La Cancillería negó asistencia a un diplomático que fue estafado mientras cumplía funciones en Cuba
El Ministerio de Relaciones Exteriores, que ha instruido a su red de misiones diplomáticas y oficinas consulares para asistir a todos los uruguayos a nivel internacional, decidió negarle apoyo a un funcionario diplomático que fue víctima de una estafa en Cuba, cuando cumplía una misión oficial.
En una resolución fechada el pasado 27 de setiembre, la Dirección de Asuntos Jurídicos de la cancillería uruguaya dio conformidad a un informe del abogado Alvaro Bellón Morosoli en el que se considera que el delito cometido contra el diplomático es de índole particular y la cancillería no tiene que intervenir.
El 9 de abril de 2002 el funcionario Enrique J. Vidal había presentado una denuncia (Nº 4423/2002) ante la Secretaría General del Ministerio con una carta dirigida al canciller Didier Opperti, al que solicitaba asistencia ante la situación sufrida en setiembre del año 2000 cuando cumplía funciones diplomáticas en la embajada Uruguaya de La Habana.
En una circular remitida a mediados de año a toda la red de misiones diplomáticas y oficinas consulares, el ministro Opertti había subrayado la importancia que se daba a la asistencia de compatriotas, lo que constituía «una de las preocupaciones esenciales del Ministerio de Relaciones Exteriores».
Problemas de un país bajo embargo
El funcionario Vidal había sido enviado a La Habana, Cuba, a mediados de 1999, para ocupar el cargo de consejero y jefe de la Sección Consular en la misión diplomática que encabezaba desde diciembre de 1998 el escritor uruguayo Enrique Estrázulas.
Vidal, con una carrera de 24 años en la cancillería, a la que había ingresado por concurso en 1978, venía de cumplir una misión de tres años como consejero de la embajada de Beijing, China. También había estado en Hong Kong (90-94) donde fue el primer diplomático en asistir al Batallón Uruguay Nº 1, con asiento en Camboya, que actuaba para la Fuerza de Paz de la ONU.
En su larga trayectoria de diplomático, Vidal había trabajado en otros destinos «difíciles» (fue vicepresidente de la misión comercial a Irán en 1986) y había vivido situaciones «complicadas», como la de un accidente aéreo con víctimas uruguayas durante su estancia en Nueva Orleans a principios de los ochenta.
Nunca pensó que su peor pesadilla pudiera ocurrir en una paradisíaca isla del Caribe, con la que la administración del entonces presidente Julio María Sanguinetti mantenía cordiales relaciones diplomáticas, al punto de haber recibido en Montevideo a su presidente Fidel Castro Ruz.
Su primer problema fue lograr trasladar sus ahorros desde el banco de Beijing al Nation Bank de Miami y conseguir una autorización del Departamento del Estado norteamericano para poder retirar fondos desde el Banco Financiero Internacional de Cuba. Un trámite obligado debido al embargo sobre Cuba.
Esa complejidad la habían vivido siempre las representaciones diplomáticas uruguayas en Cuba desde la reanudación de relaciones en 1985. Por años, los funcionarios uruguayos enviaban a Miami, retiraban las partidas trimestrales enviadas por la cancillería y las llevaban en sus bolsillos hasta La Habana.
Luego, una negociación entre Estados Unidos y Cuba, permitió realizar una triangulación de divisas desde el Nation Bank de Miami -adquirido por el Bank of America- a través de terceros bancos y poder retirar el dinero en el banco estatal cubano, para afrontar los gastos y sueldos de la misión.
Estafado por un chofer del Estado
A diferencia del embajador, el consejero diplomático no tiene como beneficio que el Estado uruguayo abone sus gastos de secretaría u otro tipo de personal, así que Vidal tuvo que pedir a la empresa estatal Cubalse -que otorga personal cubano a las misiones diplomáticas- para conseguir un chofer.
La contratación del chofer se realizó por medio de una nota de la representación uruguaya a la empresa estatal cubana, que es la que adjudica viviendas y atiende a los extranjeros. Nada hacía suponer a Vidal que el chofer contratado, Héctor Ramón Guevara Hernández, terminaría robándolo.
A pesar de que el límite máximo de cinco años que Vidal tenía para cumplir funciones en el exterior vencía el 7 de mayo de 2001, el Poder Ejecutivo decidió, el 8 de agosto, trasladarlo a Montevideo. Vidal cumplió funciones diplomáticas en Cuba hasta el 3 de octubre de 2000, cuando regresó al país.
Al día siguiente de su arribo, se presentó por nota ante el canciller Opperti y quedó a disposición. Dos meses después, al observar los estados de cuenta Vidal se enteró que había sido estafado en La Habana y a través del Banco Financiero Internacional cubano le habían «vaciado» todos sus ahorros.
El delito se había comenzado a cometer cuando Vidal aún estaba acreditado como funcionario diplomático uruguayo ante la embajada en La Habana. El chofer, Guevara Hernández, había emitido cheques en forma fraudulenta desde la cuenta de Vidal hacia la corporación Fincimex, de la que depende el Banco Financiero Internacional cubano, por 52 mil dólares.
