Vigencia de la doctrina de la seguridad

–?Qué análisis hace de las declaraciones del general Fernández?

–Reflejan claramente una posición doctrinaria, que manifestó explícitamente con mucha crudeza, que fue lo que golpeó a la opinión pública, y que es el meollo de la doctrina de la seguridad nacional. ?Qué pasa hoy en día? Creo que esta doctrina no ha desaparecido, y no por culpa de los militares, sino por culpa tal vez del propio sistema político. Y concretamente, del gobierno blanco que introdujo en la ley presupuestal de 1990 nuevamente la misión de orden interno. La institución armada qué hace, plantea hipótesis de conflicto y soluciones posibles para laudar los problemas que se presenten, en función de las directivas que vengan del sistema político. El sistema político introduce como misión la función del orden interno, que había sido curiosamente eliminada en los aspectos más visibles de la estructura jurídica de la dictadura en 1985. Esto dio una especie de oportunidad para el reciclaje permanente, que es la doctrina de la seguridad nacional que le dio vida a gente que la tenía muy internalizada.

–El discurso de Fernández no generó muestras de adhesión, al menos públicamente.

–Por supuesto. Este es un discurso que genera rispideces frente a la comunidad. E incluso si hay todavía gente que lo piensa, creo que la actitud de no decirlo es mucho más evidente. Soy una seguidora de los discursos de Fernán Amado. Y él era un lógico expositor de la doctrina de la seguridad nacional, incluso en plena democracia. Doctrinariamente, las fuerzas armadas siguen cultivando aspectos de la doctrina de la seguridad nacional cuya médula era el enfrentamiento al enemigo interno. La modificación en qué está, en que ahora se ven de una manera flexible enfrentando una cantidad de conflictos, entre los cuales está el conflicto interno. Mientras la hipótesis esté y el poder no la destierre como misión de las fuerzas armadas, casi diría que está prohijada la permanencia de esta doctrina. Creo que el asunto reverberó un poco también con el decreto de inteligencia. De nuevo aquí hay una marcha atrás. En la propia Ley de Caducidad se introdujo un artículo por el cual la dirección de inteligencia pasaba de la órbita del Ejército a la órbita del Ministerio de Defensa. Y Sanguinetti en este último decreto le sube la categoría a nivel de inteligencia estatal, pero subordinada al Ejército, ni siquiera a las Fuerzas Armadas. Mirando los aspectos institucionales diría que hay cambios que no se han hecho, y que incluso se han revertido situaciones que eran más promisorias al principio del período de redemocratización.

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