Anoche se fue Bension; ¿ahora qué?
GABRIEL MAZZAROVICH *
El alejamiento de Bensión fue pedido por prácticamente todos los sectores políticos y sociales del Uruguay.
En la marcha a Punta del Este en enero de este año, el PIT-CNT y Fucvam reclamaron su alejamiento acompañados por decenas de miles de personas. En abril el reclamo de cambio en la política económica convocó una coincidencia inédita en democracia de la central de trabajadores, las organizaciones estudiantiles, de cooperativistas de vivienda con 31 gremiales empresariales entre las que se destacó la presencia de la Federación Rural.
El presidente Jorge Batlle dijo que no había escuchado los discursos y que no había visto las movilizaciones. Ni siquiera se dignó a recibir a las organizaciones convocantes.
El hoy ex ministro respondió a las exigencias de diálogo social con la parodia de habilitar una casilla de correo electrónico para que la ciudadanía le hiciera llegar «sugerencias» para achicar el gasto del estado. Incluso invitó por fax al líder de la oposición, con el 40% de los votos y de los representantes parlamentarios, a que por la misma vía hiciera llegar sus propuestas. En todo momento, tanto Batlle como Bensión, reivindicaron in totum la política económica.
En ese momento Argentina era un caos, pero la situación de Uruguay no revestía la gravedad de hoy.
En sucesivas conferencias de prensa, Bensión reivindicó como objetivos de la política económica: mantener el investiment grade, combatir el déficit fiscal, llevar tranquilidad a los inversores, fundamentalmente con la estabilidad de la plaza financiera; mantener la política cambiaria y contener la inflación. De la producción, de la reactivación nunca habló, en realidad nunca le preocupó demasiado.
Un destacado representante del empresariado uruguayo, entre asombrado y devastado, dijo que Bensión era «un ministro de Finanzas, de Economía no entiende nada».
La realidad mostró luego que se quedó corto, ni siquiera fue un ministro de Finanzas. Bensión fracasó en todo, perdimos el investiment grade, la política cambiaria se fue al diablo, junto con el dólar, la inflación se dispara de la mano de la especulación y la remarcación salvaje de los productos básicos para la gente y la plaza financiera, está como está.
Daría para recordar prolijamente, fecha por fecha los hitos que fueron marcando el aislamiento cada vez más pronunciado de Bensión, que no es sólo de Bensión, también lo es del gobierno y de su política, que a esta altura nadie sabe bien cuál es.
Sólo alcanza con señalar que primero anunció entre gallos y medianoche la ampliación de la banda de flotación, después promovió dos ajustes fiscales, creó 14 nuevos impuestos y además aumentó la carga impositiva para salarios y jubilaciones.
Para nada hubo plata, salvo para los bancos. Se dejó fundir a Cristalerías del Uruguay, se cerraron varias mutualistas, se condenó al ostracismo económico al Hospital de Clínicas y a la Universidad de la República. Siempre el ministro dijo no.
Salvo cuando se trató de asistir al sistema financiero, su único desvelo. Su mundo, los banqueros, se portó mal con Bensión.
Primero fue el Banco de Galicia que en ancas de la crísis argentina dejó en la vía a miles de ahorristas y se presentó en concordato por más de 1.000 millones de dólares.
Después se cayó el Banco Comercial, se descubrió que los Röhm habían realizado maniobras por más de 300 millones de dólares. Allí sí acudió presuroso el Estado y desembolsó cientos de millones de dólares y se hizo cargo del banco.
El ministro Bensión incluso llegó a dar órdenes verbales para asistir al Banco a través de la Corporación Nacional para el Desarrollo, que de paso no es controlada por nada ni por nadie. El que se cayó después fue el Banco Montevideo, al que hacía poquitos meses el gobierno había vendido el reprivatizado Banco Caja Obrera, nadie sabe todavía a cuánto asciende el monto de lo que se desvió a las Islas Caimán mediante una off shore que operó ilegalmente sin que nadie hiciera nada durante años. Bensión fue fiel a su concepción hasta el final. Fue al Parlamento, se reunió con las comisiones de Hacienda de Diputados y Senadores y no dijo nada.
Un día después en un almuerzo de ADM ante un selecto público si anunció todo lo que pensaba hacer, no conformó a nadie. Incluso ante su decisión de quitar la devolución de impuesto a las exportaciones se levantó tal vendaval político que el presidente Batlle, 24 horas después tuvo que dar marcha atrás.
Vinieron las caceroleadas, las marchas, los escraches, este mes hasta la Cámara de Industrias le retiró la confianza. Sólo quedó respaldado por la Asociación Rural que nuclea a los grandes ganaderos beneficiados por la subida del dólar, ya que venden su ganado en la moneda norteamericana aún en las transferencias internas de mercado y por la Asociación de Bancos.
Nada importó
El EP-FA decidió interpelarlo y activar el mecanismo de censura parlamentaria para provocar su caída. En la interpelación se le cuestionó su modelo, su concepción económica, no levantó uno sólo de los cuestionamientos, todas las mociones presentadas fueron críticas, nadie se animó a presentar una moción de respaldo.