El chofer recomendado por una empresa que pertenece al Estado cubano logró que el banco le diera una libreta de cheques 21 días después que Vidal había abandonado La Habana, y llegó a emitir cheques a favor de terceros por un monto de 31 mil dólares.
El Banco estatal cubano no solo le otorgó una libreta de cheques a una persona que no era titular de la cuenta, sino que además aceptó cheques de bancos extranjeros con una firma que no correspondía a Vidal, sin que fueran endosados y hasta con errores de redacción.
La lenta mano de la Justicia
En enero de 2001, Vidal viajó por su cuenta a Cuba para realizar la denuncia policial y efectuar investigaciones ante los bancos cubanos involucrados. Pudo confirmar, y así lo denunció ante la Policía para Extranjeros de Cuba, que le habían sustraído cheques por un monto total de 65 mil dólares.
La denuncia policial Nº 157/01 fue fechada el 19 de enero de 2001. Vidal tiene que contratar un abogado local para atender sus reclamos en Cuba. Durante ese período la misión diplomática uruguaya en La Habana se mantiene al tanto de la situación e informa de lo ocurrido al ministro Didier Opperti.
En el «Mensaje 034″ fechado el 23 de noviembre de 2001, el nuevo encargado de la Sección Consular uruguaya en La Habana, Alberto Rodríguez Goñi, informó a la cancillería de Montevideo sobre los avances que había tenido en relación a la denuncia presentado por el consejero Enrique Vidal.
Rodríguez Goñi, sin recibir instrucción alguna, decidió entrevistarse en el Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) de La Habana con el teniente coronel Gilberto Díaz y el capitán Ernesto Forcades Romero, instructor del caso de estafa del que había sido objeto el funcionario diplomático uruguayo.
Forcades Romero confirmó que la justicia cubana había encontrado al chofer de Vidal culpable de falsificación de documentos y de una estafa, mediante la cual logró retirar dinero de la cuenta personal que Vidal manejaba a través del Banco Financiero Internacional de La Habana.
El chofer había comprado un Mercedes Benz del año 1986 valorada en 25 mil dólares y el resto del dinero lo había gastado o destinado a comprar electrodomésticos varios.
Como el imputado no tenía antecedentes penales, el juez lo había dejado en libertad provisional.
Vidal viajó por segunda vez a La Habana para ampliar sus declaraciones.
Obtener justicia en Cuba, en un lento trámite que ha ido y venido del juzgado a la fiscalía, es la única posibilidad de recuperar un dinero del qu
e el Bank of América no se hace responsable porque «hizo confianza» en el banco cubano.
Diplomático sin asistencia oficial
Desde el 7 de marzo de 2001, el diplomático Vidal asumió nuevas funciones en la Dirección de Asuntos Consulares, donde actualmente se encuentra. Sus expectativas de recuperar lo robado han sufrido sucesivas dificultades en las que se entremezclan lo fortuito, lo político y lo jurídico.
Primero, se produjo en La Habana el fallecimiento del ex embajador ante Uruguay, Joaquín Más, quien había iniciado trámites internos para ayudarlo. Luego, se sucedieron la serie de incidentes diplomáticos que terminaron con la ruptura de relaciones entre Uruguay y Cuba en mayo de 2000.
El pedido de asistencia que Vidal presentó al canciller Opperti en abril de este año, tuvo un largo trámite hasta el pasado 6 de setiembre, cuando el director general para Asuntos Técnicos Administrativos, embajador Alfredo Cazas pidió a la Dirección de Asuntos Jurídicos se expidiera sobre si Vidal había sido contemplado en sus derechos de acuerdo a la Convención de Viena.
El 27 de setiembre el doctor escribano Alvaro Bellón Morosoli se pronuncia en contra de Vidal y sostuvo que, como el dinero que le robaron era de su propiedad, se trataba de una «cuestión estrictamente privada» que debería regirse por las disposiciones legales cubanas.
El ministro Opperti ha ordenado a las misiones diplomáticas defender casos como el de Fredy Lima Porley, detenido por «falsa alarma sobre explosivos» en Miami; el de Pablo Moreira Mosca, acusado en Norteamérica por su ataque de pánico en una aeronave; en la situación de varios inmigrantes ilegales deportados a Uruguay desde España; y el de la joven embarazada detenida en Estados Unidos.
En el artículo 5º, inciso «i» de la Convención de Viena de 1963, se señala que los países deben «representar a los nacionales del Estado que envía o tomar medidas convenientes para su representación ante los tribunales y otras autoridades del Estado receptor de conformidad con la práctica y los procedimientos en vigor en este último a fin de lograr que de acuerdo con las leyes y reglamentos del mismo se adopten las medidas provisionales de preservación de los derechos e intereses de esos nacionales, cuando, por estar ausentes o por cualquier otra causa, no puedan defenderlos oportunamente». *
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