Amplia mayoría de legisladores cuestionó censura de Doyenart
Cinco de los seis miembros de la Comisión sostuvieron que el director de Canal 5, ingeniero Juan Carlos Doyenart, se había equivocado al cortar la transmisión de los premios Tabaré e interrumpir abruptamente el discurso del periodista. Totalmente en soledad quedó la diputada quincista, Glenda Rondán, quien defendió con vehemencia al censor y a la censura, protagonizando un tenso enfrentamiento con el doctor Fasano, quien le respondió que «la diputada no le merecía el menor respeto intelectual».
Fasano comenzó su intervención diciendo que «en esa sesión estaba en juego nada más ni nada menos que la defensa de la libertad de opinión, que al decir del fundador de la democracia norteamericana era la madre de todas las libertades, la que protegía a todas nuestras otras libertades».
Este Parlamento –dijo el periodista–, custodio de las libertades públicas consagradas por la Constitución, deberá expedirse sobre si el director de LA REPUBLICA abusó contra los derechos del canal estatal o si por el contrario fue el funcionario público el que abusó de su poder contra los derechos más esenciales de la comunidad y de la audiencia.
Doyenart cortó las flores mas no la primavera
Fasano puntualizó que al par que consideraba un grave acto de censura la conducta del funcionario, había apoyado y continuaría apoyando los proyectos reformistas en el Canal 5, proyectos que trascienden al propio Doyenart. «El director del canal estatal cortó las flores pero no pudo matar la primavera, que seguirá su curso con él o sin él», explicó nuestro director.
Negó enfáticamente el periodista haber dicho que Doyenart iba de mesa en mesa, borracho, con un vaso de whisky en la mano, exigiendo al personal del canal que se retirara de los Tabaré. «Quien le contó esa mentira seguramente busca ahondar el enfrentamiento», acotó Fasano.
Acto seguido, el periodista señaló que le resultaba bastante extraño que Doyenart no hubiera cortado la transmisión cuando un entrevistado acusaba sin pruebas al presidente Batlle de haber recibido una coima de 100 mil dólares del contrabando para su campaña electoral, mientras cercenaba abruptamente ideas avaladas con pruebas indubitables a favor de la paz y contra todo tipo de guerras.
Sobre el presunto apoyo de Batlle a Doyenart, el director de LA REPUBLICA dijo que le «parecía extraño que en un tema donde están en juego la censura y las libertades públicas, el Presidente haya optado por apoyarlo en secreto y al oído en una conversación telefónica».
«Hasta que el Presidente de todos los uruguayos no se expida públicamente sobre el tema, tal opinión favorable o desfavorable no existe», argumentó el doctor Fasano.
El periodista afirmó que el director del canal había mentido cuando afirmó que se había acordado no hablar más de 8 minutos y sólo sobre explicaciones acerca del contenido de los premios.
«Lo único que acordó Doyenart con el representante de LA REPUBLICA, el capitán Gerónimo Cardozo, fue que la transmisión comenzaba a las 22 horas y terminaba a las 24 horas; yo podía hablar de lo que quisiera como lo hago todos los años y durante el tiempo que yo decidiera», enfatizó nuestro director.
El capitán Cardozo, allí presente, ratificó todos y cada uno de los dichos de Fasano, desmintiendo rotundamente las afirmaciones de Doyenart, de quien dijo ser amigo cuando integraban juntos la Comisión de Relaciones Internacionales del Frente Amplio, antes que Doyenart cambiara de filas y culminara apoyando la candidatura de Jorge Batlle y el Partido Colorado.
Más adelante Fasano se refirió a todas las presiones ejercidas por el director de Canal 5 sobre su personal para que se retirara del evento y posteriormente para que Puglia devolviera la estatuilla, después de haberla aceptado y realizar un discurso emotivo sobre el pluralismo y la libertad.
El periodista habló sobre las presiones y la humillación a que Doyenart había sometido a Puglia cuando lo obligó a retirarse de su propio programa siendo entrevistado por los asistentes de Puglia sin la presencia de éste. Dijo tener testimonios de todas estas presiones.
También sostuvo Fasano que tenía pruebas de que Doyenart no había escuchado su intervención y que tomó la drástica decisión de censura por otras razones que aún no podía hacer públicas porque no estaba convencido de todas las hipótesis que se jugaron esa noche.
La «idiotés» de Doyenart
Abordó luego Fasano la división que el director del canal hacía entre política y cultura y la calificó de «anacrónica».
Esto es una «idiotés» (con acento) dijo Fasano, quien explicó que no se refería a la incapacidad mental de Doyenart sino al significado que le daba Pericles, 5 siglos antes de Cristo, cuando usaba la palabra idiotés para definir a los que se abstenían de participar en los asuntos de la polis, de la ciudad, los que limitaban la participación de los ciudadanos en la política y sólo les permitían esa participación en tiempos y lugares predeterminados.
