Rango y pasaporte diplomáticos, sueldo, viáticos, libre importación de auto y equipamiento total

El técnico que debió evitar la aftosa es el asesor para carnes en Washington

El área de máxima responsabilidad para salvaguardarnos de aquel riesgo: la Dirección General de Servicios Ganaderos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Su director general: el médico veterinario Julio Barozzi, quien aseguraba a los medios de prensa que el peligro estaba bajo control.

El 27 de octubre de 2000, la noticia estalló en la cara de todos: los análisis confirmaban un foco de fiebre aftosa en el departamento de Artigas. El propio director Barozzi debió reconocer que el virus era el mismo que el hallado en Río Grande del Sur.

Al derrumbe de nuestras exportaciones cárnicas, se sucedió el publicitado «rifle sanitario», las cuarentenas, la debacle… y la búsqueda de responsabilidades.

El ministro de Ganadería era fuertemente cuestionado. Solamente el «paso al costado» del director de Servicios Ganaderos, Barozzi, atemperó las aguas… y evitó la caída del titular de la cartera.

Dos años después el doctor Jorge Batlle designa al mismo Barozzi a la Embajada uruguaya en Washington, donde nos representará en todo lo atinente a «la temática ganadera».

En una especialidad de la que en Uruguay nadie puede decir haya pocos técnicos, la Presidencia designa al más cuestionado de todos los tiempos, a fin de que beneficie los intereses nacionales ante el mercado norteamericano.

Favor con favor se paga

Con fecha 26 de setiembre los ministerios de Ganadería, Agricultura y Pesca, y de Relaciones Exteriores, en acuerdo con el Presidente designaron «al señor médico veterinario, doctor Julio Barozzi Pedragosa para desempeñar las funciones de asesor técnico en la Embajada de la República en los Estados Unidos de América».

La medida se adopta ante «la necesidad de contar con un asesoramiento técnico en el área sanitario-veterinaria», para las negociaciones que el país encamina en el marco del acuerdo bilateral con el país del norte. La razones del decreto entienden «que es necesario designar a un profesional con funciones exclusivamente técnicas y en la especificidad de la temática ganadera», y para ello «se requiere de un profesional capacitado y con experiencia en la materia». Continúa el documento asegurando que «el doctor Julio Barozzi Pedragosa, reúne las condiciones técnicas requeridas para ocupar el mencionado cargo», señalando que «para el desempeño de sus funciones, debe radicarse en la ciudad de Washington D.C.»

Barozzi asumirá además beneficios extraordinarios como el rango diplomático de «ministro consejero», algo inédito en la diplomacia uruguaya, con sólo dos antecedentes en la historia, ambos durante la última dictadura. (Véase recuadro).

Cancillería paga todo

Además de contar con pasaporte diplomático (similar al de los «agregados civiles especiales», como el hijo del embajador quincista Gustavo Magariños, que días atrás accedió a tal agregatura en nuestra embajada en Washington, gracias a papá), el doctor Barozzi recibe una prebenda extraordinaria. Aunque estará sólo seis meses en la misión, el decreto dice que se le pagará «el importe por gastos de embalaje, transporte y fletes de sus efectos personales». En buen romance, los contribuyentes le pagaremos el costo de una mudanza completa, para estar seis meses y, lógicamente, también pagaremos una mudanza completa para su retorno, donde podrá incluir, libre de impuestos, todos los bienes que su estatuto de privilegio le permite adquirir.

Aunque la Convención de Viena (que regula las normas diplomáticas mundiales y es ley vigente en Uruguay), reconoce claramente entre el personal técnico y el diplomático, nuestra Cancillería intentará saltear este escollo, para dar beneficios al técnico en cuestión. El artículo 1 de la Convención de Ginebra sobre Relaciones Diplomáticas establece que «por miembros del personal diplomático se entiende a los miembros de la misión, que posean la calidad de diplomático». Los técnicos que los países acreditan como asesores en áreas técnicas (por ejemplo: especialistas en cómo evitar la aftosa para no ser excluidos de los mercados), deben ser acreditados como miembros de personal administrativo y técnico o como agregados.

Lo interesante es que, aun cuando se comunique al gobierno de Estados Unidos que Barozzi es diplomático (en tanto «ministro consejero» es un rango diplomático, como coronel es un rango militar), todos saben, incluyendo los demás diplomáticos que desde Uruguay informan a sus gobiernos, que Barozzi no es diplomático ni de carrera, ni por particular confianza (un civil podrá pasar a ser militar, jamás coronel de un día para el otro, aunque se lo designe). Ahora acreditado como diplomático, en uno de los rangos más altos y mejor remunerados, Barozzi no sólo podrá importar a su llegada a Estados Unidos más whisky y cigarrillos sin impuestos: también el cero quilómetro que más le agrade y todo el equipamiento para instalarse en la capital estadounidense. Todo esto, obviamente, le acompañará a Uruguay cuando culmine su misión en marzo de 2003. Claro que la misión puede prorrogarse. *

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