
Por si fuera poco, Gelman también brindó 23 nombres de militares uruguayos, supuestamente implicados en los hechos. Más precisamente, el 7 de mayo de ese año, Gelman acudió al Edificio Libertad en busca de ayuda. Intentó entrevistarse con Sanguinetti, quien sin embargo no lo recibió. No obstante, toda la información fue aportada efectivamente al entonces secretario de la Presidencia ElÃas Bluth. Todo además fue incluido en la primera carta abierta del poeta dirigida a Sanguinetti, que LA REPUBLICA publicó en exclusiva el 10 de octubre de 1999, después que Gelman aguardara en vano una respuesta del gobierno.
Todo o gran parte de todo era pura verdad: meses después, basado en esa información, Gelman daba con su nieta. Otras dos investigaciones independientes –una ordenada por el Presidente Batlle y otra conducida desde LA REPUBLICA– arribaban a las mismas conclusiones..
Por si fuera poco, el viernes 4 de febrero, otra desgarradora misiva, esta vez firmada por sobrevivientes de Automotores Orletti, entre los cuales se encontraba Sara Méndez, recordó que en ese año estuvo alojada en el SID “una mujer embarazada a la que nunca vimos, que dio a luz en el Hospital Militar” y a cuyo bebé se atendió con biberones preparados por la guardia militar. En realidad esos testimonios ya habÃan sido denunciados en 1985 ante la Justicia y ante la Comisión Investigadora que se integró en el Parlamento. “La denuncia de un soldado, al que todos reconocimos en 1985 como integrante de la guardia que nos custodió en el cautiverio, que vio a la mujer embarazada y posteriormente con el recién nacido confirmó la veracidad de lo oÃdo por nosotros”, sentenciaron los firmantes.
Algunas preguntas que Gelman formulara a Sanguinetti en su primera carta parecen cobrar vigencia con el paso del tiempo. “Señor Presidente ¿ordenó usted la averiguación prometida? Y si lo hizo ¿ninguna razón de humanidad lo mueve a comunicarme el resultado? Y si no la ordenó ¿ninguna razón de humanidad lo mueve a hacerlo?”. Gelman incluÃa además un “ayudamemoria” en el que proporcionaba un listado de nombres de oficiales que sabrÃan dónde buscar a la nieta del poeta: “Coronel (r) Antonio RodrÃguez Buratti; Coronel Jorge Silveira (“Pajarito”); asesor del comandante en jefe Fernán Amado; Coronel Barrios
Teniente coronel Alfredo Bretón; teniente coronel Carlos Calcagno Gorlers; mayor (r) José Gavazzo; mayor (r) Juan Manuel Cordero; mayor (r) Enrique MartÃnez; mayor (r) Alfredo Lamy; mayor (r) Mirailles; mayor Ernesto Rama Pereira (“Tordillo”); capitán (r) Ricardo Medina; capitán (r) Roberto Huert (“Elefante”); capitán (r) Gualberto Vázquez (“El judÃo”); capitán (r) Casas (“El alemán”); capitán (r) Menotti Ortiz; capitán (r) Sasson; capitán (r) José Arab (“Turco”); teniente 1º (r) Luis Marente Mata; teniente Nelson Sánchez (Prefectura); teniente Sanders; comisario Campos Hermida; capitán Pedro Antonio Mattos Narbondo (“EL Burro”), quien se jacta de haber asesinado personalmente a Zelmar Michelini”.
Según la minuciosa investigación de Gelman y su esposa, resumida en su carta “MarÃa Claudia habÃa sido secuestrada el 24 de agosto de 1976 por un grupo de tareas argentino y llevada al campo clandestino de detención Automotores Orletti, fue trasladada por militares uruguayos en la segunda semana de octubre de ese año -junto con los niños Anatole Julien Grisonas de 4 años y su hermana Victoria de 18 meses, hijos de uruguayos desaparecidos en la Argentina- al local que la División III del Servicio de Información de Defensa (SID) ocupaba en bulevar Artigas y Palmar, Montevideo.
Fue un operativo tÃpico del Plan Cóndor. Mi nuera estaba embarazada de 8 meses cuando el traslado se produjo. Estuvo prisionera en la planta baja de ese local, fue llevada al Hospital Militar de Montevideo para dar a luz, la devolvieron al SID y de allà salió a fines de diciembre de 1976 con su bebé en un moisés y rumbo desconocido. Los escoltaban dos miembros conspicuos del SID: el entonces teniente coronel Juan Antonio RodrÃguez Buratti, jefe del Departamento III y el ex capitán José Arab, que prestó servicios varios meses en Orletti. Intercambiaron ante la tropa esta frase terrible: “A veces hay que hacer cosas embromadas”.
Pero usted conoce los hechos que ahora expongo ante el noble pueblo uruguayo. Constan en un memorándum elevado a su consideración que el doctor Bluth pidió que redactáramos y que se comprometió a entregarle. No alimento dudas de que asà lo hizo: el 3 de junio a las 20.00 horas llamó a mi casa en México, DF y comunicó: “Hablé con el Presidente y le pido que crea cada una de las palabras que le voy a decir.
El Presidente siente un rechazo visceral por las denuncias de costumbre, pero nunca lo vi tan sensibilizado por la situación especÃfica. De manera muy sincera dijo: “Acá (el memorándum) no sobra ni falta una palabra. Voy a hacer todo lo posible para saber y averiguar esto. De este caso me ocupo yo.
Me da la impresión de que va a hacer todo lo posible”. El doctor Bluth finalizó la conversación con esta promesa: “No deseo crearle expectativas, pero todo lo que podamos averiguar, o no averiguar, o lo poco que podamos averiguar, se lo comunicaré enseguida”.
Han pasado más de cuatro meses y no tengo noticias de lo que resultó de ese interés declarado. El 14 de julio a las 17.30 horas llamé al doctor Bluth a su despacho y me atendió una de sus secretarias. Me dijo que el doctor Bluth no estaba y que lo llamara más tarde.
Lo hice una hora después y la respuesta de la secretaria entonces fue: “Justo en este momento el doctor recibió un llamado. Deje su teléfono para que él lo llame al terminar”.
Han transcurrido tres meses y aún espero ese llamado, señor Presidente: el 28 de setiembre afirmó usted que un jefe de gobierno ‘no es un Buda silencioso y misterioso’. Al parecer, sà en este caso”.
Al final de su carta, Gelman aporta nuevos datos: “Los niños Julien y Victoria compartieron con mi nuera y su bebé la habitación del SID en que estuvieron prisioneros más de dos meses y medio a fines de 1976. La niña Paula Eva Logares, de dos años, fue secuestrada con sus padres en el Uruguay y entregada a un subcomisario argentino en 1978.
El 1º de marzo de este año, en el programa de televisión ‘Hola, gente’, reiteró usted que ‘en el Uruguay nunca hubo casos de niños secuestrados, como en Argentina’. Bueno. Pero en el caso de mi nieta o nieto: ¿qué piensa hacer, Señor Presidente?”.
OTRAS NOTICIAS EN LARED21



