Llamadas al Director

 

Lamento que LA REPUBLICA haya publicado las fotos de Juan Carlos Blanco

Señor Director:

Compro LA REPUBLICA y veo con sorpresa y con desagrado que han publicado en la primera página las fotografías de frente y de perfil del doctor Blanco. Ojo que no estoy diciendo esto porque no esté de acuerdo con que este hombre haya sido procesado y haya ido a la cárcel. Pero antes de publicar estas fotos, la persona que tomó esta decisión tendría que haber pensado que este hombre tiene nietos, que estos nietos van a la escuela, que el daño psicológico que le han hecho a estos niños es inconmensurable. Usted sabe que los niños tienen ciertas maldades y el resto de sus compañeritos les van a decir muchas cosas desagradables y estos niños durante mucho tiempo van a sufrir el escarnio de muchos niños de su edad. Lamento muchísimo que LA REPUBLICA, el diario que leo desde que salió, haya hecho esto.

Teléfono: 7100…

El Director: Lamento disentir con usted, estimada lectora. No me movió decidirme a obtener y publicar la foto del ex canciller de la dictadura ningún encono personal contra él, a quien conozco desde hace muchos años, sino la realización de un acto democrático de igualdad ante el delito así como incorporarme a la catarsis postergada de una sociedad enferma por el virus de la impunidad.

Conocí a Juan Carlos Blanco en la década del 60 cuando juntos estudiamos en la Facultad, en el seminario de Filosofía del Derecho que dictaba el gran profesor Llambías de Acevedo. Continué viendo a Blanco cuando yo era director de los diarios Extra, De Frente, Democracia, Ya, El Eco y él personalmente, en algunas ocasiones, me alcanzaba los cumunicados de la oficina de la OEA en la que él trabajaba.

Más allá de mi discrepancia con la política de ese Ministerio de Colonias de EEUU, que no otra cosa era la OEA de esas épocas, mi relación con Blanco era respetuosa, cada uno luchando por sus ideas.

El quiebre se produjo cuando devino canciller de la dictadura más oprobiosa e inhumana que haya conocido la historia oriental del siglo pasado. No tengo dudas que Blanco, católico preconciliar militante, nada tuvo que ver con la decisión de secuestrar y asesinar a esa valiente heroína antidictatorial, la joven maestra Elena Quinteros. Pero tampoco tengo dudas que era el único que podía haberla salvado de la muerte. Bastaba con decirles a los militares que si no la devolvían a la embajada él renunciaba o si se quiere bastaba con dimitir para que el mundo entero dedujera que Elena estaba con vida y había sido secuestrada. Con su dimisión inmediata hubiera forzado la entrega. No sólo ni procedió como se lo exigía su fe, la fe del carpintero que murió en la cruz por amor a sus semejantes sino que hizo todo lo contrario. A sabiendas de la falsedad de sus dichos, proclamó urbi et orbe que la maestra mártir ni había sido secuestrada de la embajada venezolana ni se encontraba detenida en parte alguna. Se erigió en el capitán de la operación suplicio. Y con su conducta anticristiana la condenó a muerte. Fue él, quien dictó con su postura apóstata la ejecución de un ser indefenso y admirable.

No es nada el dolor que hoy puede sentir por su procesamiento y por la publicación de las fotos de su prontuario, comparado con el terror que debió sentir Elena cuando burló a sus captores y fue arrastrada por los cabellos por esos cobardes asesinos de mujeres indefensas, que luego la supliciaron y ejecutaron sin piedad cuando recibieron la orden de hacer desaparecer las huellas de la violación territorial de un país hermano. ¡Qué pueden significar las fotos que yo publiqué de frente y perfil con las fotos imaginarias de Elena crucificada, impresas con dolor insoportable en las retinas de una sociedad indignada por el crimen sin castigo! Lo que importa no son las fotos publicadas, que son la consecuencia de un acto innoble sino las terribles causas que la provocaron. Yo también fui prontuariado, de frente y de perfil, y encarcelado por haber denunciado la macroestafa del Presidente paraguayo Wasmosy a su pueblo engañado. Todos los diarios, canales y radios difundieron las fotos de mi encarcelamiento y el de mi hermano.

Tiempo después el procesamiento fue declarado injusto, ilícito, nulo e írrito, fuimos liberados de inmediato con excusas por el error judicial y ya nadie duda de la corrupción de Wasmosy.

Usted se duele por los nietos de Juan Carlos Blanco y el efecto que esas fotos publicadas puede ocasionarles en su siquis. Mis hijos y mis nietos también vieron mis fotos de procesado y condenado. Y hubiera sido un orgullo para mí la publicación de las fotos de mi prontuario antes de que fueran destruidas por decisión del Poder Judicial independiente de nuestro país, en reparación del daño que me infligió el error judicial.

Pero mis hijos y mis nietos se sintieron orgullosos de ese procesamiento. Yo a los nietos de Blanco les explicaría con palabras adecuadas y respetuosas que el abuelo se equivocó y está pagando esa equivocación.

¿Pero, acaso estimada lectora, los hijos y nietos de todos los prontuariados de este país cuyas fotos salen publicadas en los diarios, por delitos mucho menores y conductas menos indignas que las que llevaron al asesinato de Elena Quinteros, no sufren de modo similar, agravado en la mayoría de los casos por la miseria moral y material que rodea a sus familias?

No he recibido ni de usted ni de nadie, llamadas o cartas protestando por la publicación de otras fotos de otros prontuarios de otros reos, que no cometieron delitos de lesa humanidad y que sin embargo sus rostros fueron divulgados.

