmos lo haremos. Pero sin duda que hubo dificultades en la negociación y que existieron problemas muy fuertes en la dirección sindical: enfrentamientos entre sectores y dificultades en las asambleas para que la mayoría de la directiva pudiera presentar con claridad y con fundamentos la fórmula que había negociado y acordado con la IMM. Quizás el error nuestro fue no encarar una negociación más global y no solo con la mayoría del sindicato, pero el otro sector estaba en una posición muy radical, muy dura, dejando muy poco margen para negociar. También es cierto que en la gente no había una actitud propicia para aceptar la negociación, porque más allá de las condiciones de absoluta anormalidad en que se desarrollaron las asambleas es cierto que las mismas fueron bastantes numerosas, no fueron asambleas minúsculas. Por parte nuestra sin duda deben haber habido actitudes poco felices, fundamentalmente al principio, cuando hubo una mayor confusión cuando no se veía bien qué desenlace podía tener el conflicto. Con el correr de los días, mediante la reflexión colectiva, con la impronta que fue marcado Mariano Arana, se fue teniendo una visión común sobre el tema. Vimos que teníamos que tener una actitud serena, responsable y firme, no estridente. Y creo que eso se fue logrando.
–Unos días antes de que cayera el convenio, la doctora Maria Julio Muñoz habla en un programa de televisión de alcoholismo en ciertos sectores de los funcionarios. Después en la argumentación de la denuncia del convenio, ustedes ponen como una de las causas de esa denuncia la violencia que hubo en las puertas del Palacio Municipal. ¿No cree que esto agrega calentura entre los funcionarios municipales?
–La denuncia se tornó inevitable por el curso de los acontecimientos. Nosotros fuimos a negociar, presentamos distintas fórmulas, la tercera contó con el respaldo de la mayoría de la directiva de Adeom, y ahí hubo un rechazo, que yo diría total. En realidad la última asamblea cerró la negociación. En ese momento o cumplíamos con el convenio o lo denunciábamos, porque lo que no podíamos hacer era no pagar y no denunciarlo, porque ahí se iba a ir generando una deuda. Aclaro que se denunciaron los aspectos del ajuste salarial, pero otros aspectos como la extensión del seguro de salud, mejoras en algunas partidas específicas, compromisos en mejoras de gestión, se mantuvieron.
Además retomamos la responsabilidad de fijar los aumentos futuros, que entendemos que se pueden dar. Por eso dimos mil pesos en noviembre, 10% de aumento en marzo y 9% en abril, sujeto a una cláusula de salvaguarda. Hasta aquí la causa central de la denuncia del convenio, pero también nos pareció que no podíamos mirar para arriba con respecto a todo lo que había ocurrido, sabiendo que lo que pasó no fue responsabilidad de todo el gremio.
Es que se vivió durante la huelga una situación que estaba fuera de toda lógica sindical y de buen relacionamiento de las partes. No es esta la causa sustantiva de la denuncia, pero es una causa que se agrega. Es verdad que esto conforma un paquete jurídico, con una causa primaria y otra que se sucede después. Pero no estamos ante una causa inventada: los hechos se produjeron, fueron muy violentos y atentatorios a un relacionamiento de cierta civilidad mínima. *
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