Batlle aprobó acuerdo de cooperación con Rusia para suministro de armas a las FFAA
El ministerio de Defensa Nacional suscribió, antes de la asunción de Yamandú Fau, un convenio de cooperación técnico-militar con Rusia por el que Uruguay obtendrá suministro de armamentos y cursos de formación militar, en el marco de un intercambio que incluye compartir información calificada como «confidencial» y considerada «secreto de Estado».
El convenio, realizado sin aprobación parlamentaria, podría permitir a las Fuerzas Armadas uruguayas adquirir equipos y armas por varios millones de dólares, si se decide cobrar parte del endeudamiento que la Federación Rusa mantiene con Uruguay desde la disolución de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS).
La firma del convenio fue autorizada por el presidente Jorge Batlle en una resolución aprobada el pasado 20 de setiembre, atento a lo establecido en la resolución Nº 124.960 aprobada por el Ministerio de Defensa en 1991 y según el artículo 145 de la Ley 15.851 del 24 de diciembre de 1986.
La ley indica que, si bien los contratos y convenios que el Poder Ejecutivo suscriba con gobiernos extranjeros requieren de la aprobación de la Asamblea General (numeral 7º del artículo 85 de la Constitución de la República), cuando la materia del contrato sea propia del giro del organismo sólo se dará cuenta al Parlamento en los días siguientes al de su celebración.
Miembros de la Comisión de Defensa de la Cámara de Senadores, interrogados por LA REPUBLICA indicaron no tener conocimiento sobre la existencia del acuerdo ni haber recibido ningún tipo de comunicación oficial al respecto de parte del Ministerio de Defensa ni de la Presidencia de la República.
Armas, patentes, formación y «secretos»
El acuerdo con la Federación Rusa, cuyos antecedentes se encuentran en expediente Nº 02055778 del Ministerio de Defensa Nacional, incluye en la cooperación el «suministro de armamento, técnica militar y otro material de uso bélico; prestación de servicios de aseguramiento de la explotación, mantenimiento y prestación de otros servicios de carácter militar».
También abarca la «transferencia de licencias para la producción de armamentos y técnica militar y prestación de asistencia técnica en la organización de su fabricación», así como el «suministro de equipos y materiales y prestación de asistencia técnica en la fundación y equipamientos de los objetos de uso militar».
Incluye también, la «formación del personal militar» y la «asistencia a la creación en Uruguay de las fábricas de reparación capital de los armamentos y técnica militar de la producción rusa», a efectos de lo cual se prevé el «envío de los especialistas para prestar asistencia en la realización de los programas conjuntos».
En el artículo 4º del acuerdo que tendrá vigencia por cinco años y se renovará automáticamente cada dos años se establece que «las partes aseguran la protección de la información obtenida en el curso de la realización del presente Convenio, que según la legislación vigente de las partes es confidencial o constituye secreto estatal».
Agrega que «cada una de las partes asume la responsabilidad de no vender o entregar a las organizaciones internacionales, terceros países, personas jurídicas o físicas, armamentos y técnica militar, y también la información mencionada, que fue recibida u obtenida, (…) sin consentimiento previo de la parte suministradora».
Buscar el mercado latinoamericano
El convenio surgió luego de un encuentro desarrollado el 29 de marzo último entre dirigentes del Comité de la Federación Rusa para la Cooperación Técnico Militar con los Estados Extranjeros (CCTM) y los jefes de misiones diplomáticas y agregados militares latinoamericanos acreditados en Moscú.
En la reunión los dirigentes del CCTM explicaron a los diplomáticos latinoamericanos las normas que rigen la exportación e importación de materiales bélicos rusos, en el marco de los «nuevos desafíos y peligros que conspiran contra la seguridad internacional», según indica un informe ruso.
El encuentro en Moscú se produjo días después de una importante exposición para el mercado de Latinoamérica organizada por la Empresa Estatal Unitaria Rosoboronexport, único intermediario estatal ruso especializado en la exportación de armamentos y material bélico, que concentra el 90 por ciento de las ventas rusas en el sector por un monto anual de 4 millones de dólares.
La Rosoboronexport, que colabora en más de 60 países del mundo y mantiene misiones permanentes en 34 de ellos, ha priorizado en la última década el relacionamiento con Latinoamérica y ya había efectuado una demostración de los cazas Sujoi y aviones Mig en Santiago de Chile en 1998.
En la nueva exposición, se presentó a los latinoamericanos 18 tipos de aviones cazas y de asalto de las fábricas Sujoi, Knaapo e Iapo, además de los clásicos Mig y el novedoso Yak-130.
También se ofreció una nueva línea de helicópteros MI-17 que ya utilizan en México, Nicaragua, Ecuador y Cuba; y no faltaron los sistemas antiaéreos «Igla» que operan Brasil, ni los tanques livianos VCI, que ya conocen los militares chilenos.
Acercamiento por intereses mutuos
El vicepresidente Luis Hierro López visitó Moscú en julio pasado y se entrevistó con el ministro de asuntos exteriores de Rusia, Igor Ivanov, quien al finalizar el encuentro destacó la suscripción de acuerdos respecto a la circulación ilegal de drogas y la comunicación aérea entre ambos países.
Hierro López mantuvo contactos con dirigentes de la Duma Estatal y la Asamblea Federal, además de representantes del gobierno, con quienes se analizó la cooperación bilateral entre los dos Estados que en diciembre próximo cumplirá 145 años de relacionamiento diplomático.
Si bien las relaciones políticas entre ambos países estuvieron delineadas por los parámetros de la «guerra fría» durante décadas, los intereses comerciales superaron varias veces la distancia del alineamiento político-ideológico: para Uruguay, Rusia siempre ha sido un mercado potencial, como para Rusia, Uruguay constituye una puerta de entrada a Latinoamérica.
La Federación Rusa y Uruguay refrendaron en Montevideo, en diciembre del año 2000, a través de la Ley Nº 17.285, un Convenio de Cooperación Cultural y Científica que ambos países habían firmado en Moscú el 25 de julio de 1986, cuando aún existía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
En 17 de marzo de 1988, Rusia y Uruguay ya habían acordado un convenio por el que unos 300 largometrajes cinematográficos filmados durante las últimas decadas de existencia de la URSS fueron depositados en el archivo fílmico de Cinemateca Uruguaya.
El 14 de diciembre de 2000 el ministro de Deporte y Juventud, Jaime Trobo, anunció la posibilidad de utilizar parte de la deuda que Rusia mantiene con Uruguay para la adquisición de equipamientos deportivos para espacios públicos en todo el país.
A mediados de marzo de 2002 Rusia inauguró en la Biblioteca Nacional de Montevideo una exposición itinerante de libros dedicados a la emigración rusa que luego viajaría a Argentina y Brasil.
En esos días, la Cámara de Comercio e Industrias de Chile, inauguró una mesa redonda sobre las perspectivas de cooperación entre Rusia y la comunidad Andina. *
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