La columna de Sherlock

El senador Korzeniak y los «odios» de Yavarone

* Vio la orden que dio el subsecretario de Defensa Nacional…

–¿Yavarone?

–Claro, dijo a los pilotos del helicóptero de Presidencia que, al parecer, avistó el cuerpo de un pescador que había naufragado, que mantuvieran la reserva del hecho y que evitaran que se enterara la prensa, en especial LA REPUBLICA.

–Parece que está enojado con alguna prensa…

–Y lo estará más cuando trascienda uno de los misterios mejor guardados de su Ministerio.

–¡Misterios!

–Sí, el monto total de la participación uruguaya en la operación Unitas, que es enorme para las condiciones que está el país.

–No me asuste.

–Me dijeron que el senador Korzeniak tiene el detalle de lo que se gastará. Por ejemplo, de combustible y aceite el barco de la Armada que participará consumirá 150 mil dólares.

–¿La corbeta o fragata Uruguay?

–Además es una participación no activa.

–¿No activa?

–Claro, el barquito uruguayo tiene una velocidad máxima de 17 nudos, mientras los demás se desplazan a más de 20 y otros hasta casi 30 nudos.

–O sea, que siempre Uruguay como en la clasificación del Mundial, sufriendo y de atrás.

–Además, si desde el barquito se realiza algún tiro al blanco, cada disparo sale cuatro mil dólares que si se utilizaran para comprar medicamentos para el propio Hospital Militar, serían mejor utilizados.

–Pero usted ve todo mal… ¿No hay nada positivo en esta Unitas? Todo mal para los marinos.

–Sí, claro, hay cosas positivas. Los marinos visitarán la ciudad de Fortaleza, que es realmente un emporio turístico. Al respecto le digo –y de eso Korzeniak debe saber más que yo– que una agencia de viaje organizó excursiones de familiares de marinos para que todos se encuentren en la ciudad brasileña.

–Para que siga la fiesta…

–Para que siga…

 

La Corporación para el Desarrollo en la picota

* Sherlock estaba en el remozado restaurante de Suárez y Caiguá, en una zona de Montevideo que, más allá de la crisis, día a día parece ganar prestancia. Allí se encontraría con un informante que le había anunciado informarle sobre hechos ocurridos en la Corporación para el Desarrollo.

Cuando el hombre llegó, un poco tarde, nuestro sabueso ya había finalizado su segundo café.

–Le pido disculpas, pero imprevistos…

–Ello no es lo importante. Hábleme de lo anunciado.

–Vio que el presidente de la Corporación está en una dura ofensiva para tratar de apuntalar un edificio que se derrumba.

–¿Le parece que es para tanto?

–Fíjese que le contesta al diputado Pablo Mieres, que realizó una investigación sobre ese organismo, que todos los procedimientos utilizados por la Corporación han sido revisados por organismos internacionales de crédito y por auditorías contratadas especialmente.

–¿Y ello no es verdad?

–Lo de los organismos internacionales sencillamente no es verdad, porque ellos no hacen auditorías. Reciben sí especies de cartas de intención e informes sobre en qué se gasta el dinero que prestan. Pero Gemelli habló de «procedimientos utilizados», por lo cual su pregunta no es tampoco ajustada.

–¿Y las auditorías contratadas?

–Ese fue el argumento que siempre se utilizó para justificar que se impidiera ingresar al Tribunal de Cuentas a realizar el análisis de las cuentas. Usted recordará que la Corporación funciona dentro de la figura de organismo público no estatal, por lo cual en teoría no debe rendir cuentas al referido organismo de contralor.

–¿Alcanza con una auditoría externa, cuando éstas están tan desprestigiadas?

–No debiera alcanzar, especialmente cuando se gasta el dinero que es de todos. La verdad es que cada vez que un auditor del Tribunal de Cuentas cruza la Plaza Matriz e ingresa a la Corporación para el Desarrollo, en el edificio de la calle Rincón, al ratito vuelve a recorrer el mismo camino.

–Pero le leo lo que dice un diario vespertino: «Gemelli rechazó que se haya negado la participación del Tribunal de Cuentas de la República».

–Gemelli puede decir lo que quiera, pero la verdad es que desde su creación hasta la fecha de hoy nunca el Tribunal de Cuentas tuvo acceso a ningún balance de ese organismo.

–¿Entonces?

–Que urge, por el bien del país, que se cree una comisión investigadora parlamentaria.

–Le hago una última pregunta. ¿Qué quiso decir Gemelli con eso de que va a ocurrir un hecho muy cómico.

–¿No sé a qué se refiere?

–No se enteró… Dijo textualmente: «Va a haber algún legislador que va a estar del lado de la Comisión Investigadora, un ratito sentado investigando y después va a tener que venir un ratito del lado de los investigados».

–Pero, eso tiene el tono de ser una amenaza…

–Qué le parece. Casi con nombre y apellido…

 

Seguridad en el Palacio: entre la laxitud y el drama

* –El suicidio del hombre en un baño del tercer piso del edificio anexo al Palacio Legislativo, significó un duro golpe para el modo de vida de los uruguayos.

–¿Qué quiere decir con el modo de vida de los uruguayos?  preguntó Sherlock.

–Es que en este país nada se toma en serio, ni siquiera las medidas de seguridad que deben establecerse en un edificio donde se producen diariamente hechos políticos y, además, tienen sus oficinas senadores y diputados que, en este momento, son criticados, amonestados e, incluso, atacados… Se los acusa de privilegios indebidos.

–Tiene razón. El escándalo que hubo por el tema de la actualización de sueldos es un buen ejemplo.

–Usted no negará que existe un caldo de cultivo para esa bronca, de la que los legisladores son las víctimas del momento.

–Por ello la laxitud de la seguridad en el Palacio es un tema grave. Hace un tiempo, en el año 2000, se modificaron las reglas distribuyéndose credenciales para los funcionarios y secretarios, que prácticamente nunca se utilizaron.

–Y… ¿por qué?

–Porque ese tipo de cosas se convierten en absurdas cuando se trata de presencias diarias. Un ujier o un secretario, que trabaja todos los santos días, no necesita credenciales sino que con su cara basta.

–Sí, pero las normas de seguridad requieren un mínimo orden. Cómo es posible que haya ingresado al Palacio un señor con una escopeta de caño recortado y cuatro cartuchos. Allí no se trató de tema de credencial, ni de identificación, ni de nada. Nadie controló ese ingreso y ello es algo que no puede repetirse. La rutina debe ser la norma de seguridad y no, por mantener una flexibilidad con unos, que todo se vuelva laxo y no haya más controles.

–Sí, pero usted sabe que existen intromisiones políticas. Se está en el ámbito del favor y la gauchada.

–Bien que lo sé…

–El lunes, cuando se aplicaron las primeras medidas revisando bolsos y carteras, un senador nacionalista protestó ante la secretaría del Senado porque la guardia miró un bulto que transportaba una persona de su secretaría.

–¡El primer día!

–Si ello ocurre el primer día, qué puede pasar a los seis meses. Por eso hay que tratar que la seguridad sea una rutina, pese a que alguien se pueda ofender.

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