"El suicidio es una forma de comunicación inadecuada, que implica un pedido de ayuda"
RAUL LEGNANI
–¿Tiene la sensación de que estamos ante el comienzo de una epidemia suicida?
–Creo que hay un aumento de la incidencia de suicidios o por lo menos de intentos de autoeliminación o de intención suicida. El hecho de que se hagan públicos es algo que ha conmocionado a la comunidad, la que hoy se preocupa por el tema. Pero nosotros que hace doce años que trabajamos, sabemos que mueren de uno a dos uruguayos por día, debido a esta causa. También sabemos que es un problema internacional, con casi millón de muertes en el año 2000, con una muerte cada 40 segundos y que en los jóvenes es la primera causa de muerte, junto con los accidentes. Pero la buena noticia es que en los países que hay planes de prevención de suicidio, está descendiendo el índice de suicidios.
–¿Nota que hubo un aumento de los suicidios en estos doce años?
–Sí, en nuestra sociedad ha habido un aumento paulatino.
–¿Se conocen las causas del suicidio en nuestro país?
–No está desarrollado, no tenemos ley. Es un tema que no ha sido tomado a nivel de autoridades, ni siquiera en las facultades de Medicina y de Sicología.
–¿Para qué una ley?
–Para prevenir el suicidio, como existe en otros países. Entiendo que es una obligación de las autoridades el delinear planes y programas de prevención del suicidio. Esto tendría que tener en cuenta el trabajo con médicos, que hacen la asistencia primaria. También el trabajo con comunicadores, con docentes en escuelas y en cárceles. Otro aspecto es el trabajo con los llamados sobrevivientes, que son aquellos que están relacionados con la persona que cometió el suicidio.
–¿Se saben cuáles son las causas del aumento del suicidio?
–Nosotros sabemos que desde la década del 50, las teorías sociológicas se han articulado con el resto de las teorías médicas, para explicar el problema del suicidio. Hay serios trabajos internacionales que muestran que los cambios socioeconómicos generan, a veces, el aumento del suicidio. Yo tengo una estadística donde muestra que como desencadenante, en el año 2000, prevalecían los problemas afectivos y las violencia doméstica, pero fue dejando paso a los problemas económicos. Dentro de estos problemas tenemos incluido el problema del corralito, en el caso de Argentina, y dentro de los duelos aparece el exilio de hijos. Estos datos son comprobables en nuestra propia población.
–Aquellos sectores sociales que no sufren cambios económicos, los más pobres y los más ricos, ¿son menos propensos al suicidio?
–Los no cambios es un factor protector, lo que no quiere decir que la pobreza no genere más depresión. En las clases bajas se deprimen más las mujeres. En las clases bajas la depresión es el doble, en relación a las clases altas. Pero también se deprime más la mujeres, en las clases altas.
–¿Por qué es esto?
–En nuestra sociedad es mal visto que una mujer exprese la agresividad. El ser obediente, modosita, trae en un esquema de construcción cultural lo que se espera de una mujer. Esto hace que la agresividad no se vuelque afuera de una manera adecuada, generando depresión. En cambio es bien visto que el varón pueda mostrar agresividad, incluso la cultura acepta la violencia como parte de la masculinidad, lo cual hace que el varón se deprima menos, pero sin embargo llega al suicidio más que las mujeres.
–¿El ingreso al mercado de trabajo ayuda a que la mujer se aleje de la depresión?
–La ayuda porque le da un mundo más rico.
–Usted decía que el hombre se exterioriza más. ¿Toda exteriorización es mejor para impedir el suicidio?
–El hombre exterioriza más la violencia, pero eso no es bueno para prevenir el suicidio. Eso es suicidógeno, porque suicidio es una muerte violenta. Sin embargo, como le está permitido mostrar, como signo de masculinidad, su violencia, no se le está permitido expresar sus vulnerabilidades, sus dolores. Y el varón no es un consultador habitual de los servicios de salud y menos de los servicios de salud mental. Son sus compañeras las que piden consultas para él. Pero también hemos visto en los últimos meses un aumento de pedidos de ayuda de varones desesperados por la situación.
–Usted me está diciendo que el hombre no está preparado para mostrar sus debilidades…
–Exactamente. No está preparado para fracasar en el mundo de lo público. Si leemos Barranca Abajo, vemos que Zoilo tuvo un gran dolor en el mundo de lo doméstico, de sus afectos por la muerte de su hija y de la traición que le hicieron sus mujeres, pero todo eso empezó con el fracaso del mundo de lo público, cuando no pudo conservar las tierras de sus ancestros.
–En el escenario de lo público el hombre no puede perder…
–Exactamente.
–Pero puede exponer el dolor afectivo, tal como lo canta el tango.
–Pero siempre entre otros varones, donde las mujeres quedamos como bastante mal.
–Me está diciendo que el hombre no puede perder en los negocios, no puede perder en el trabajo…
–Incluso en violencia doméstica. Nosotros hemos asistido a personas que han hecho intentos de suicidio graves, cuando sus compañeras los abandonaban. Y era hombres que ejercían la violencia doméstica, como que la pérdida del poder es un desencadenante que muestra la vulnerabilidad del varón.
