ENTREVISTA: Marina Arismendi (PCU): "La crisis de los PC no fue consecuencia de la desaparición de la URSS y del campo socialista"

"Estamos convencidos de que partidos guías o centros son cosas del pasado"

VICTOR H. ABELANDO

 

Entre el 27 y el 29 de enero pasado, varios partidos comunistas de América del Sur, Europa occidental y Cuba se reunieron en Montevideo, para analizar una agenda que incluía las políticas de alianzas, el Foro Social Mundial de Brasil y la situación de la izquierda europea.

El seminario juntó, por primera vez desde 1988, a dichas organizaciones políticas, que antes del derrumbe del «socialismo real» constituían una Internacional bajo la hegemonía del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Paralelamente a la reunión de Montevideo se realizó otra en Atenas, con participación de los comunistas mediterráneos.

LA REPUBLICA conversó con la principal dirigente del partido anfitrión y una de sus primeras precisiones, tras señalar la importancia del evento, fue señalar que se trató de un intercambio de experiencias, del reconocimiento de una identidad común, con la salvedad de que ella –y los demás parece que tampoco– creen en partidos guías o centrales. «Hubo una cosa importante, que fue tratar de entender los posicionamientos en cada país. Todos estamos convencidos de que partidos guías o partidos centros es cosa del pasado. Este es un proceso interesante que nos permite seguir avanzando», advirtió Arismendi.

–¿Se reanuda el trabajo en conjunto de los partidos comunistas?

–Habíamos tenido, de 1992 en adelante, encuentros en los pasillos de eventos internacionales, o algunas reuniones subregionales. En el caso del Cono Sur tuvimos varias conversaciones, en particular para analizar qué nos había pasado a cada partido, cómo abordábamos las situaciones, reconociendo fenómenos comunes en las crisis partidarias. Por otro lado, también, quiénes eramos partidos comunistas –se llamen como se llamen– y aquellos que aun conservando el nombre no parecían serlo. En el seminario se notó esto que digo. Por ejemplo, los ecuatorianos (ellos lo dijeron con toda claridad) sólo en el último congreso adquirieron esa definición. Ellos hicieron ahora lo que los comunistas uruguayos hicimos en 1993, ver qué los unía y no solamente en contra de qué estaban.

–¿La caída de la URSS fue el vector de la crisis del movimiento comunista internacional?

–El PCU ratificó la hipótesis de que la crisis de los partidos comunistas no fue consecuencia de la desaparición de la Unión Soviética y del llamado campo socialista, y que por el contrario esos acontecimientos podrían haber sido los detonantes. La crisis existía en los partidos comunistas, en el mismo del PCUS y en el movimiento comunista internacional. El eurocomunismo fue una expresión de esa crisis.

–¿Cuáles son los elementos comunes?

–Lo que reconocemos son algunos fenómenos de carácter universal que nos afectan a todos en tanto partidos comunistas, y otros que son productos de las realidades nacionales. No es lo mismo la situación del PCU dentro del FA –siendo además fundador del mismo– que la situación del chileno, que dentro de un sistema binominal está excluido del sistema. No pueden entrar al Parlamento, aunque en muchos casos tengan una votación mayor que mucho de los que allí se sientan.

–¿En qué hay diferencias?

–Los puntos en debate son los que están sobre la mesa. Por ejemplo, si el término es globalización o mundialización. Allí coincidíamos cruzado. Dentro del Partido Comunista Español, su secretario general decía una cosa y otra el responsable de relaciones internacionales. No estoy de acuerdo en el término globalización como se utiliza y en ponerle adjetivos, hablando de la «globalización neoliberal». Fidel Castro decía que estar contra la globalización es como estar contra la ley de gravedad. Nosotros pensamos que se debe precisar el concepto, porque la globalización definida como un fenómeno natural torna ciertas las palabras de Fidel. Sin embargo, otros definen como mundialización el hecho de la transnacionalización del capital, del sistema financiero (hoy se aprieta una tecla y el dinero recorre el mundo). Hay que distinguir entre globalización como parte del discurso neoliberal y el fenómeno en sí mismo. En la prédica neoliberal, el término surge como inevitable, con la pretensión de que todos participan de igual manera en el proceso y al que no te puedes oponer, porque en realidad qué vas a rescatar de tus procesos nacionales, de la industria nacional, qué protección del desarrollo productivo, cuando en realidad es una cosa invasiva que no tiene retroceso. Discrepo con Fidel cuando dice que es como la ley de gravedad. Prefiero hablar de mundialización como un plan montado a partir de la economía, del dominio de los medios de comunicación, etcétera.

–¿Persiste la idea de una sociedad comunista, con la eliminación de la explotación del hombre por el hombre?

–En el comunismo concebido como la sociedad sin explotados ni explotadores, hay acuerdo. Pero lo estamos inventando. Seguimos teniendo un proyecto poscapitalista. Incluso creo que el FA, según se incorporó en el último congreso la idea de alcanzar una sociedad sin explotados ni explotadores, también lo tiene. Creo que ello no era necesario. Cómo será el modelo, no lo sabemos. Nunca estuvo escrita la receta. El tema es que cuando se toman cosas peculiares y se les da valor universal, aparecen los problemas.

–¿Y la dictadura del proletariado?

–El termino dominio o hegemonía en alemán estaba consustanciado con el militarismo. Carlos Marx lo toma de Bolívar y usa un latinazgo, «dictatur», y lo explica porque el término dominio que él debía usar estaba mal visto en su país.

–¿Piensa que hubo malas interpretaciones y copia de modelos?

–Por ejemplo sería un error generalizar la experiencia del FA. Primero, cuando el golpe de estado no estábamos en el gobierno, como ocurrió con la Unidad Popular de Chile. No sé qué hubiera ocurrido con nosotros. Segundo, tenemos un sistema electoral, tanto por la representación proporcional integral como por la ley de lemas (a la que siempre nos opusimos), que permitió que el FA creciera y se desarrollara, manteniendo la identidad de los grupos que lo integran. No sé… Si hubiéramos tenido que acordar una plancha única, de repente la historia sería otra. Tercero, tenemos una situación especial por el peso de Montevideo en el país, de ahí que la experiencia de gobierno en la capital sea muy importante. No es cuestión de decir que la política de alianzas debe hacerse con la receta de los uruguayos.

–La visión sobre la realidad cubana ¿estuvo en debate?

–No estuvo en discusión. En Uruguay hay unanimidad. Podemos discutir de lo que sea dentro del Frente, pero se vota en Ginebra contra Cuba y la gente sale a la calle. Hay distintas opiniones sobre cómo resuelven sus cosas, pero el respeto y la solidaridad con un país agredido y bloqueado. Cuba no aspira a ser modelo y nosotros no aspiramos a copiar el modelo cubano.

–La declaración final del seminario pone énfasis en los movimientos antiglobalización y poco en la centralidad de los trabajadores.

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