Algo lo puso muy nervioso a Batlle

ISIDORO GILBERT

 

A nadie le cayó bien las declaraciones de Jorge Battle a la cadena financiera Bloomberg.

La pregunta del millón es ¿por qué las dijo? Las aclaraciones eludieron que los dichos a Bloomberg no son las primeras con tanta agresividad. Hace poco, se enfureció con un pronóstico que el periodista Maximiliano Montenegro hizo en el programa de Jorge Lanata «Detrás de las Noticias». ¿Qué piensa Montenegro?: que el ajuste sobre el ajuste que conduce el Presidente va camino seguro a la instalación del «corralito» oriental. Criterio que comparte más de un economista aquí como lo sabe este periodista.

Entonces Battle sostuvo que se trataba de una conspiración para desestabilizar financieramente a Uruguay, intriga manipulada por los periodistas. Ayer insistió en lo mismo con los colegas de Bloomberg.

El efecto Tango es deletéreo para el Uruguay, pero también es real que las autoridades uruguayas no hacen nada para evitar que su legislación financiera sea utilizada como canal para la fuga de divisas, una de las tragedias que hunde a la Argentina.

Un responsable de la máquina de ese delito, el banquero Carlos Röhm, con tantas riquezas e influencias en Uruguay, está procesado y detenido. Aparentemente la derogación de la ley de subversión económica exigida por el FMI para negociar un nuevo trato, no lo dejaría libre. Aquí hay jueces y personas que consideran que debe purgar sus delitos. La detención de uno de sus colaboradores más directos el viernes, indicaría que ese es el propósito. ¿Pone mal esta situación a Battle con una conocida amistad con los hermanos Röhm? Misterio.

Acaso no sea otra cosa que una especulación. Como puede serla que pone nervioso a muchos que el Banco Mundial haya señalado que la crisis financiera argentina amenaza con extenderse al Uruguay y al Brasil, tal vez mucho más lejos si no hay un cambio en la tendencia. Que Battle defienda al FMI, que no crea como Lula que ese organismo es parte del problema y no la solución, es materia controvertible. Pero que justifique que puede poner las condiciones, aun las deshonrosas como reclamar impunidad para ladrones de guante blanco, es algo muy pesado.

Mucho nervio para un estadista tal vez, vaya a saber, expurgando lo que lleva adentro como ese viejo personaje de la revista «Rico Tipo», «El otro yo del doctor Merengue», que detrás de un rostro y gestos apacibles, exhibía en paralelo su verdadero pensamiento.

Hasta los niños de pecho conocen que la elite política argentina es corrupta, sea por desvío de dinero como por estafa a las ilusiones colectivas, un resabio profundo que dejó el menemismo. Pero un presidente de un país amigo, no debería haberse ido de boca y menos aún querer culpar al periodismo de su extraña incontinencia que ojalá no se extienda a otras funciones que las verbales. Battle dijo lo que piensa realmente sobre la Argentina. Al menos debió, aun en su furor, diferenciar a los buenos de los malos. *

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