Nada cambió en el enfrentamiento Ramírez-Lacalle y se visualizan nuevos reacomodamientos en la interna

El día después de la Convención blanca

Los gritos proferidos desde la barra juvenil de la Lista 903 cuando comenzó su intervención el presidente del Directorio del Partido Nacional y líder del Herrerismo, Luis Alberto Lacalle, expresándole, «ladrón» o «corrupto», reavivaron la discusión sobre la ética y la moral en el ejercicio de la función pública, tema que, se suponía superado en las huestes nacionalistas.

Como contrapartida, desde filas del Herrerismo, las protestas no se hicieron esperar cuando Ramírez habló ante sus pares: «Demagogo», «cajetilla», «perdimos por tu culpa», fueron algunas de las voces que se alzaron contra el conductor de Desafío Nacional.

Las heridas están abiertas y nada hace pensar que se cierren fácilmente. En un grado inferior pero también palpable, las diferencias entre Ramírez y Larrañaga, cuyo mayor distanciamiento se produjo cuando éste último se apartó del nucleamiento conformado de cara a las internas de abril de 1999, volvieron a tener un retroceso y ello quedó visible el pasado domingo.

Cuando Ramírez leyó los carteles que diferentes sectores y militantes desplegaron en las instalaciones del Platense, en donde comenzó criticando a los de su conglomerado 903, por tener poco contenido, tiró con todo hacia el líder de Alianza Nacional: «Larrañaga: se puede. ¿Qué quiere decir eso? Nada», afirmó el ex ministro del Interior.

Reacomodamientos

Paralelamente, se produce un nuevo reacomodamiento de los sectores blancos pero también ya existen claras señales de cambios a nivel de dirigentes (ver nota aparte).

En ese sentido, podemos hablar de cinco frentes claramente definidos. Por un lado, un mayoritario Herrerismo, que tras un fuerte proceso de discusión interna de cara a la Convención, si bien evidenció públicamente diferencias y matices, a la hora de las definiciones actuó «como un solo puño», con una disciplina magistral, bajo la conducción de su experiente Lacalle.

Y al escuchar a los dirigentes de todo el país, supo que dirigentes de la Corriente Renovadora Nacionalista del diputado Borsari, de Julia Pou, en Montevideo, de Juan Chiruchi en San José, de los legisladores Carlos Garat y Carlos González Alvarez en Colonia, y de una parte considerable de Cerro Largo, no querían saber de nada con la coalición, y ante una eventual derrota en la Convención y en su propio sector, «sacrificó» una vez a la Lista 71 en pos de la unidad sectorial.

No será nada fácil desbancarlo de la mayoría partidaria.

El pasado domingo, y antes el lunes 28 en el Directorio blanco, Lacalle coincidió con la postura que durante 32 meses pregonó Larrañaga, de oposición a la participación blanca en los ministerios, y a la se opuso en más de una ocasión en el ejecutivo blanco.

Algo similar había ocurrido a la hora de reclamar la renuncia del ministro de Economía y Finanzas, Alberto Bensión. En definitiva, el esfuerzo y el desgaste lo hizo Larrañaga pero el tiro de gracia fue de Lacalle.

Respecto al posicionamiento ante la ciudadanía y la opinión pública, el Herrerismo intentará olvidar su pasado coaligado con el Partido Colorado, ya que al decir del senador Luis Alberto Heber, «no puedo ser socio de la nada y la nada es el gobierno del Partido Colorado».

Corresponderá a Larrañaga intentar eregirse como una alternativa a Lacalle, y superar lo que algunos han dado en llamar, «el abrazo del oso», que termina aniquilando a la presa, o en un grado más exacerbado y confrontativo, lo que algunos han llamado en definir desde Desafío Nacional como «el Pacto de Madrid», en clara alusión al encuentro que mantuvieron en España ambos líderes nacionalistas.

Por otra parte, la denominada Correntada Wilsonista y Desafío Nacional, profundizaron sus conversaciones de cara a la Convención blanca, pero continuarán los encuentros con el objetivo de ir conformando una fuerza pujante en la interna nacionalista, no descartándose un acuerdo electoral que aún está muy verde.

Incluso, en los próximos días se realizará una reunión de evaluación entre estos nucleamientos, a fin de determinar los próximos pasos políticos.

La denominada Correntada Wilsonista está conformada por el Movimiento Nacional de Rocha (MNR), Despegue Nacional, Manos a la Obra, Propuesta Nacional, cuyos dirigentes son Sergio Abreu, Carlos Julio Pereyra, Alberto Volonté, Jorge Gandini, Javier García, Horacio Terra Gallinal, José Claudio Williman, Beatriz Argimón, y Héctor Clavijo, entre otros.

Por otra parte, está el caso de los intendentes comunales blancos, de los cuales, por el momento, la mayoría intenta tener un perfil propio, o actuar en forma coorporativa, y los menos son los claramente identificados con un sector político.

De acuerdo a cada realidad departamental, y naturalmente con énfasis en características personales porque no hay que olvidar que algunos jefes comunales como Eber Da Rosa (Tacuarembó), Carlos Moreira (Colonia), Gustavo Lapaz (Soriano), terminarán su segundo mandato y no podrán ser reelectos, por lo que, seguramente pondrán un mayor énfasis en su posicionamiento sectorial.

Por último, está la fuerza que constituye el diputado Arturo Heber, quien orienta Línea Nacional, como forma de aglutinar a dirigentes y militantes que no se encuentran encasillados en ninguna de las estructuras existentes.

Aunque muchos en la interna nacionalista no quieren admitirlo, desde el domingo quedó demostrado que nada cambió en el enfrentamiento entre Ramírez y Lacalle, y que por otra parte, una nueva etapa de reacomodamientos se inició a partir del pasado domingo, con una marcada impronta electoral. *

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