La columna de Sherlock

Ineptitud, omisión o delito

Sobre el mediodía Sherlock, ya sin resaca, se dirigió al microcentro, sabiendo que allí aparecería algún informante que le hablara sobre el proceso de depreciación que está sufriendo el dólar. Casi en Rincón y Misiones vio cómo un alto funcionario del Tribunal de Cuentas caminaba sin rumbo, como agobiado por las preocupaciones.

–¿Qué le pasa, mi amigo? –fue la pregunta con la que Sherlock trató de romper el hielo. ¿Le hizo mal algo en la Nochebuena?

El hombre, con los ojos tristes, miró a nuestro sabueso y dijo:

–En el Tribunal de Cuentas se siguen observando temas provenientes de los distintos organismos del Estado, los que son elevados a la Asamblea General y allí no pasa nada. Ninguno es considerado para ratificarlo o rectificarlo.

–Ustedes han informado al respecto…

–Claro, varias veces. En el año que termina no se consideró ninguna observación. Entonces, ¿para qué carajo existimos? ¿No le parece que habría que cerrar el Tribunal y alquilar el edificio? Por lo menos serviría para algo.

–No se ponga así…

–Aquí también la politiquería sigue enturbiando todo. Cualquier funcionario público puede ser destituido por ineptitud, omisión o delito. Sin embargo parece que en el país todo marcha bien, pese a la existencia de algunas licitaciones escandalosas, ventas ruinosas, edificios en que se gastan millones y que tienen deficiencias, funcionarios nombrados a mansalva, en contratos de obra, muchos de ellos sin sentido.

–Así van las cosas.

–Lo peor es que la responsabilidad está en el Parlamento. Los políticos no se ponen de acuerdo para que la administración pública funcione bien, que baje el costo del Estado. Es un «viva la pepa» y después hablan de privatizar a diestra y siniestra. ¿Qué haremos en este país si las empresas públicas dejan de contribuir con Rentas Generales?

–Es un tema político,¿verdad?

–Claro, o también de ineptitud, omisión o delito. *

 

Siguen los contratos de obra

–Continúa violándose el ingreso de funcionarios a la administración pública.

–¿Por qué me dice eso?

–Hoy el Tribunal de Cuentas considerará varios nuevos contratos de obra. Concretamente cinco para ANEP, seis para la Universidad, para el Ministerio de Turismo, para Salud Pública, para la Intendencia de Florida, etcétera.

–¡Sorprendente!

–¿Le parece…? luego de toda el agua que ha corrido bajo los puentes. *

 

Blanqueo del patrimonio: ¿sinónimo de crisis?

Los sinsabores estomacales posteriores a los festejos de Nochebuena llevaron a nuestro periodista a tratar de caminar en forma pausada, tratando de «desenchufarse» de una realidad que lo había impactado durante todo el año. Sin embargo, «pica», metido en lo más fresco del sombráculo natural del Prado, apareció un informante que también se sorprendió al ver a nuestro sabueso.

Al verlo, Sherlock se dijo: «El destino de un periodista es indefectible».

Vio que el hombre se acercaba.

–Ahora que lo veo, tengo algo fresquito para contarle.

Nuestro sabueso –nobleza obliga– se aprestó a escuchar. Y el hombre siguió.

–¿Sabe de cuánto fue la pérdida de patrimonio del Banco de la República entre los años 1999 y 2000?

–¿Qué surge del último balance?

–Claro, el que está fresquito, recién salido del horno. ¿Usted sabe lo que es patrimonio?

–Acláremelo.

–El patrimonio es el capital más las reservas y los resultados.

–O sea, ¿se puede tener un buen resultado pero igualmente perder patrimonio?

–Exacto. Por ejemplo cuando se tienen que utilizar las reservas para tapar agujeros, por ejemplo, que no son propios, sino del resto del gobierno.

–¿Sabe la cifra?

–Claro, esa pérdida de patrimonio es de 256 millones 800 mil dólares. Exactamente una disminución del 24 por ciento del total.

–¿Mucho, verdad?

–Mucho, pero menor al del Banco Hipotecario, que llegó al 47 por ciento del total.

–Usted me deja peor. Estaba caminando para quitarme la «resaca» de las fiestas, pero ahora me voy a tener que quitar la que usted me deja con lo que me dijo.

–Esto no es resaca, es el resultado de la crisis.

–¡Tiene razón! *

 

La creciente dolarización de la economía

–¡Habría que lograr que la gente dejara de comprar en dólares! ¡Sacar una ley que impida la facturación en esa moneda, con sanciones para quienes lo hagan!

–¿Por qué me dice eso?, preguntó Sherlock a un alto ejecutivo de una zona franca que estaba realizando gestiones ante un banco en la City.

–Es que el crecimiento del comercio en dólares, el endeudamiento de la gente en esa moneda, es como un corsé que impide que se adopten medidas de reactivación. En Brasil, como usted sabrá, no se puede pagar en dólares, es una moneda que no existe en lo interno.

–¿Usted está sugiriendo una devaluación?, por ejemplo.

–No necesariamente. Pero esa dolarización de hecho no es nada buena.

–¿Entonces lo que usted reclama es revalorar al peso como instrumento de cambio? Lo que pasa es que la gente se pasó al dólar por una razón de seguridad. El peso se puede devaluar, el dólar es más difícil.

–No es lo que está ocurriendo ahora. El Banco Central ha tenido que salir una y otra vez a sostener el dólar, que cayó por debajo de la banda de flotación. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje