Fau defendió en 1986 la necesidad de juzgar a los militares represores
Aquella noche, cuando la Cámara de Representantes aprobó la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, el legislador recordó que los políticos de todos los partidos «nos comprometimos en la campaña electoral a que no íbamos a dar un paso atrás en la justicia necesaria para el esclarecimiento de estas violaciones». Agregó que en las elecciones de 1984 «triunfaron las corrientes que asumieron ante el país el compromiso, fueran gobierno o no, de poner sus manos y sus voluntades al servicio de la Justicia».
En su intervención, el actual ministro recordó el compromiso del entonces presidente Julio María Sanguinetti de «salvar el motivo que provocó la ruptura de relaciones» con Venezuela poniendo «todo de sí para que pudiera esclarecerse el secuestro de Elena Quinteros».
Un gesto de obediencia
Fau, que en aquel entonces pertenecía al Frente Amplio (FA), indicó que «ya pasó el sonsonete de querer aparecer a nuestro FA comprometido con pactos de impunidad. Ahora sólo queda la opinión de los militares y la del Partido Colorado en tanto quiera coincidir con la interpretación castrense».
Fau calificó a la Ley de Caducidad como «la impunidad más grosera» y dijo que se resistía a creer que los diputados blancos y colorados que votarían el proyecto fueran «un conjunto de frívolos, indiferentes, insensibles, que quieren dejar impunes los atropellos». A su entender, la Ley de Caducidad apuntaba a «buscar solucionar de la peor manera estas lacras nacionales, estas llagas que nos lastiman a todos».
Blancos y colorados sufrieron aquella madrugada las críticas de Fau, quien los acusó de cometer «un gesto de obediencia. Yo sé que ninguno de ustedes pudo olvidar lo que pasó en el país; yo sé que algunos de ustedes, o todos ustedes, querrían que alguno fuera procesado y que alguno pagara algo de lo que hizo. Sé que lo querrían pero acepten que, en definitiva, aparecen como obedeciendo un mandato que no tiene formas orgánicas ni políticas. Más allá de vuestras voluntades, no hay grandeza: hay obediencia».
«Que alguien pague algo de lo que hizo»
Fau hizo hincapié en que el hecho de brindar impunidad a los violadores de los derechos humanos no aseguraría la institucionalidad porque «para superar la crisis no alcanza con que los partidos políticos lo proclamen. Lo importante es que el grupo social del que formamos parte tenga ese convencimiento. ¿Cómo vamos a explicar a la gente que como hay unos que no quieren cumplir la ley, les elaboramos otra para que logren su propósito que queden en la legalidad?». Destacó que en el pueblo blanco, colorado y frentemplista «sigue estando latente el deseo, el anhelo y la voluntad de que por lo menos alguien pague algo de lo que hizo».
El nombre de Zelmar Michelini estuvo presente en el discurso del hoy ministro colorado, que como integrante del Partido por el Gobierno del Pueblo (PGP) era entonces parte de la coalición de izquierda. Fue en nombre de Zelmar, «en esa memoria, en el constante compromiso de que algún día hemos de saber quiénes fueron sus asesinos, en su sombra imponente e inmensa, que nos cobijamos hoy para, en un gesto de inmodestia, decir que en esta Cámara de Representantes hoy estamos haciendo lo que Zelmar Michelini hubiera hecho si no lo hubieran matado».
Polémicas «superadas»
Las polémicas fueron «superadas» con el voto de la ciudadanía. Esa es la explicación que manejó ayer en dos oportunidades el ministro de Defensa Yamandú Fau, cuando fue consultado -a la salida de su encuentro con el presidente Jorge Batlle- por su situación personal en el caso, teniendo en cuenta que durante el retorno a la democracia se opuso a la Ley de Caducidad.
En efecto, Fau votó contra esa ley cuando el Parlamento la sancionó en 1986. En ese momento integraba el Frente Amplio. En 1989, reafirmó su idea de que los militares fueran juzgados.
Ayer, 13 años después, Fau dijo que «las situaciones personales pasan a ser irrelevantes ante la trascendencia de algunas situaciones. Más allá de la polémica que las leyes que pacificaron al país pudieron haber creado, esas polémicas han sido superadas, porque esas diferencias fueron resueltas como lo resuelve la democracia: escuchando al pueblo soberano». «Tuve una posición, la mantuve y actué a conciencia. Hoy como gobernante me siento comprometido a que se respete a que se salvaguarde». *
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