La carrera diplomática más vertiginosa de la historia

De la noche a la mañana el hombre al que denunciaron todos los productores ganaderos de este país, por no haber adoptado medidas sanitarias que evitaran el ingreso de la aftosa, ocupa el tercer puesto más importante de la carrera diplomática en Uruguay.

La carrera diplomática (a la que actualmente sólo puede, debe, accederse por concurso) tiene siete categorías: secretario de tercera, de segunda, de primera, consejero, ministro consejero, ministro y embajador. Alcanzar el rango de «ministro consejero» exige a un funcionario de carrera un promedio de treinta años en el servicio exterior. Las exigencias son tales que muchos se jubilan sin haber alcanzado el grado. El pedido del embajador Fernández Faingold, la aprobación del canciller Opertti y la firma de Batlle, ahorraron treinta años de esfuerzos a quien debía desarrollar las políticas para impedir el ingreso de la aftosa a Uruguay.

A nivel jurídico además, los asesores de la Presidencia de la República aparecen «salteando» un pequeño detalle de la Ley 14.206 con la que se argumenta el cargo de Barozzi: la ley no habilita a otorgar rangos diplomáticos. Las únicas dos excepciones fueron durante la dictadura. La primera: la sustitución de los diplomáticos que no adhirieron al régimen de facto, se hizo con asesores, con rango mínimo de ministro consejero. Desde 1985, esos asesores cumplen funciones solamente dentro del país.

La segunda: la habilitación de un rango máximo de ministro consejero a los funcionarios de la Dirección de Comercio Exterior del Ministerio de Economía (COEX). Recientemente reconvertida en Dirección de Comercio en el mismo ministerio, la clasificación con grados diplomáticos extinguió su razón de ser. *

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