Ninguna pista sobre la asociación de suicidas
En la madrugada del pasado 27 de setiembre, hace exactamente un mes, Felipe Raúl Gilene, un empresario y ex funcionario ferroviario del barrio Sicco de la ciudad Toledo, se suicidó descerrajándose un disparo en la cabeza, dentro de un gabinete higiénico del tercer piso del Edificio Anexo al Palacio Legislativo.
En el momento de suicidarse, portaba una carta en la cual explicaba su situación y cuidadosamente había remitido algunas copias a amigos y medios de comunicación. El hecho dejó en evidencia ciertas carencias en los controles de seguridad del edificio. Pero por sobre todas las cosas, el suceso llamó la atención sobre la angustiante situación de ciudadanos apremiados por condiciones económicas adversas.
De algunas de las misivas surgió que integraba una asociación de suicidas que amenazaba con «llevarse a algún legislador», si en un mes no se producían soluciones para contrarrestar la crisis en el país. Asimismo, en primera instancia trascendió que el arma con la cual ingresó Gilene al Parlamento estaba cargada con cuatro balas. Sin embargo, a partir de ciertas investigaciones se supo que solamente tenía un cartucho con el cual se quitó la vida, lo que resta autenticidad a la existencia de tal plan. Tras el episodio, algunos legisladores recibieron llamadas telefónicas en tono de amenaza –en algunos casos identificadas como habituales–. A partir del suicidio de Gilene las autoridades parlamentarias dispusieron que se intensificaran los controles en ambos edificios. Estos habían sido aprobados en el año 2000 pero no se llevaban a cabo. No obstante, surgieron hechos particulares a partir de los controles. Una tarde, el esposo de la diputada Glenda Rondán (Batllismo, Lista 15) –quien es funcionario de la Dirección Nacional de Aduanas– concurrió al despacho de su esposa. En virtud de su función en Aduanas el esposo de la legisladora portaba un arma de fuego reglamentaria que debió dejar en recepción para poder acceder al tercer piso del Anexo, donde se encuentra el despacho de Rondán. Sin embargo, cuando ambos pretendían retirarse del edificio, el cónyuge de la diputada recogió su arma y como su automóvil se encontraba en el estacionamiento subterráneo debía reingresar al Anexo para dirigirse al piso «menos dos» (o segundo subsuelo), ante lo cual los guardias se encontraron en una encrucijada y se negaban a darle el arma. En ese momento, la legisladora tomó el arma que correspondía a su marido y ambos pudieron retirarse. *
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