Como un cruzado, Bensión reivindicó todo lo hecho, no asumió errores y dijo que había salido fortalecido. «No entendió nada», dijo el senador nacionalista Jorge Larrañaga.
LA REPUBLICA tituló ese día que Bensión había quedado en la cuerda floja, incluso manejó los nombres de los posibles sustitutos.
Batlle dijo públicamente que respaldaba a su ministro e incluso aventuró una frase, que quedará para el recuerdo: «Cuando uno está cruzando un arroyo, a la mitad no cambia de caballo».
Un día después se comprometía ante Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle a sacar a Bensión, a cambio pedía que la renovación en el Directorio del Banco Central del Uruguay fuera completa.
Batlle creyó hasta el domingo que podía intentar salvar a su ministro y llamó a Lacalle para decirle que había cambiado de opinión.
Los blancos abandonaron la discreción y reconocieron lo que se había escrito y desmentido en la interpelación: no votaron la censura porque los colorados se comprometieron a cambiar a Bensión después. El objetivo: no darle un triunfo político a la izquierda y tampoco reconocer la incidencia de los pronunciamientos y la movilización social.
Lacalle reclamó a la salida del Directorio blanco la caída de Bensión.
Fueron y vinieron las llamadas, el dólar trepó a 28 pesos y Batlle finalmente entregó la cabeza de su ministro.
Sanguinetti y Lacalle le bajaron el pulgar y lo que parece más importante, se lo bajaron los operadores financieros locales e internacionales.
Fuentes herreristas y foristas reconocieron que tanto como la situación financiera les preocupa el anuncio de que Tabaré Vázquez participará en una instancia inédita donde se podría conformar un frente opositor político-social, de una amplitud desconocida.
¿Qué pasará ahora?
Esa es la gran interrogante. La salida del ministro Bensión puede abrir un camino de cambios, una convocatoria a un diálogo nacional, un reconocimiento de errores y un cambio a fondo en el posicionamiento del gobierno tanto hacia sus conciudadanos como hacia el mundo y la región.
Pero también puede ser una gran cortina de humo, una operación palaciega más, un gran acto de ingeniería política, para mostrar un gra
n impacto y que nada cambie sustancialmente.
Uruguay vio multiplicarse por dos la deuda externa, la inflación será largamente de dos dígitos, la producción caerá a niveles nunca vistos, firmó un compromiso con el FMI que contiene privatizaciones y más de lo mismo y sufre un persistente ataque especulativo sobre su moneda tanto en la plaza propia como en los principales mercados donde colocó sus títulos de deuda.
¿Primarán los intereses electorales de la coalición de gobierno y se seguirá bloqueando toda participación de la izquierda y de la sociedad en la búsqueda de soluciones?
¿Por el contrario se escucharán los reclamos de abrir un camino de diálogo y una política inclusiva de los intereses de la sociedad?
¿Se logrará conformar el frente opositor que parece anunciarse?
Tanto Sanguinetti como Lacalle, convencieron a Batlle, no sin trabajo, que la salida de Bensión era el único camino de recomponer la imagen del gobierno y sellar un acuerdo con sectores clave para su modelo y cerrarle el paso a los reclamos y de paso impedir que la izquierda se transforme en interlocutor de sectores sociales que blancos y colorados contabilizaron siempre como propios.
Ayer operadores de primera línea de Sanguinetti señalaban que ahora había que relanzar las metas económicas y reconstruir las «alianzas históricas» deterioradas por el impacto de la crisis y por la falta de respuestas.
La disyuntiva parece ser: se imponen los lobies o se escucha a la sociedad toda, en todas sus expresiones, políticas y sociales.
Batlle y la alianza que lo sostiene, parece decidido a seguir por el mismo camino, los nombres que se manejan para sustituir a Bensión así lo indican.
Es cuestión de nombres, de métodos, de políticas y de concepciones de país.
Lo que fracasó no fue Bensión solamente, fue una concepción política y económica, que prescinde de la mayoría de la población, que no tiene a la producción como un elemento clave, que apuesta a un modelo de país de plaza financiera y de servicios.
Eso es lo que está cuestionado, ese es el caballo que debería cambiarse, hasta ahora solamente se cambió la montura.
Dependerá de la decisión y la habilidad política del Encuentro Progresista y sus dirigentes y de la potencia de la movilización y las propuestas de la sociedad civil que el camino sea otro.
De lo contrario estaremos una vez más ante una escena de gattopardismo, a la que nos tiene tan acostumbrados la historia reciente del Uruguay, cambiar algo para que no cambie nada.
Ya lo dijo hace mucho tiempo con sabias palabras Alfredo Zitarrosa: «Hay que dar vuelta el tiempo, como la taba, el que no cambia todo, no cambia nada».
El país no da más, su gente tampoco y cada vez el margen de posibilidades es menor.
* Secretario de Redaccion del Diario LA REPUBLICA
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