Medida inevitable, momento inadecuado
ALBERTO COURIEL
Dada la situación regional, esta medida la consideramos inevitable, pero a su vez, también, el momento no ha sido el más adecuado.
Como lo hemos reiterado en los últimos ocho o diez años, el atraso cambiario había generado una situación de pérdida de rentabilidad y de competitividad al sector exportador, al sector industrial, a los productores rurales y al sector turístico. Por lo tanto, la situación había que modificarla. pero a ella se agregaban las muy fuertes devaluaciones tanto de Argentina como de Brasil. Por lo tanto, la medida era inevitable.
Momento inadecuado
Porque debió haberse hecho antes y nosotros lo venimos planteando desde hace años. Lo dijimos en el 95, en el 96, en el 97, en el 98, en momentos en que la economía estaba creciendo y los mercados financieros estaban tranquilos. Luego vino la devaluación de Brasil en enero del 99 que impidió o limitó las exportaciones a ese país. Tampoco entonces se tomaron medidas.
Por lo tanto, la responsabilidad de esta situación es muy alta para el ex presidente Julio María Sanguinetti y para sus dos técnicos principales, Mosca y Davrieux.
Y también tiene alta responsabilidad el gobierno del doctor Batlle y el ministro Bensión, quien debió haber modificado la política cambiaria dada la situación en Brasil y lo que se estaba previendo de la Argentina.
No lo hizo. Incluso, hace unos meses, el ministro Bensión en el Parlamento reconoció no ser partidario de una política cambiaria en el Uruguay. A los dos años de ser ministro se dio cuenta de que habiendo políticas cambiarias en Argentina y Brasil, que afectaban al Uruguay, no tenía más remedio que tomar medidas de política cambiaria.
Las tomó tarde y de manera lenta.
Después de la eliminación de la convertibilidad volvió a duplicar el ritmo de devaluación en enero de este año. Sin embargo, siguió entendiendo que la política cambiaria que él llevaba adelante era suficiente. Pero los nuevos acontecimientos, especialmente de Brasil y de las últimas semanas de Argentina, lo llevaron a tener que modificar esta política cambiaria.
Esto quiere decir, que si durante el año se esperaba una devaluación de 2,4 mensual –que sumaría 33% en el año–, al modificar la política cambiaria, como se está haciendo, la devaluación del año será superior al 33%.
¿Cómo va a evolucionar el tipo de cambio?
En principio siempre los primeros días son confusos.
Ojalá no haya modificaciones abruptas y que entre el Banco de la República y, especialmente, el Banco Central puedan controlar el mercado cambiario, para que no haya devaluaciones bruscas. Pero en los hechos, la oportunidad tampoco es la más adecuada, en la medida en que el mercado financiero argentino y el mercado financiero brasileño están muy inquietos, están muy vulnerables, con falta de confianza, con falta de credibilidad. Esto puede repercutir en la evolución del tipo de cambio en los próximos días y semanas en el Uruguay.
Principales repercusiones que puede tener esta medida (dependiendo, lógicamente, de cuál sea la evolución del tipo de cambio).
Aspectos positivos
Para los agentes económicos de los sectores productivos: les puede generar una expectativa más favorable, porque bajan los costos en dólares y les permite a los exportadores una mayor rentabilidad y una mayor competitividad, quienes podrían empezar a vender a Brasil y especialmente al resto del mundo.
Para los industriales: se sentirían con mayor competitividad por la elevación de precios de los productos importados y les mejoraría la rentabilidad.
Para los productores rurales: si los exportadores reciben más pesos por dólar, le pueden pagar mejores precios a esos productores rurales. Esta no es una cosa mecánica. Esta medida de política cambiaria, que es inevitable, es la condición necesaria para la reactivación del sector exportador y para la reactivación productiva. Pero no es suficiente.
Al eliminarse el piso, fijado por el gobierno, de 33% de devaluación en el año, se fijan condiciones para que pueda bajar la tasa de interés para los créditos de moneda nacional.
Lo cual, también deriva en que exista la confianza y la credibilidad necesarias en el sistema bancario y en el sistema financiero uruguayos; de esta forma se podrían estar bajando los costos en dólares y los costos financieros con esta medida.