Fasano abordó, luego de su discrepancia, la fútil división entre política y cultura, «viejo truco de los fuertes para impedir la participación de los ciudadanos».
Tras afirmar que todo lo que hacemos en la vida pública es político, destacó el concepto que los atenienses tenían de la política, cuando 7 siglos antes de nuestra era se arrojaron a esa vasta e inusitada reclamación social que es la democracia, asombrando al mundo con la movilización entera de su comunidad y la fatigosa actividad política casi permanente de sus ciudadanos.
La democracia es de quien la trabaja, declaró Fasano, para añadir que todo lo que hacía como comunicador y como difusor de la cultura participativa era político. «Participo luego existo», dijo el periodista, quien luego afirmó que cuando decía político no lo asimilaba a partidario.
Explicó seguidamente que había que liberar a la política del desprestigio en que se encuentra esta actividad de servicio, que es de las más nobles del ser humano y que hoy se ha convertido en un torneo de elites por prebendas y parcelas de poder usadas en beneficio personal o sectorial.
«Usted va preso por tener ideas ideológicas»
Luego se refirió a su concepto de cultura y explicó que «cultura es cuando la información se convierte en significación» y que no podía Doyenart decir que había politizado un acto cultural como los Tabaré, cuando la significación es parte esencial de la política. ¿Cree acaso Doyenart que noticia es sólo el ahora sin historia, sino lo que viene de atrás, lo que explica y hace entender, no sólo el ahora, sino el antes y el después?, aseveró el editor de LA REPUBLICA.
¿Por qué Doyenart le tiene tanto miedo a las ideas políticas o a las ideologías, como se corrigió luego cuando había hablado de que yo había hecho un discurso político partidario?, se interrogó Fasano.
Me hace acordar a aquel militar que cuando le explicaba en pleno golpe de estado a un dirigente sindical los motivos de detención le decía que «usted va preso por tener ideas ideológicas».
Luego dijo: «Cuando luchamos por la libertad de opinión, no estamos luchando por nuestro derecho a hacer algo, sino por el derecho de la gente a saber; la libertad de opinión es la libertad de saber y eso es lo que censuró el director del canal».
Me he puesto a pensar cuál fue la razón real de la censura y permítanme dudar de las afirmaciones de Doyenart diciendo que igual me hubiera censurado si yo en mi discurso apoyaba la política del presidente Batlle o sólo fustigaba, como lo hice, el monstruos
o ataque terrorista contra las torres gemelas, sin atacar a la industria armamentista norteamericana. ¿Cuál es el peligro de mi inofensivo discurso pacifista?, se preguntó el director de LA REPUBLICA.
Yo sé –añadió– que todo hombre bien informado es un hombre peligroso, pero qué añadía yo a la información que todos ya poseíamos.
Mi delito al parecer fue hacerlo público ante un millar de comunicadores, sin contar con la anuencia ni de Doyenart, ni de la embajada norteamericana, agregó el periodista.
LA REPUBLICA airea la vida pública de este país
Fasano se refirió luego a los ataques que Doyenart y la diputada quincista, Glenda Rondán, le habían formulado en la anterior sesión de la comisión, injuriando al diario LA REPUBLICA y a su director y trabajadores.
Al respecto dijo el doctor Fasano: «Me siento orgulloso de dirigir LA REPUBLICA y de hacerla todos los días con un nutrido grupo de periodistas responsables. Me siento orgulloso de trabajar en un diario que airea la vida pública de este país, que da voz a quienes no la tienen, que acota siempre que puede al poder, que convierte la información en conocimiento y el conocimiento en una herramienta para convivir con los demás.
Un diario que busca poner por escrito las verdades prohibidas, un diario para quien noticia es aquella información que alguien en algún lugar no quiere que se conozca. En uno de los pocos medios que no está enamorado del poder sino de la sociedad civil, a la que defiende contra toda represalia, sin temor a la punición permanente que recibe por su disenso.
Un diario diferente en guerra contra la sumisión y la complacencia. Un diario enfrentado al secreto, sabiendo, como Pulitzer, que no hay delito, no hay falsedad, no hay ardid, no hay corrupción que no perdure en el secreto. Un diario que informa, no uniforma. Un diario transgresor, que construye a diario la hazaña de la inconformidad, impulsando la democratización del saber.
Eso sí, no hacemos un periodismo chatarra, de fácil consumo, esterilizado, higiénico, estandarizado, despersonalizado. Ese periodismo nunca estará sujeto a la punición del poder; sólo recibirá los aplausos de los mandarines. Ese es el periodismo correcto para el sistema, no el incorrecto que LA REPUBLICA representa. Para qué sirve el periodismo sino es para cambiar un poco la vida de los desinformados que además en general son los dominados, los desposeídos, los perdedores de siempre». Más adelante, Fasano dijo que había sido insultado en la sesión anterior, dudándose de su palabra.
