La columna de Sherlock
Una austeridad más que republicana
* El pasado martes todo estaba dispuesto para los anuncios del presidente Batlle. Al parecer la crisis política que era lo último que le faltaba al país comenzaba a sortearse y el senador Alejandro Atchugarry había resuelto aceptar el cargo de ministro de Economía. Sherlock, por supuesto, estaba presente en el Edificio Libertad con el fin de estar metido hasta el cuello en el meollo de los acontecimientos.
Los periodistas se arremolinaban tanto en el hall del edificio como en la propia sala de prensa. Fue cuando apareció una funcionaria portando una bandeja y cinco copas que debía colocar en la mesa de la sala de conferencias del Edificio, que estaba siendo acondicionada para la emergencia.
La funcionaria que -seguramente en razón de la austeridad republicana que se está viviendo en esa repartición del Poder Ejecutivo- cargaba las copas vacías y ninguna botella, hizo un pasaje previo por la sala de periodistas donde está instalado un bebedero. Prolijamente llenó allí cada una de las cincos copas, dejando a cada una de ellas con el mismo milimetraje de «escote» y se dirigió a la sala de conferencias donde el Presidente de la República, unos minutos después informaría de los caminos que el gobierno había comenzado a transitar para sortear otra de sus crisis.
Sherlock, instalado en la última fila, se quedó esperando a Batlle pensando en cómo el ingenio de las personas puede solucionar los más variados asuntos, incluso los más contradictorios, como la simple falta de una botella con agua.
Luego de los anuncios del Presidente, nuestro sabueso regresó a la redacción sin haber atinado a observar -lo que luego lamentó- si el líquido de alguna de las copas había sido bebido por Batlle o guardado para reciclar en otra alternativa política de estas características.
Gran Logia Masónica versus Opus Dei
* -Usted sabe que el doctor Amadeo Ottati es integrante de la Gran Logia Masónica.
-La que se reúne habitualmente en la institución Parva Domus, allí en Punta Carretas, ¿verdad?
-Claro. Tiene la categoría de «hermano», lo que significa que posee una antigüedad suficiente para integrar ese grupo.
-¿A qué viene su información?
-Es que algunos integrantes de la Logia están bastante enojados con Ottati, porque aceptó a defender a integrantes del grupo Peirano.
-Bueno, es una tarea profesional. Está en su derecho…
-Claro, desde ese punto de vista usted tiene razón. Pero existe otro factor que es la historia. Los Peirano son notorios integrantes del Opus Dei, organización confesional que históricamente estuvo enfrentada a los masones. Son tan distintos como el aceite y el agua… A los masones le parece muy mal que uno de sus «hermanos» defienda a miembros del Opus.
El enojo es producto de enfrentamientos ancestrales.
-¡Verdaderamente!, ese es un nuevo perfil del asunto. Ottati, en la próxima comida de los masones, corre el riesgo de ir a la celda…
-Ahhh, veo que usted conoce del tema…
«El País» un diario siempre colorado
* Sherlock, «duro» de frío, ascendió a un 149 al Prado. Había llegado al fin de su jornada. Al intentar sacar boleto, ante su sorpresa, estaba pago.
-Se lo pagó el de la boina -dijo el guarda.
Sherlock miró en dirección de donde señalaba el hombre y vio a su informante vasco, enfundado en una bufanda y con una boina encasquetada hasta las orejas. Se sentó junto a él, sabiendo que era una fuente inagotable de chimentos.
-¿Tiene alguna información? dijo nuestro sabueso.
-Hay molestia en el Partido Nacional con la actitud de Cuqui que pretende adjudicarse la caída de Bensión.
-Bueno, él dijo que hablaba en nombre del Honorable…
-¡Vamos! Estuvieron dos años y medio apoyando a Bensión y a su equipo. Recuerde cuando en febrero Larrañaga votó en contra, hicieron del tema «asunto político» y lo amenazaron con la expulsión del Partido. El «gaucho» Larrañaga hace más de un año y medio que estuvo pidiendo la renuncia del ministro banquero.
-Pero…
-Luego el Frente hizo lo suyo, interpelando al ministro. También habló Larrañaga y en la votación final fue acompañado también por el senador Garat. Allí tampoco los herreristas votaron la censura y una semana después Lacalle descubre que discrepan.
-¿Usted dice que, en definitiva, el que tiró a Bensión fue Larrañaga?
-Claro.
-No le parece que exagera… Hay discrepancias en el Honorable con la posición de Alianza Nacional. ¿Verdad?
-Sabe qué pasa. Larrañaga no es batllista y discrepa con la coalición calepina. Ello corre por cuenta del lacallismo y del diario colorado «El País»
-¡Colorado «El País»! Me parece que le está haciendo mal el frío.
-Haga historia -aseveró el vasco-, ese diario estuvo con Pacheco, después con el Juancho Bordaberry, siguió con el proceso militar, pasó luego a Sanguinetti y últimamente se mostraban fanáticos de Bensión y Jorge Batlle.
-Bueno, si usted lo dice…
-Por añadidura -siguió el vasco luego de acomodarse la boina- ahora agravian a Larrañaga por discrepar con los batllistas.
-¡No lo leí!
-En la última columna del «duende», un escribiente, el «pingo» asegura que el gaucho Larrañaga se va del partido por no coincidir con los calepinos.
-¿No es así?
-Ahora que se abre Maroñas, usando términos turfísticos, me parece que este «pingo», en términos informativos, ya ni corre.
-¿Por qué dice tal cosa?
-No deja de ser un matungo roncador incapaz de ganar una «penca cuadrera», a decir del Mago.
¿Cómo?: Refrescos en el Parlamento
* Una de las medidas de austeridad puestas en marcha por el presidente del Senado, Luis Hierro López, fue la de suspender la compra de refrescos, resolviéndose que sólo el agua mineral, el café y el té, sean los elementos para servir en los despachos o, eventualmente, en las sesiones del cuerpo o de las comisiones, con el fin de reducir así el costo del Estado.
Sin embargo, el pasado jueves en la reunión de los senadores nacionalistas con el nuevo ministro de Economía, Alejandro Atchugarry, en la que se selló un pacto de no agresión, Sherlock al mirar desde una puerta entornada, observó sobre la mesa varias botellas de un popular refresco.
-¿Se habrá decidido agregar al «menú» nuevamente este tipo de bebidas, o establecido una excepción por la «categoría» de la reunión?
-¡Mire! -dijo un informante consultado por nuestro sabueso- Atchugarry siempre paga de su bolsillo la bebida que toma, que es Coca Cola Light. En este caso, o las pagó él mismo o fue una gentileza de «secretaría», que las compró especialmente para la reunión. Le puedo asegurar que en los depósitos del Senado no hay existencias de refrescos de ese tipo.
-Si es así, está bien. Esa política es la mejor fórmula para bajar el «insoportable costo del Estado» -dijo nuestro sabueso con una voz claramente impostada.
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