Llamadas al Director
Las que sufren son las mujeres que no tienen dinero para pagarse abortos particulares
Señor Director:
Es muy fácil para los legisladores blancos decir que están en contra de la ley de despenalización del aborto. Claro, las mujeres pudientes siempre se han hecho el aborto con ginecólogos particulares.
El otro día decía el joven diputado Lacalle Pou, con mucha soltura, que estaba en contra del aborto. Mejor sería preguntarle cómo se hicieron algunas fortunas, si no fue haciendo abortos particulares.
Las que sufren son las mujeres que no tienen dinero para pagar los abortos particulares que de ellos nunca se sabe, y se arreglan como pueden, con alguna vecina. Esas son las que padecen por no legalizar el aborto. Pero las ricas están bien aseguradas.
Así que el señor Lacalle Pou primero tendría que madurar antes de opinar sobre estos temas.
El Director: Estimada lectora, el tema de la legalización del aborto aunque, como en el caso de la ley en discusión, se trate de una libertad condicionada a una serie de factores es indudable que tiende a enfrentar a diversos sectores de la sociedad, con cuestionamientos científicos, religiosos, filosóficos y hasta sociales sobre el tema. Creo que, más allá de estas consideraciones, de lo que se trata es de evitar que las mujeres no pudientes se vean obligadas a practicarse abortos en condiciones sanitarias deficientes y sin la garantía de la intervención de un profesional. Como suele ocurrir con muchos delitos, está demostrado que la penalización no opera como factor disuasivo, y quien ha resuelto interrumpir su embarazo no se detiene por la posibilidad de enfrentar una condena judicial.
Exabrupto policial
Señor Director:
Mi hijo fue el sábado al Teatro de Verano del Parque Rodó a ver el recital del grupo argentino Bersuit y estaba haciendo un tratamiento con antibióticos porque andaba mal de la garganta. Cuando presentó su entrada un policía miró lo que llevaba y le dijo «no podés llevar antibióticos», y se los tiró a la basura con los caramelos para la garganta. Cuando él le dijo «me estás cortando un tratamiento, además son pastillas para la garganta y a mí me salen caros», este señor policía le dijo «no me interesa nada», y se las tiró a la basura.
Mi pregunta es sencilla: ¿Nadie controla que un policía sepa realmente lo que es una droga, un antibiótico o un caramelo de propóleos? ¿Qué se puede hacer quiero saber yo para que estas cosas no sucedan y que los gurises no reaccionen con esa bronca hacia el policía como pasó en el caso de mis hijos?
Teléfono: 6826…
El Director: Cumplo con publicar su llamada, estimada lectora. Comprendo su indignación, y creo que se justifica porque todos los abusos de poder, grandes o pequeños, son inadmisibles y sublevantes. Me consta que el ministro del Interior, que ha promovido desde su cartera una nueva imagen del cuerpo policial bajo el lema de estar sirviendo a la sociedad, tomará muy en cuenta testimonios como el suyo y dispondrá lo necesario para evitar en lo sucesivo este tipo de arbitrariedades.
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