¿Qué clase de democracia está usted proponiendo? ¿Qué clase de igualdad periodística o sociológica me propone usted? ¿Desea acaso usted que yo publique las fotos del prontuario de un transgresor de la propiedad privada o de un ladrón de gallinas y no publique las fotos de un Iscariote que negó a su maestro y lo condenó a muerte en la persona frágil e indefensa de nuestra Elena, la mártir.

No estoy de acuerdo con usted. Pero no me crea un implacable fiscal de Juan Carlos Blanco. A él le deseo que recupere la valentía moral de la que desertó en 1976, reconozca en lo profundo de su alma el pecado mortal cometido, haga el acto de contrición que le exige su fe redentora, le pida perdón a Elena, la valiente maestra que él podía haber salvado, y pueda a partir de ahí volver a mirar a los ojos de una sociedad ofendida.

 

¡Felicitaciones por el editorial sobre Lula

Señor Director:

Aunque me pese el poco relacionamiento que mantengo, su editorial del 28 de octubre sobre Lula del presente año me ha obligado a esta actitud. Es un mensaje fortalecedor, más que esperanzado. Debemos inundar el país con él y aún a América Latina, para que el sueño de un mundo mejor esté así prácticamente en nuestras manos. ¡Felicitaciones! y ¡Felicitaciones! Este mensaje, este editorial, debe tomarse como bandera e iniciar con ella la gran marcha que debemos iniciar. Norberto Moreira.

Teléfono: 7093…

El Director: Sinceramente me abruma su casi feroz batería de halagos, lisonjas todas ellas generadas por el editorial titulado «Lula: la cuarta vía del socialismo policlasista» publicado en la columna «La cosa vostra». Aunque quizás no fueron tan ambiciosos mis propósitos al escribirlo, me reconforta haber provocado en usted -y sé por suerte que en muchos más- una reacción solidaria, fraterna con mis dichos y por sobre todas las cosas, identificada con una propuesta que por supuesto no me pe
rtenece porque pertenece a la historia misma de quienes de una forma u otra han sido -hemos sido- protagonistas de estos cruciales años. Nuevamente, gracias, pero no olvide que en rigor, quienes merecen las felicitaciones son los millones de postergados que ungieron al metalúrgico de la esperanza.

 

Lula, Sanguinetti, los profesionales y los curanderos

Señor Director:

Cuando Henrique Cardoso derrotó a Lula en las elecciones anteriores, Sanguinetti dijo: «El profesional derrotó al curandero, pueden dormir tranquilos nuestros empresarios, aquí no necesitamos Lula…» En este país estamos gobernados por doctores y mire cómo nos va.

Teléfono: 7096…

El Director: Estimado lector, no entiendo mucho de curanderos, doctores y manosantas, aunque coincido con usted en que el mero título universitario no es garantía de idoneidad para gobernar. Pero no reniegue tanto de los «doctores». Yo sé de uno que tiene la receta para curar una infinidad de males que nos aquejan. Vaya sacando número nomás, que la cola es cada vez más larga… (¡ por suerte!)

 

La TV no informó sobre las elecciones en Brasil

Señor Director:

Vivimos en una república bananera. Se realizaron las elecciones más importantes de la América del Sur. El candidato que salió electo fue el más votado en la historia del mundo… No hay un solo canal de televisión uruguayo que pase alguna noticia. Los que tienen la suerte de tener cable miran algún canal argentino y éstos muestran los festejos en Buenos Aires, biografía de Lula… Acá a los que no tenemos cable no nos pasan nada, sólo que perdió Peñarol, que empató Nacional y cualquier cosa de esas, la huelga en la Intendencia. No pasan otra cosa. Es un hecho histórico de relevancia por muchísimos años lo que está pasando pero los que no tenemos posibilidades de tener cable, los que no podemos salir a la calle a ver si hay alguien festejando, no nos enteramos de nada… vivimos en una republiqueta.

Teléfono: (0968) 56…

El Director: Estimada lectora, reconozco que los grandes medios de comunicación, televisión abierta y otros, no dieron a la jornada electoral brasileña la cobertura especial que el hecho hubiese merecido. Sin embargo, debo decirle que si no estuvo informada como deseaba, fue por no sintonizar 1410 AM LIBRE, la emisora integrante de nuestro multimedio plural, porque en ella desde las 18 horas del domingo en adelante y hasta muy pasada la medianoche estuvimos trasmitiendo paso a paso, con el apoyo de agencias internacionales, corresponsales y enviados especiales, todo lo que acontecía en el hermano país norteño, en una jornada cívica tan trascendente para toda Latinoamérica.

 

Jorge Batlle después de todo no ha hecho las cosas mal

Sr. Director:

No sé si esto será para publicar, lo que sí estoy completamente seguro es que la gente que lee en LA REPUBLICA, esta página de «Llamadas al Director» es una de las más leídas… aunque hay gente que no se les mueve un pelo, pero la página es buena, y como es buena y como no siempre hay que hablar de cosas muy serias, a veces podemos ponerle un poquito de humor. Jorge Batlle, después de todo, esta gente no ha hecho las cosas mal… Yo estoy leyendo acá que en Brasil hay cincuenta y tres millones de personas hambrientas, nosotros tenemos tres millones nada más. ¿Dará para poner esto? ¡Para mí es divertidísimo! Capaz que hasta Buscaglia me habla.

Teléfono 2094…

El Director: Coincido totalmente con usted, estimado lector. Y aunque su humor es de fuerte tono oscuro, doy la bienvenida a esa ironía punzante que no sólo resulta un excelente antídoto contra el bajón sino que puede convertirse en un arma de formidable eficacia en la lucha contra la resignación que propone el modelo.

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