–Ante un cambio económico radical, como el que está ocurriendo ahora, ¿esa ruptura genera depresión en todos iguales o hay gente que está más predispuesta a la depresión?
–No, no es a todos igual. Siempre viene sobre una historia personal, donde la situación actual se ve ampliada o disminuida. El tema es que cuando hay situaciones generales caóticas, a veces hay situaciones de contagio y de sensación de desesperanza colectiva. Las actividades de integración social son protectoras del suicidio; me refiero a la gente que ha salido, en medio de la crisis, a ayudar a otros.
–Lo peor es la mujer y el hombre solo…
–Ni hablar, ni hablar. Recordemos que el suicidio es un acto que se comete en soledad y es la denuncia de lo que pasa en todo el colectivo. Es que no somos islas. El suicidio denuncia el fracaso de una propuesta comunitaria. Si queremos que en nuestro país se implanten políticas de prevención, tenemos que verlo de esa manera, dejando de situar al que se suicida como una persona que está loca y al que hay que darle pastillas o electroshock. Y nada más. Como se ve, el tema es mucho más complejo.
–Esta persona que fue al Palacio Legislativo y se quitó la vida allí, dejó una carta, como dice usted, de contenido comunitario. ¿Con esa carta ideologizó su muerte o el contenido de su misiva es realmente expresión de una situación social? ¿O es todo mezclado?
–Yo no conocí al señor, pero da la impresión que es la expresión de las dos cosas: sobre la verticalidad de este señor, envuelve la horizontalidad de la situación, y en ese cruce hubo ese desenlace. Nosotros decimos que el suicidio es una forma de comunicación inadecuada, que implica un pedido de ayuda. Es bastante claro que este señor (Raúl Gilene), quiso comunicar algo a la clase política. Lo que no quiere decir que no estuviera deprimido y sintiéndose muy mal. Lástima que la forma en que lo comunicó no es la adecuada.
–¿Cómo vio la reacción de los parlamentarios?
–Yo estaba afuera del país y por eso pude leer muy poquito. Pero me dio la impresión de que salvo el diputado Washington Abdala, la mayoría hizo más hincapié en la seguridad.
–De alguna manera esa per
sona eligió la casa de los parlamentarios, el Palacio Legislativo, para quitarse la vida. Yo no supe de la realización de un minuto de silencio, una demostración de duelo por parte de quienes son los «propietarios» de esa casa. ¿Cómo se interpreta esta reacción?
–Sobre esto sería bueno que los parlamentarios se manifestaran, explicando por qué la respuesta fue de silencio. Lo que sí me llamó la atención, lo que me preocupó, fue el excesivo cuidado por la seguridad. Postura lógica, pero que se queda en el síntoma y no va a analizar la enfermedad.
–¿El suicidio va cambiando en el significado, según las épocas?
–Claro, por ejemplo en Oriente el suicidio tiene un significado del altruismo, de hacer cosas por su comunidad, que aún se ven ahora. En Occidente existen otros tipos de causales, como las relacionadas más con lo individual, por sus cuitas afectivas.
–En nuestra sociedad, ¿los creyentes de las distintas religiones se manifiestan de diferentes maneras?
–Sólo hay estudios internacionales, que muestran que la comunidad judía es la que menos se suicidaba, luego la católica y la protestante. De todas maneras todos somos hijos de la civilización judeocristiana, aunque seamos ateos, tenemos una cierta fantasía de continuación de la vida. Esto hace que la persona que dice que se quiere quitar la vida, no quiere en realidad morir, sino dejar de vivir de esa manera. Es que siempre está el fantaseo de lo que va a pasar cuando él no esté. Hay como dos planos: el racional, el no creo en el más allá, y el otro que es el de la fantasía de que uno sigue viviendo y entonces mi suicidio actuó sobre mi grupo de referencia, operando de una cierta manera.
–¿Una sociedad puede tener actitudes suicidas?
–Eso pasa cuando no se apuesta a la construcción de una sociedad integrada, donde la mayoría o todas las personas podamos acceder a lo mínimo básico. Cuando se atacan los valores culturales de un colectivo, hay un suicidio u homicidio colectivo. Pienso en los indios adolescentes de Estados Unidos que se suicidan el doble que los adolescentes blancos, cuando su identidad cultural es atacada y son obligados a adaptarse a valores que no son los propios. Freud decía que a veces el suicidio es un homicidio.
–Estas colas de gente en las embajadas, en silencio, ¿puede ser síntoma de una gran depresión?
–Es una gran depresión, porque es un atentado a nuestra cultura, porque se nos está yendo nuestra propia gente, que es la portavoz de una identidad cultural. El solo hecho de que haya gente que se va, muestra que está cambiando nuestro perfil y eso es, de alguna manera, matarnos. El peligro es que siga habiendo depresión y una desesperanza, porque tenemos muchas pérdidas, en tanto a todos se nos están yendo los familiares.
–Cómo se puede ayudar a crear un clima a favor de la vida?
–Hay que ayudar al otro y ayudarse a encontrar un proyecto. Integrar proyectos colectivos, no aislarse, salir cada uno de su chacrita y poder escuchar humildemente al otro y ver sus necesidades, es muy importante. *
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