Trabajaron en secreto durante la dictadura y dejaron sin concluir la tarea para evitar represalias

Un grupo de militares afín al Partido Nacional corroboró el fraude a Wilson

Malán, hoy simpatizante del sector Alianza Nacional, investigó y denunció en 1971 gravísimas irregularidades en el conteo de votos que –a juicio del Partido Nacional– determinaron una diferencia apreciable a favor del candidato del Partido Colorado Juan María Bordaberry, a la postre, el vencedor en los comicios.

El oficial, simpatizante de la línea «peruanista» y que militara en filas del movimiento Por la Patria, reveló que poco después del golpe de Estado (27 de junio de 1973) y de la intervención de la Corte Electoral, «gente amiga», tanto de este organismo como de la Junta Electoral de Montevideo, «comenzó a revisar el proceso electoral».

En ese grupo, agregó, había varios oficiales interventores de procedencia blanca, quienes participaron en este procedimiento, que comenzó en 1974, una vez que la dictadura «se estabilizó políticamente».

«En aquel momento, me dijeron, ’empezamos a hacer una revisión de aquello y lo dejamos cuando vimos que ampliamente había ganado Wilson’. Son cosas de las que nadie da recibo ni firma nada», afirmó Malán.

Agregó que las «connotaciones políticas de aquella constatación hacían imposible avanzar en el trabajo y había que mantener total reserva». Dentro de ese grupo, recordó, había «varios oficiales superiores –coroneles y generales– algunos de los cuales incluso aparecieron fotografiados en la portada de una revista (Posdata)».

Para Malán, «es mejor mantener en reserva los nombres de aquellos ciudadanos; por otra parte, el funcionario electoral que se ponga de investigador sobre estas cosas y otras de la Corte Electoral va a durar muy poco en su destino».

El tema del fraude electoral de 1971, también conocido como «Operación Gallup», volvió a la palestra pública semanas atrás al trascender en Estados Unidos el contenido de un documento desclasificado en el que el ex presidente de ese país Richard Nixon reconocía haber intervenido en la elección en favor de Bordaberry, con ayuda de Brasil.

El fraude

El fraude, señaló Malán, comprendió diversos aspectos, etapas o maniobras muy complejas aunque no todas fueron descubiertas.

El candidato colorado Juan María Bordaberry emergía triunfador en las elecciones del 28 de noviembre de 1971, ya envueltas en la polémica al convalidar la Corte Electoral la viabilidad de una consulta plebiscitaria sobre la reelección presidencial.

Al día siguiente, el Directorio del Partido Nacional denunció la desaparición de 38 urnas de Montevideo, y posteriormente, declaró estar en conocimiento de graves irregularidades en el desarrollo del escrutinio. La denuncia fue finalmente desestimada por la Corte Electoral y proclamó a Bordaberry como presidente.

El Partido Colorado había superado en alrededor de doce mil votos al Partido Nacional, diferencia que, según los nacionalistas, sólo se explicaba por la existencia en decenas de circuitos de «más votos que votantes». El candidato más votado, Wilson Ferreira Aldunate, denunció la maniobra que, según sus propias palabras, estaba destinada a evitar incluso un posible triunfo del Frente Amplio en Montevideo.

Malán integró en aquel momento una comisión nacionalista que investigó cómo fue posible que un «error sistemático provocado» detectado en las mesas receptoras de votos torciera la voluntad popular. Un factor central, recordó, fue la confusión que se creó no sólo al electorado, sino a los miembros de las mesas escrutadoras, por el diseño de impresión de las listas oficialistas. Listas por el régimen actual y listas por el régimen proyectado (reelección presidencial) llevaban igualmente, con letras grandes y a lo largo, la palabra «Pacheco», tanto en las línea «Presidencia» como en la «Intendencia».

«Si un ciudadano ponía en el sobre, por ejemplo, la Lista 15 y la 1123 –pensando en votar a Jorge Batlle y a Pacheco (a éste último por el régimen proyectado)–, resulta que terminaba incluyendo en el sobre dos listas por el régimen vigente. Esto fue lo que se conoció como el voto «gordo», que podía contener más de un voto al lema, y el voto «flaco».

El «error» fue constatado en al menos un 40% de los circuitos electorales de Montevideo. Asimismo, el Partido Nacional denunció que en el Cilindro Municipal se encontraron puertas sin lacrar, urnas sin cerrar debidamente, sobres y tirillas de una urna en otra correspondiente a un circuito situado a quilómetros de distancia. También fue denunciada la aparición en Pando de miles de sobres de votación, con listas del Partido Nacional pertenecientes a circuitos de Montevideo. Los sobres habían sido encontrados en la fábrica de papel de la firma «Compañía Primus del Uruguay S.A.», dentro de unos lienzos que contenían papel de desecho, y que habían sido volcados por un camión particular.

Simulacro de escrutinio

Malán sostiene que la maniobra se planificó «cuidadosamente y evidentemente, aquí debieron intervenir varios cerebros» .

El 25 de enero de 1971, el coronel alertó sobre la maniobra al miembro de la Comisión Especial del Directorio del Partido Nacional, profesor Juan Pivel Devoto. En la carta, relató cómo se comprobó la irregularidad del recuento del doble voto en el circuito Nº 2666, instalado en el Cilindro Municipal, ante la mirada atónita de los miembros de la Mesa y los delegados partidarios.

«Los miembros de la mesa fueron recomponiendo los votos siguiendo el orden de las anotaciones del actuario –eran las 14.30 horas del 12 de enero–, y mis afirmaciones tuvieron rápida confirmación, ya que en el tercer renglón ya había un voto doble. La operación se continuó realizando y así aparecieron dos votos dobles más.

A las 18.30 horas, las listas que ‘sobraron’ luego de recompuesto el escrutinio primario y cuya presencia en la urna no podíamos admitir sino como una adición posterior eran las siguientes: 1515, 75, 1123 (vigente) y las 123, 3123, 55515 (proyectada), casualmente todas coloradas».

Si bien fue imposible cuantificar con precisión la magnitud del fraude, Malán entiende que en los 2.700 circuitos de Montevideo hubiese llegado sin dificultad a la suma de 35.100 votos. Lo que prohijó la maniobra, agregó, fue «el ejercicio desleal y sucio de las posibilidades que brindó el sistema de votación creado a través del reeleccionismo, que permitió introducir hasta cuatro hojas de votación en un sobre, con el agravante de que hasta el diseño de impresión de las hojas oficialistas parecía calculado para inducir al error». *

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