Al respecto afirmó: «Soy un hombre de honor que entregó su vida y su libertad en defensa de las ideas y los sueños y utopías de igualdad, libertad, justicia y democracia. Sufrí cárcel, atentados, clausuras, confiscaciones y destierro.
Fui condecorado por este Parlamento donde hombres ilustres reconocieron mi honestidad y mi valor en defensa de las instituciones en la sesión parlamentaria de mayo de 1973, cuando desbaraté el complot golpista que debía estallar en diciembre de 1972. En el exterior mi honor fue reconocido recibiendo el premio internacional de periodismo por mi trayectoria en defensa de los derechos humanos y de los sin voz. No creo que haya en este recinto de la Comisión parlamentaria, presentes que puedan exhibir una peripecia vital mayor que la mía, arriesgando su vida, sus bienes y su libertad en defensa de los intereses de la gente y contra todo autoritarismo. Mi honor y mi palabra han sido probados en múltiples instancias, donde se descubre la cepa de donde uno proviene. Mi coherencia está a la vista. No me han visto defeccionar ante ninguna situación. A los que me ofendieron no les calificaré el grado de su honor porque no he venido a agraviar sino a defender la libertad de opinión. Sólo les diré que por sus frutos serán conocidos».
Doyenart violó un espacio ético indispensable: el respeto del otro
¿Qué lección le dejó Doyenart a la sociedad civil, a la audiencia esperanzada del canal estatal?, volvió a preguntarse el editor, para acto seguido afirmar que el funcionario público con su acto de censura había educado a la sociedad sobre los peligros del disenso.
En determinado momento Fasano dijo que aun admitiendo que Doyenart no mintiera y que había existido un acuerdo, aun en ese caso, su función lo obligaba a conceder lo secundario para preservar lo principal, que era la libertad de opinión, por sobre todas las cosas.
¡Qué bien –exclamó el periodista– le vienen a Doyenart las palabras de Paul Valery cuando ironizaba al decir «proclamo en voz alta la libertad de pensamiento así como la muerte del que no piensa como yo»!
Dijo luego: «El director del canal estatal violó un espacio ético indispensable, el del respeto al otro, actuando como un fanático desorbitado; ¿qué quedó del reformista Doyenart con su gesto autoritario, con su negación de la dialéctica del otro?».
El doctor Fasano ingresó luego en otras consideraciones: «El enano fascista que según Valery todos llevamos dentro, pero controlado, se escapó de la jaula de Doyenart y decretó un ucase para regocijo del fanatismo que no es otra cosa que la consagración del prejuicio, del olvido del otro».
Explicó más adelante que al funcionario le había atacado el virus de la intemperancia y su siamesa la intolerancia y que se había llenado de ira, sin saber que el mejor remedio contra la ira era la demora.
«Â¡Qué demora podía existir para su ira cuando en menos de dos segundos decidió cortar la transmisión!», graficó el editor. Si bien Doyenart explicó que había decidido en pocos segundos porque estaba siendo violado por mí –dijo Fasano–, no se dio cuenta que violar a un hombre sin ser siquiera pederasta activo es mucho menor que violar la conciencia de una multitud como lo hizo él sin el atenuante del descampado.
El es un pasional, yo un apasionado
La diferencia entre él y yo –explicó nuestro director– es la que bien describía el inolvidable Maneco Flores Mora. «El es un pasional y yo soy un apasionado», argumentó Fasano, quien explicó de inmediato que pasional era, en palabras de Maneco, el andaluz que arrojaba vitriolo en la cara de una bailarina dominado por sus pasiones y sus celos y apasionado es el tipo que en las cosas en las que cree pone toda su existencia detrás.
Doyenart me acusó de pistolero y otras lindezas –arguyó el periodista– pero no voy a entrar en el juego de los insultos, ya que la vida es demasiado corta para dar satisfacción al rencor. Por otra parte –enfatizó Fasano–, al vencedor de esta confrontación sólo le pertenecen los despojos, porque en esta censura sin precedentes –porque nunca antes en la historia de la televisión uruguaya fue cortada abruptamente una transmisión largamente anunciada y en pleno proceso– perdimos todos.
«El perdió porque transformó en poco creíble sus intenciones reformistas y yo perdí porque mis ideas democratizadoras del saber se quedaron sin un presunto aliado», afirmó Fasano, quien culminó diciendo que sólo había un ganador: el statu quo, aquellos que se oponen a todo intento de democratizar y pluralizar la información y la opinión. *
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