El candidato colorado sorprendió al lanzar su campaña

Stern quiere investigar la desaparición de Gelós Bonilla

Carlos Peláez

Las declaraciones del dirigente colorado fueron realizadas durante una conferencia de prensa en la que anunció el comienzo de su campaña hacia las municipales de mayo. Preguntado acerca de si aún existían plazos para investigar este caso, contestó: «Hay temas a escala internacional como el Holocausto del pueblo judío que hoy todavía se investigan.

Por lo tanto seguiremos luchando para que el departamento de Maldonado y en el país, con todo este grupo de compañeros del Partido Colorado, se pueda llegar a conclusiones que determinen las responsabilidades y al mismo tiempo nos dé la tranquilidad de que hemos hecho lo humanamente posible para llegar a las últimas consecuencias».

Sostuvo que si bien no tenía informaciones concretas que aportaran nuevos elementos, se mantiene «pendiente de todos los pasos que se están dando y de las investigaciones que se realizan».

Las declaraciones del ex ministro de Turismo fueron formuladas un día después que el presidente de la República, Jorge Batlle, y el poeta argentino Juan Gelman anunciaran el hallazgo de la nieta de este último, desaparecida en Uruguay desde hace 23 años.

El caso que refiere Stern ya fue investigado por la Comisión Departamental de Derechos Humanos, que entre otros integraba su compañero de sector y actual diputado Alejo Fernández Chaves.

Luego el Servicio de Paz y Justicia se encargó de ampliar y recopilar lo actuado entre 1984 y 1985. En 1989 el ahora candidato municipal fue un activo defensor de la Ley de Caducidad.

«A Gelós Bonilla lo mataron en el Batallón de Ingeniería Nº 4″

En el libro «Nunca Más, informe sobre la violación a los Derechos Humanos», editado por Serpaj en el año 1989, se dan detalles sobre la desaparición en Maldonado del edil y dirigente sindical Horacio Gelós Bonilla.

Soltero, obrero de la construcción, militante sindical, era edil del Frente Amplio y pertenecía al Partido Comunista. Tenía 33 años al momento de su desaparición.

El 2 de enero de 1970 fue secuestrado en la esquina de Sarandí y Florida (pleno centro de Maldonado, como decir 18 de Julio y Río Negro de Montevideo) por un grupo de personas de civil que se trasladaban en una camioneta Indio color celeste con matrícula argentina.

La detención se produjo entre las 19.30 y las 20 horas y fue introducido a golpes en la camioneta, en presencia de su tío Ramón Gelós. También fue testigo de los hechos José Pedro Correa Sosa, quien en su motocicleta siguió a la camioneta hasta la Laguna del Sauce. Pocos meses después fue detenido.

«Cuando me estaban torturando en el 4º de Ingenieros a fines de octubre o principios de noviembre de 1976, me preguntaron por Gelós Bonilla –relató Correa– y dijeron… ese no jode más… En otro interrogatorio me volvieron a preguntar por él, yo dije: Ustedes saben bien dónde está. Fue lo último que pude decir, después no me acuerdo… Estuve varios días tirado».

Aproximadamente el 9 de enero del 76 una patrulla del ejército allanó la casa de Gelós, según dijeron, «buscándolo». Poco después fueron integrantes de la Dirección de Investigaciones de la Jefatura de Policía de Maldonado los que indagaron por su paradero. La familia concurrió a preguntar por él al cuartelillo del Ejército que por entonces estaba en la esquina de 25 de Mayo y Sarandí –exactamente a una cuadra de donde fuera secuestrado y donde hoy se ubica el Paseo San Fernando, de propiedad municipal– pero allí negaron su detención. Aunque vieron a la camioneta Indio de color celeste estacionada en el patio central del cuartel.

Casi al mismo momento que a Gelós Bonilla, efectivos militares detuvieron a los dirigentes comunistas Carlos Julio Barrios, Omar Varona y Amado Viera.

En 1985 la desaparecida revista «Punta del Este» recogió el testimonio de Barrios, fallecido unos años después.

El relato es sobrecogedor, aún hoy después de 15 años. En síntesis, estando estaqueado en un campo lindero al batallón y con orillas a la Laguna del Sauce, Barrios vio por debajo de su capucha cómo una persona de piel morocha, dedos gruesos y alianza ancha de oro, con un cuchillo le cortó los testículos a Gelós, que permanecía atado muy cerca. «Vi cómo saltaba el chorro de sangre y después dejó de respirar», aseguró.

«Lo que le estaban haciendo era muy grave y en determinado momento Gelós dijo que prefería que lo mataran. Su respiración, que al principio era muy fuerte, se fue apagando hasta que se oyó un quejido y luego nada más.

Lo arrastraron para algún lado que no vimos y después nos sacaron a nosotoros» –dijo Amado Viera a la Comisíon Departamental de Derechos Humanos integrada por el abogado Alejo Fernández Chaves, el pintor Manolo Lima, el médico Carlos Laborde y el escribano Gonzalo Alvarez. Los testimonios se sumaron, pero la verdad nunca se supo. Tampoco el destino de los restos de Gelós Bonilla a los que su familia nunca pudo dar sepultura. En su momento los testigos dijeron a LA REPUBLICA que «tenían la certeza de que estaban enterrados en el fondo del batallón en un lugar muy cercano a la Laguna del Sauce».

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