El atentado contra el profesor Ramírez
El 17 de agosto de 1961, el día que Ernesto Che Guevara se dirigió a los uruguayos desde el Paraninfo de la Universidad, un profesor uruguayo, Arbelio Ramírez, resultó asesinado durante la represión a los manifestantes.
El entonces secretario general del Partido Comunista del Uruguay (PCU), Rodney Arismendi, no dudó que la muerte de Ramírez fue «un atentado preparado para matar al Che».
El dirigente dijo que «había sin duda complicidad de las autoridades uruguayas de cuerpos represivos en ese intento de asesinato, gente de orientación fascista que más tarde conspiró y llegó hasta el golpe de Estado».
El testimonio de Arismendi es recogido en el libro «Ernesto Che Guevara en Uruguay», del periodista Miguel Aguirre Bayley, en el que se describe en detalle la presencia del revolucionario cubano en nuestro país, para participar en la conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), que se realizó en Punta del Este. Sobre el día del atentado, el periodista señala que Guevara se retiró de la Universidad «en un taxi Mercedes 190 color negro en lugar de hacerlo en el auto en el que había llegado» y posteriormente comenzó la represión. En ese marco «se oyeron por lo menos siete disparos en dos ráfagas que los funcionarios policiales reconocieron como provenientes de armas calibre 7.65″. Las balas hirieron a Ramírez, que después del acto se dirigía caminando con su portafolios a dar clases en el nocturno del Liceo Zorrilla. Fue asistido por Ruben Sassano y Héctor Carrica, que no pudieron trasladarlo «por el tiroteo, la carga de la Republicana a caballo y los gases lacrimógenos». El profesor fue finalmente asistido por el comisario José María Luz, que ordenó su traslado al Hospital Maciel en un patrullero. Ramírez murió como consecuencia de la bala que le destrozó la carótida.
Desconfianza en la policía
El asesinato de Ramírez motivó una declaración de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEUU) reclamando la «investigación exhaustiva de los hechos», de los que acusaban a «criminales fascistas». Lo mismo opinó el Consejo Directivo Central de la Universidad, cuyo rector era Mario Cassinoni. En un comunicado, las autoridades universitarias establecían que «en el suceso de que fuera víctima el profesor Arbelio Ramírez se puso en evidencia, una vez más, la acción de grupos organizados con directivas fascistas».
Los medios de comunicación de la época también se hicieron eco del crimen y el viernes 18, al otro día del asesinato, el ministro del Interior, Nicolás Storace Arrosa, concurrió al Senado convocado por el socialista José Pedro Cardoso.
Storace dijo que al finalizar el acto «gente excitada insultó a la policía, que se vio obligada a disolver a los manifestantes mediante el uso de agua y gases». Tanto Cardoso como la entonces senadora quincista Alba Roballo dejaron claro que desconfiaban de la actitud de la policía. *
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