Desde el punto de vista de la reactivación productiva se requeriría una mejora de la demanda interna. Y esto, básicamente, es un problema de inversión pública con financiamiento del exterior, cosa que el gobierno no ha hecho y no parece estar dispuesto a hacer por su enorme preocupación con el déficit fiscal.
Elementos que pueden llegar a ser negativos
Modificaciones en el tipo de cambio significan que los productos importados se encarecen y, por lo tanto, puede haber aumento de la inflación. Pero a su vez, si los productores agropecuarios reciben mejores ingresos por mejores precios, también puede haber aumento del precio interno de muchos productos alimenticios o de la vestimenta, vinculados a la lana o al algodón.
De manera que, en principio, podría haber por cada 10% de devaluación un 4% de aumento de la inflación.
Lo cual significa que, para los asalariados y para los jubilados, puede existir una pérdida de ingreso real si no hay modificaciones en la política salarial.
Si hay modificaciones en la política salarial, se puede también atender su problemática, dado que, de alguna manera, las modificaciones en el tipo de cambio pueden generar procesos inflacionarios.
Situación de los endeudados en dólares
Los empresarios exportadores, que estén endeudados en dólares, no serían afectados porque ellos venden en dólares y reciben en dólares. Cabe señalar que un mayor tipo de cambio ayuda a las exportaciones tradicionales, pero sobre todo, en mayor medida, a las exportaciones no tradicionales, aquellas que crean mayor valor agregado.
Los empresarios industriales, que venden en dólares en el mercado interno (como puede ser la venta de automóviles) y están endeudados en dólares, no tienen problema.
Sí tienen problema los que venden en moneda nacional.
En la misma situación se encuentran asalariados y jubilados que reciben en moneda nacional y pueden estar endeudados en dólares.
Hoy, el ministro Bensión dijo que él confía en acuerdos individuales entre los bancos y los deudores en dólares.
Es posible que los bancos atiendan al cliente «número uno» si recibe en moneda nacional y está endeudado en dólares; pero a un ciudadano común y corriente seguramente no lo van a atender.
Por lo tanto, si el gobierno del doctor Batlle y el propio doctor Batlle, en el mes de diciembre, planteaba públicamente que los uruguayos se podían endeudar en dólares y que pidieran créditos en dólares para la reactivación, y ahora les cambia las reglas de juego, es imperativo que el gobierno tenga que tomar medidas para fijar condiciones equitativas entre deudores y acreedores de todo contrato en moneda extranjera.
Aquí hay responsabilidad del gobierno y el gobierno la debe asumir.
Si hay una situación abrupta, los deudores se ven afectados, pero también los acreedores, porque cuando los deudores no pueden pagar, los acreedores no cobran. Por lo tanto, es imprescindible la intervención del gobierno para generar mecanismos equitativos para resolver este problema.
Las repercusiones de estas medidas en el corto plazo, en lo inmediato, no van a ser necesariamente repercusiones claras e incluso pueden ser muy negativas.
Aumento de la inflación
Ahora, inmediatamente, puede haber un poco más de inflación y sería imprescindible una política salarial que adecue los salarios y las jubilaciones al incremento de inflación que pueda darse en esta circunstancia.
Conclusiones
Tengamos en cuenta que las medidas de hoy afectan negativamente a los asalariados, a los jubilados y a los endeudados en dólares.
Es importante, es imprescindible, que el gobierno no obligue a estos ciudadanos a pagar en exclusividad el costo de estas medidas.
Es imprescindible, también, que el gobierno asuma su responsabilidad tomando medidas para fijar condiciones equitativas entre deudores de todo contrato en moneda extranjera y por otro lado llevar adelante una política salarial que adecue los salarios y las jubilaciones al incremento de inflación.
Estas medidas se toman cuando el modelo económico ya está agotado. La plaza financiera se volvió vulnerable, no hay entrada de capitales, se desmanteló el aparato productivo, aumentó la desocupación y la pobreza y se profundizó la bronca y la desesperanza de los uruguayos. *
(Senador de la Vertiente Artiguista, Encuentro Progresista-Frente Amplio)
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