Las dos aficiones: jardinería y Nacional

«No sea antipático, no voy a hablar de eso», contesta cuando le pregunto la edad. Después cuenta que nació en Soriano y Yi, pleno centro de Montevideo, y de ahí pasó al Cordón. Es casada y madre de tres varones de 24, 21 y 14 años respectivamente.

La vocación por la magistratura llegó como una herencia familiar, su padre era juez civil ahora jubilado. Su primer trabajo fue como dependienta en una farmacia aunque por poco tiempo, ya que siendo estudiante ingresó como funcionaria del Poder Judicial por diez años con un breve pasaje como asesora en Subsistencias, y luego durante un año en la secretaría del juzgado penal de Montevideo a cargo del doctor Angel Ruibal Suárez, a quien recuerda «con afecto y agradecimiento».

Su primer destino como magistrada fue Rocha, adonde llegó a un juzgado de paz en 1989 «con el nuevo Código del Proceso. En 1991 pasó como jueza penal a Bella Unión, después a Rivera, Chuy y Maldonado a fines de 1993. Asegura que no ha tenido tiempo para estudiar otra cosa que no sea Derecho, aunque este año se propone iniciar un curso de italiano, «es algo que tengo pendiente, siempre lo quise hacer». Revela que en sus momentos de ocio se dedica a la jardinería y al deporte. «Las plantas y flores me fascinan, sueño con tener un vivero el día que me retire del Poder Judicial». Practica gimnasia y natación; pero también jugó fútbol con sus hijos cuando eran pequeños.

La siguiente confesión también es sorprendente, porque así debe ocurrir con quienes han visto a esta mujer de rostro amable transformarse en una cancha de fútbol. «Tanto como para gritarle al juez   dice – especialmente a Larrionda» (se ríe). Ahora también es hincha de Rocha «pero por Juan Ramón Carrasco».

Y lo peor es que sabe de fútbol. Más de una vez la escuché discutir sobre las calidades técnicas de algún jugador o los errores del entrenador.

Es socia tricolor, «pero no me pregunte desde cuándo» reclama con su primera carcajada. Y para no dejar ninguna duda explica que «es tan bolsilluda como antipeñarol».

¿No teme que esta declaración le genere problemas con los ministros de la Suprema Corte?, pregunto riendo.

«Pues, pregúntele al doctor Gervasio Guillot», contesta. Y vuelve a reír. Ahora por última vez en el resto de la entrevista.

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